Un poeta se estrena este viernes 17 de abril en los cines
Crítica de cine
'Un poeta', la película que hace una crítica social de los 'hombres mediocres'
Simón Soto Mesa firma esta cinta premiada en Cannes y nominada al Goya a la mejor película iberoamericana
Estrenada mundialmente en la Selección Oficial del Festival de Cannes 2026 y llegando a las salas comerciales este 17 de abril, Un poeta sigue la vida de un hombre que, impulsado por la ambición lírica, no termina de florecer. Óscar Restrepo –el protagonista–intenta hacerse un lugar en el hermético mundo de la alta cultura. La película narra el deambular sobre las apariencias y el vacío del éxito literario.
El encargado de dirigir esta cinta es Simón Mesa Soto, cineasta colombiano que ya hizo historia al ganar la Palma de Oro al Mejor Cortometraje con Leidi (2014). Tras su potente debut en el largometraje con Amparo (2021), Mesa Soto se consolida con esta nueva obra como una de las voces más lúcidas y críticas del cine latinoamericano contemporáneo, alejándose del realismo crudo para explorar la sátira social.
Óscar, el rostro de la mediocridad conmovedora
El corazón de la película late gracias a la magistral interpretación de Ubeimar Ríos, quien logra un equilibrio casi imposible en la piel de Oscar. Ríos construye un personaje que, en un principio, genera irritación visceral; su patetismo y su falta de autoconciencia resultan incómodos, representando esa mediocridad pura con su afán de protagonismo y su búsqueda desesperada de pertenecer a un mundo que lo rechaza. Sin embargo, a medida que avanza el metraje, esa irritación se transforma en una compasión conmovedora. A pesar de ser un personaje complejo y lleno de aristas, su desarrollo es tan sólido que terminamos entendiendo su vulnerabilidad frente a una estructura que no permite el error ni la falta de brillo.
El fracaso como herencia: la tragedia familiar
La dimensión del fracaso de Óscar alcanza su punto más doloroso en el ámbito doméstico. Se nos presenta como un padre ausente, un hombre que naufraga en todas sus facetas y que intenta luchar por el afecto de su hija de una manera casi infantil, carente de las herramientas emocionales necesarias para ejercer su rol. Esta carencia lo lleva a una sustitución simbólica de su hija a través de la figura de Yurlady; en ella proyecta la protección y la guía que no sabe dar en su propio hogar. Es en este vacío familiar donde la película deja de ser una sátira para convertirse en un retrato desgarrador: el de un hombre que, en su desesperado intento por ser alguien para el mundo, termina por ser nadie para los suyos.
Un ritmo en vilo y la falsa ligereza del drama
Simón Mesa Soto apuesta por un ritmo pausado, una cadencia que en manos de otro director podría resultar tediosa, pero que aquí nos mantiene en vilo. Este dinamismo se logra gracias a un manejo brillante de la comedia negra y el drama, elementos que se entrelazan para mantener nuestra atención constante. La genialidad de la propuesta reside en su capacidad para abordar temas de una densidad sociológica profunda con una aparente ligereza. Esto se filtra a través de la psicología de Óscar: el protagonista parece no ser consciente del peso real de sus acciones ni de las consecuencias que desencadena, lo que permite que el espectador reciba la crítica social de manera orgánica y sin sermones.
Fotograma de la película Un poeta
Crítica social a través del espejo de sus personajes
A través de sus personajes secundarios, la película ofrece una crítica tangible y accesible sobre las élites. El caso de Yurlady ilustra con crudeza cómo la 'alta cultura' instrumentaliza a las clases populares; su voz y su poesía son manipuladas para validar moralmente a los sectores poderosos. En este complejo juego de espejos, la sátira de Mesa Soto cobra fuerza al demostrar una realidad incómoda: en el mercado intelectual contemporáneo, la autenticidad ha sido degradada a una simple mercancía.