Los últimos días de María Antonieta
Crítica de cine
'Los últimos días de María Antonieta', la interesante película que entra en el corazón de Luis XVI y su esposa
Una pequeña joya que es el retrato de unos reyes humanos, que muestran delicadeza y vulnerabilidad
El director napolitano Gianluca Jodice firma su segundo largometraje que, como el primero, es de temática histórica. Su primera película, El poeta y el espía, trataba de Gabriele D'Annunzio y su compleja relación con el fascismo. La segunda se centra en los últimos días de Luis XVI y la relación con su esposa María Antonieta en esos momentos tan decisivos. La Revolución Francesa ha triunfado, la familia real ha sido detenida y encerrada el 13 de agosto de 1792 en el Temple, torre palaciega que había pertenecido a los Templarios, y convertida ahora en prisión para la familia real.
Jodice nos ofrece una película intimista, introspectiva, que trata de asomarse a los sentimientos más hondos de un rey que no acaba de entender en profundidad lo que está sucediendo en Francia y lo que le está sucediendo a él. Pero el film también indaga en el interior de una María Anonieta de Austria, esposa del monarca, que no tiene una buena relación con él, al que culpa de las penas que está sufriendo la familia. El drama descansa tanto sobre las palabras como sobre los silencios y por ello la dirección de actores es casi la columna vertebral de este film. Afortunadamente Jodice cuenta con dos de los actores más consagrados del panorama francés, que además han dirigido películas, como son Mèlanie Laurent y un increíblemente caracterizado Guillaume Canet.
El argumento está estructurado en tres capítulos: los dioses, los hombres, los muertos, capítulos que corren paralelos al proceso de progresiva humillación y despojamiento de los monarcas, que de ser casi dioses, acaban con sus cabezas cortadas. Luis XVI aparece como un hombre honrado, algo ingenuo, reflexivo y sinceramente religioso. María Antonieta está marcada por la rabia, no soporta el optimismo de su marido, al que es infiel, pero por otra parte reconoce su bondad y de alguna manera también le quiere. Los secundarios, pocos y escuetos, son sin embargo muy interesantes.
La puesta en escena está al servicio de lo que viven los personajes en cada momento, es muy esencial y metafórica, sutil y con un uso muy inteligente de los fueras de campo y de las elipsis. La película está en la misma línea de revisión histórica de Un pueblo y su rey (Pierre Schoeller, 2018), en el sentido de que ofrece una mirada crítica sobre la ejecución de Luis XIV, y sin querer negar la culpable indiferencia y desconexión de la corte respecto a los sufrimientos del pueblo francés, cuestiona los métodos radicales e injustos de una Revolución, que sustituyó a unos poderosos por otros. El film hace el retrato de unos reyes que son humanos, que no son monstruos, que muestran delicadeza y vulnerabilidad.
En fin, una película sumamente interesante, ideal para los amantes del cine histórico, pero advirtiéndoles de que no se trata de la clásica superproducción de impactantes y abrumadoras escenas. Repetimos que se trata de una cinta muy contemplativa, intimista y silenciosa. Una pequeña joya.