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Alfred Hitchcock, en una imagen de 1960

Alfred Hitchcock, en una imagen de 1960GTRES

Cine

La historia detrás del libro de cine más vendido del mundo

Editado ininterrumpidamente durante 60 años, está siempre en el Top 20 de los libros de cine más vendidos de Amazon a nivel mundial

En 1962, Alfred Hitchcock era uno de los directores de cine más famosos del mundo. Sus películas eran auténticos fenómenos de masas y las recientes Con la muerte en los talones (1959) y Psicosis (1960) habían sido enormemente taquilleras. Además, sus series de televisión, Alfred Hitchcock presenta y La hora de Alfred Hitchcock se convirtieron en pocos años en uno de los espacios más populares del recién creado aparato y él, su padre y creador, en un cineasta famoso.

Por eso precisamente, porque era rico, famoso y popular, la crítica la odiaba. La crítica anglosajona, por supuesto, que lo consideraba pueril, complaciente y exageradamente fácil. Poco maldito, si se quiere, porque para ser creador, para ser autor, obviamente, había que ser minoritario, incomprendido o directamente raro.

Sin embargo, la crítica francesa era otra cosa. La crítica francesa le adoraba. Y desde Estados Unidos no se entendía que aquella generación de niños bonitos que escribían en la sacrosanta Cahiers du Cinéma vieran en él nada más y menos que un autor absoluto. Así uno de los críticos más importantes de la revista, convertido en la década de los 60 en uno de los directores más prometedores del cine galo, François Truffaut, decidió poner cartas en el asunto y corregir lo que él consideraba un error histórico. Pero el que hizo historia fue él.

El 2 de junio de 1962, el director de cine francés escribe una carta de cinco páginas a Alfred Hitchcock proponiéndole una entrevista de 30 horas para repasar juntos, una por una, todas sus películas. La idea era demostrar que la mecánica detrás de cada una de sus decisiones de dirección obedecía a una altura de miras cinematográfica sin igual en el cine.

Sorprendentemente y sin que hiciera falta insistirle ni perseguirle, Hitchcock acepta. Y el 13 de agosto de aquel año, haciendo un descanso en la postproducción de la que sería su siguiente obra maestra, Los pájaros, el director inglés recibe al francés en su despacho de Los Ángeles. Aquel día cumplía 68 años.

La semana siguiente, y a razón de 8 horas al día, ambos hablaron de todas las películas del cineasta, desde aquellas primeras obras mudas en que Hitchcock se «limitaba» a diseñar didascalias, a una de sus obras maestras definitivas y por entonces aún tan incomprendida como la indescriptible Vértigo (1958).

Truffaut tardaría dos años en convertir aquellas 50 horas de conversación en libro. Dos años en transcribió, tradujo y dio cuerpo en un formato único de diálogo fluido que Hitchcock iba revisando cada pocos capítulos hasta que salió a la venta en noviembre de 1966. El repaso de su filmografía termina en Los pájaros y Cortina Rasgada (1966) de la que hablaron con menor profundidad que de las demás. En el caso de la primera porque aún no se había estrenado cuando se realizaron las entrevistas y en el de la segunda, porque llegó a los cines sólo unos meses antes del lanzamiento del libro por lo que Truffaut apenas tuvo tiempo de intercambiar algunas cartas con Hitchcock para hablar de ella.

Por esta misma razón, tras la muerte del director británico en 1980, el francés añadió un último capítulo para comentar sus tres últimas películas -Topaz, Frenesí y La trama- completando así el fresco más impresionante que se haya hecho jamás sobre la obra de un cineasta.

El cine según Hitchcock es uno de los libros de no ficción más populares de la historia del siglo XX. Desde su publicación en 1966 no ha dejado de editarse ni un solo año y está disponible en más 100 países y 40 idiomas. Hoy se sabe que ha vendido más de 9 millones de copias y que es el libro de cine más vendido de la historia que leen no sólo los fans del cineasta, o de cualquiera de los dos cineastas, sino cualquier persona interesada en hacer cine o en el oficio del cineasta. El cine según Hitchcock es la declaración de amor al cine definitiva que jamás se haya hecho por escrito realizado, al alimón, por dos cineastas que lo entendieron de forma muy diferente, pero complementaria. Truffaut desde la representación caustica de la realidad. Y Hitchcock sin ningún interés por ella.

Y así se lo expuso, juguetón, divertido siempre: «En el cine, el contenido no existe sin la forma. La forma no es un adorno del contenido: la forma es el contenido. Para mover a la gente no basta con contar una historia trágica o divertida; hay que diseñar la pantalla, colocar la cámara y controlar las miradas y el tiempo. El verdadero cine es una manipulación precisa de la atención del público».

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