Leopoldo Calvo-Sotelo cuando era presidente del Gobierno, en 1981
Así es la poesía, íntima e irónica, de Leopoldo Calvo-Sotelo, segundo presidente de la democracia
Se publica Poesía en la tangente, la antología poética del expresidente del Gobierno: poemas, sonetos y coplas donde explora su vida privada y la pública, con retratos y sátiras en las que lanza dardos a Felipe González, Alfonso Guerra o Ricardo de la Cierva
Tiene un «Soneto con irreverencia y estrambote a un periodista que me entrevistó para mi mal», en el que acusa de tergiversar sus palabras con arrogancia a un iluso entrevistador. Tiene también poemas para su mujer y sus hijas. Tiene versos para José María Aznar y para Felipe González, para la OTAN y para la ría de Ribadeo, para amigos y enemigos, contra el periódico ABC y para rememorar sus viajes.
Así son los poemas de Leopoldo Calvo-Sotelo, el ingeniero que se convirtió en el segundo presidente de la transición tras suceder a Adolfo Suárez. Él mismo dejó por escrito la intención de su libro, Poesía en la tangente (que publica ahora Sial Pigmalión), en su semblanza autobiográfica: «Tengo en casa cajones llenos de páginas inéditas: desde las primeras a máquina (una Yost de tampón), de hace sesenta años, hasta las últimas en un ordenador. Mi mujer (que me sobrevivirá, como es norma) podría ganar algún dinero publicando, dentro de muchos años, las más impertinentes y políticamente incorrectas, y entre ellas, una ristra de sonetos satíricos, bien medidos y peor intencionados, que mi amigo (el poeta Muñoz Rojas) llama acertadamente 'habilidades'».
Aunque su amor a la poesía no era conocido por todos, Calvo-Sotelo tampoco lo escondía. De hecho, algunos de sus versos fueron compuestos para ser recitados en público, otros aparecieron en la prensa –uno de los focos de sus sátiras– y otros en sus libros. Todos los que aparecieron en esos «cajones llenos de páginas inéditas» se publican ahora juntos: abarcan toda una vida, desde los 16 hasta los 66 años de su autor; desde 1942 hasta 2002.
«Vamos a hacer la transición, amigos»
Los poemas están separados en las dos dimensiones biográficas del expresidente, la pública y la personal. La vida pública, entendida en toda su extensión, desde los estudios y la vida profesional hasta el interés por lo público y su empeño y desempeño en política, es mayoritariamente conocida; incluso ha sido relatada por él mismo. Aquí, sin embargo, se vislumbra a través de su quehacer poético, donde destaca la poesía satírica: «El autor es de natural pendenciero», dijo de sí mismo en Memoria viva de la transición.
El presidente Adolfo Suárez junto a Leopoldo Calvo-Sotelo en el Congreso de los Diputados a finales de los setenta
La primera agrupación de poemas se titula 'Vamos a hacer la transición, amigos'. Y es que el primer poema que conserva Leopoldo Calvo-Sotelo, escrito a los 16 años, es de carácter político, lo que demuestra que fue una preocupación que tuvo desde joven. En estos versos recorre las tres etapas que vivió en esos 40 años: el franquismo, la transición y el régimen constitucional consolidado.
Destaca en esta primera parte un poema satírico dedicado a Pío Cabanillas: se trata de una copla manuscrita en papel del Consejo de Ministros dedicada al notario, letrado de la Dirección de los Registros y registrador de la propiedad, con quien Calvo-Sotelo tuvo mucho trato en la transición después de que coincidieran como diputados en la Unión de Centro Democrático (UCD), como ministros en dos gobiernos de Adolfo Suárez y como diputados del Parlamento Europeo. «Pío, Pío / Cabanillas, / no me fío / que me pillas / cuando subes / a las nubes; / cuando bajas, / cuando atajas, / o rodeas, / te peleas / o te rajas, / cuando chillas, / o te quejas / siempre dejas / Cabanillas, / en la Xunta / la preguna / ¿con su lío y sus follones / qué coj... / querrá Pío?».
Era habitual que Leopoldo Calvo-Sotelo escribiera en los trayectos o en las pausas de su ajetreada vida política. Hay un poema, Alfonso de mis amores, manuscrito en papel del restaurante madrileño Casa Lucio en el que imagina un diálogo tenso entre los socialistas Felipe González, presidente del Gobierno, y Alfonso Guerra, vicepresidente, acerca del inminente referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN. «Alfonso de mis amores: / voy a quedarme en la NATO. / Da igual gato negro o gato / blanco, si caza electores. / Felipe, no me seas chulo: / hay que irse de la OTAN / por que si no, no nos votan / y nos darán por el c...».
Los amores de Leopoldo
La vida personal de Leopoldo Calvo-Sotelo, menos notoria, es sin embargo una fuente más abundante de inspiración poética, por lo que los poemas de carácter íntimo y familiar constituyen una gran aportación novedosa. En la segunda parte, 'De enamoramiento agudo', se recogen los versos sobre su mujer, hijos, nietos y demás familia, si bien en una tercera parte, 'Se adivina Bizancio. El turco asoma', prodiga también su amor a su Galicia natal y agradece el viento que tensaba la vela latina de su bote Juanín en sus salidas a navegar por la ría de Ribadeo, cuya tonalidad de aguas es el color preferido de su esposa, Pilar Ibáñez-Martín.
Pilar Ibáñez se casó con Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo el 27 de abril de 1954. Madre de ocho hijos: Leopoldo, Juan, María del Pilar, Pedro, Víctor María, José María, Andrés y Pablo
Son Galicia, los viajes y las amistades, tres constantes en la vida de Calvo-Sotelo, los encargados de poner el broche final al libro de poemas. De su pasión viajera, más allá de los cientos de libros y mapas sobre geografías del mundo entero que atesoró y coleccionó durante su vida, el escritor y poeta dejó también un libro de relatos: Del Nilo al Sinaí. Geografía, historia y teodicea. Notas de un viaje.
La crónica política y familiar, la descripción, el paisaje, el viaje, el retrato, la sátira... Leopoldo Calvo-Sotelo reúne piezas políticas, gallegas y familiares. La poesía parece servirle para defender sus convicciones o para consolarse, a través de la sátira, de rivalidades con otros políticos o con periodistas. Ya con 16 años y como monárquico sólido, atacaba al delegado del sindicato falangista SEU. Las creaciones posteriores son dardos irónicos contra el historiador ultraderechista Ricardo de la Cierva o contra el periodista Juan Luis Cebrián.
En 1997 escribió recordando la Transición, a la vuelta de dos décadas: «Ya lo dijo San Juan: en el principio/ era el rey, era un Rey que estaba solo, / que llegaba del frío, de aquel Régimen/ que agonizaba interminablemente». La solución llegó con el advenimiento de un héroe, Adolfo Suárez, al que canta: «Un hombre digo / que nos reunió a unos cuantos en la Casa / de Castellana tres, la pre-Moncloa, / y comenzó diciendo simplemente / Vamos a hacer la Transición, amigos».