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21 de julio de 2024

Templo de Kukulkán en Chichen Itzá

Templo de Kukulkán en Chichen Itzá

Nuevos análisis de ADN revelan datos estremecedores de los sacrificios mayas: el indigenismo de moda en el XXI

La falsa leyenda negra de los españoles palidece ante la realidad documentada del salvajismo de los mayas

Siempre se creyó que los elegidos para los sacrificios humanos que realizaban los mayas, mayormente en Chichen Itzá, eran mujeres jóvenes. Pero unos nuevos estudios de ADN de los numerosos y escalofriantes restos humanos han revelado que el abanico era mucho más amplio.

La revista Nature ha determinado tras los nuevos exámenes que los sacrificados también eran hombres jóvenes, generalmente emparentados, y con una sorpresa, dos parejas de gemelos. El misterio de a quién sacrificaban los mayas ha sido difícil de desentrañar por la siniestra y escabrosa razón de cómo caían los cuerpos tras la muerte, cuyos huesos amontonados terminaban mezclándose unos con otros.

Niños de 3 a 6 años

Al parecer solo la pelvis y algunos otros huesos permiten diferenciar si pertenecen a hombres o mujeres, pero nunca de forma completamente segura, pues las diferencias más notables aparecen solo en la pubertad.

La tecnología ha permitido estas nuevas pruebas de ADN, que en las zonas tropicales se degrada más fácilmente, algo que ya no se produce y ha hecho posible relanzar las investigaciones sobre cómo y a quién se realizaban estos sacrificios humanos. La mayor parte eran niños de 3 a 6 años que eran arrojados a un chultún (una cámara de almacenamiento subterránea) cercano al cenote (depósito de agua) sagrado de Chichen Itzá.

Decapitación y extracción del corazón

Se sabe que estaban emparentados (incluso se han encontrado dos parejas de gemelos) por los análisis de su dieta, que eran similares. Quizá lo más sorprendente y escalofriante es que estos rituales asesinos, que no eran entendidos así por las familias, sino como voluntad de los dioses, algo así como un privilegio, se produjeron ininterrumpidamente durante 500 años.

El método más común de sacrificio era la decapitación y la extracción del corazón, lo cual no ha impedido que algunos científicos, como María Ermila Moo-Mezeta, coautora maya del estudio y profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Yucatán, asegure que estos descubrimientos sirven «para preservar la memoria histórica del pueblo maya».

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