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Una de las pocas fotografías de Gauguin y el autorretrato bajo sospecha

Una de las pocas fotografías de Gauguin y el autorretrato bajo sospechaGTRES / Wikipedia

Las dudas sobre un Gauguin aumenta la preocupación por las falsificaciones del pintor impresionista

El Musée d’Orsay investiga una de sus últimas adquisiciones tras una denuncia de varios especialistas. ¿Es realmente un Gauguin o una falsificación con historia propia?

El Musée d’Orsay de París se enfrenta a un inesperado dilema: el último autorretrato conocido de Paul Gauguin, una de sus adquisiciones más destacadas de los últimos años, podría no haber sido pintado por el célebre artista francés.

La controversia se desató a raíz de una carta abierta firmada por varios expertos y profesionales del mundo del arte, que piden una revisión urgente de la autenticidad de la obra.

La pieza en cuestión, titulada Autorretrato con ídolo y fechada en 1899, la adquirió el museo en 2022 con el respaldo del Estado francés. Se exhibió por primera vez al público el año pasado como una obra clave del final de la vida de Gauguin, una etapa marcada por su estancia en los Mares del Sur y su creciente introspección.

Sin embargo, a mediados de mayo, la prestigiosa publicación The Art Newspaper y el portal Artnet comenzaron a difundir las críticas de un grupo de investigadores que llevan años cuestionando la procedencia del cuadro.

Según los críticos, el autorretrato no se ajusta a lo que se espera de Gauguin en esa etapa. Detalles como la paleta de colores, la calidad del trazo o la forma en que está representado el propio artista han despertado sospechas.

Además, existen dudas sobre la documentación histórica que sustenta su origen: el cuadro no aparece citado en los escritos ni en los catálogos razonados de la época, y su rastro anterior a la década de 1950 es prácticamente inexistente.

Entre los firmantes de la carta crítica se encuentran expertos de instituciones francesas e internacionales, así como conservadores y antiguos responsables de museos.

Aseguran que el Musée d’Orsay ha pasado por alto señales claras de que se trata, como mínimo, de una obra que debería someterse a estudios técnicos más rigurosos antes de presentarse como un Gauguin auténtico.

El museo, por su parte, ha respondido con cautela. En declaraciones recogidas por The Art Newspaper, portavoces del d’Orsay aseguran estar abiertos a «revisar el expediente técnico» del cuadro y subrayan que la atribución se hizo «siguiendo los criterios habituales y con el respaldo de varios especialistas».

No obstante, también han reconocido que en el mundo del arte «las certezas absolutas no siempre existen» y que están dispuestos a mantener un debate abierto y transparente sobre la obra.

Según algunos investigadores, podría tratarse de una copia posterior realizada por un artista local en Tahití, donde Gauguin pasó los últimos años de su vida. Otros incluso apuntan a que pudo haber sido un encargo o un homenaje, más que una falsificación con ánimo de engaño.

La polémica llega en un momento especialmente sensible para el sector, donde las restauraciones dudosas y las disputas por la autenticidad se han convertido en focos frecuentes de debate. El hecho de que esta obra haya sido adquirida con fondos públicos y haya recibido una gran atención mediática empeora aún más la situación para el museo.

Si se confirma que no es obra de Gauguin, la institución deberá enfrentarse no solo al coste económico de la adquisición, sino también a un cuestionamiento sobre sus procedimientos de validación.

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