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Urtasun trata de organizar un sector de la cultura fuertemente ideologizado y dócil a Moncloa

Urtasun trata de organizar un sector de la cultura fuertemente ideologizado y dócil a MoncloaEFE

Crónica

La izquierda mangonea a la cultura y los premios nacionales de Urtasun así lo demuestran

Los premios nacionales que concede el Ministerio de Cultura dirigido por Ernest Urtasun muestran hasta qué punto el Gobierno de Sánchez considera la cultura una herramienta de poder

Los últimos Premios Nacionales de Cultura, otorgados por el Ministerio que ostenta el nacionalista catalán Ernest Urtasun, muestran hasta qué extremos se puede emplear la cultura con fines ideológicos y propagandísticos.

El poder político, sobre todo cuando se concibe desde una óptica autoritaria y liberticida, siempre ha tenido la tentación de emplear la cultura y sus resortes con fines propagandísticos.

La cultura y la ausencia de ella son poderosos instrumentos que, en manos de una élite sin escrúpulos instalada en el poder, tienen la capacidad de manipular mentes y garantizar votos.

En ese contexto hay que entender iniciativas como el bono cultural joven de 400 euros o a quién se concede determinado premio nacional.

¿Qué tienen en común Manuel Rivas, Raúl Quinto, Rosana Torres, el Teatro del Barrio o Chus Pato, entre otros?

Todos ellos son creadores de izquierdas, plegados al PSOE, algunos abiertamente hispanófobos y leales al poder monclovita encarnado en Pedro Sánchez. Y todos ellos han sido premiados por Urtasun con un Premio Nacional.

El Gobierno de Sánchez, y así lo ha demostrado en repetidas ocasiones, quiere una cultura dócil, leal al socialismo, sin voluntad de mostrarse contestataria al poder e incapaz de mostrar excelencia ni creatividad.

Del mismo modo que cuando el PSOE está en la oposición los líderes socialistas azuzan a sus huestes del mundo de la izquierda cultural contra el gobierno, cuando los socialistas se asientan en los mullidos sofás de la Moncloa, acuartelan a sus Almodóvares o, como mucho, les permiten salir a clamar a los cuatro vientos las bondades del gobierno de coalición de izquierdas, sus pactos con los independentistas y cantar loas al líder Pedro Sánchez.

El reparto desvergonzado de Premios Nacionales entre afines al socialismo es tan clamorosa que es evidente que encierra un mensaje dirigido a los creadores culturales en España: si quieres vivir de tu trabajo en el mundo de la cultura, mantente leal al gobierno, no alces la voz, haz un poco la pelota al que está en Moncloa e, incluso, tal vez te lleves una medalla con forma de Premio Nacional.

Los demás, se pueden ir olvidando de tener una mínima presencia en círculos culturales públicos y, mucho menos, de ningún tipo de altavoz.

Eso, sin embargo, arroja una segunda, y valiosa, lección: para encontrar la cultura que de verdad vale la pena hay que huir del oficialismo cultural, de los Premios Nacionales, de los Museos Nacionales (embarcados en una absurda y anticultural deriva woke).

Hay que acudir a los rincones oscuros, descender a esas cuevas de Sésamo donde, quizás ahogada en litros de sangría, pero verdaderamente libre, sobrevive la cultura auténtica, creada por autores quizás cancelados, quizás ignorados, pero que son los que hacen la cultura que perdurará.

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