Rotundo triunfo de Tomás Rufo y los toros de La Quinta, en el día de Begoña
Romance de la Danza Prima
Tomás Rufo sale por la Puerta Grande
El día 15 de agosto, el día de la Virgen, nuestra gran fiesta popular del centro del verano, se celebra en casi toda España con festejos taurinos. Este año, hay corridas de toros, que yo recuerde, en Madrid, Gijón, Málaga, Pontevedra, San Sebastián, Almendralejo, Guijuelo, Tafalla, Cenicientos, Cebreros, Roa, Alfaro… Diferentes regiones, diferentes mentalidades, gustos, climas, gastronomías… Pero algunos denominadores comunes: España, las fiestas religiosas, nuestras tradiciones, los toros… Justamente lo que el ministro Urtasun (y, detrás de él, Pedro Sánchez, escondido detrás del presunto esnobismo progresista) detestan e intentan que olvidemos.
En Gijón, en la playa de San Lorenzo, ideal para los paseantes, se festeja este 15 de agosto una de las más viejas tradiciones de esta tierra, cuna de España. A mediodía, miles de personas (gijoneses o no) forman una larguísima hilera para bailar, cogidos de los meñiques, mirando al mar, la «Danza Prima». Es una ceremonia de fraternidad, una antigua tradición, que, por serlo, no hay que destruir sino todo lo contrario. Ya la menciona Jovellanos, en una de sus cartas. Existen muchas versiones de la letra pero don Ramón Menéndez Pidal la relaciona con un precioso y muy antiguo romance: «Ay, un galán de esta villa, / ay, un galán de esta casa, / ay, de lejos que venía, / ay, de lejos que llegaba…»
Después de haber comido bien y abundantemente –en esta tierra, otra cosa es muy difícil– ¡a los toros! La Feria taurina de Begoña llega a su culmen, con tres grandes corridas. En la primera de ellas, se lidian los encastados toros sevillanos de La Quinta, con los que ha triunfado tantas veces Daniel Luque, pero no los torean esta vez ni él ni Roca Rey.
En vez de tantos ditirambos periodísticos y cinematográficos, ¿para cuándo aceptará Roca Rey un mano a mano con Luque y con estos toros? Si él lo hubiera querido, ¿se lo hubiera negado el empresario de Gijón? ¡Amos anda!, como decían los castizos. Ni el empresario de ninguna otra Plaza… Cuando uno carece de la estética exquisita de Morante, ha de afrontar estos riesgos, si quiere que se le considere primera figura del toreo. Luis Miguel Dominguín, al que el diestro peruano tanto admira, no habría rehuido un reto semejante.
Esta tarde, la bonita y coqueta Plaza del Bibio muestra una buena entrada. Los toros de La Quinta (cinco, cárdenos) dan muy buen juego: encastados, con nobleza y emoción; todos, aplaudidos en el arrastre. Tomás Rufo logra un rotundo triunfo, corta tres orejas y sale a hombros. Emilio de Justo falla con la espada. Clemente escucha tres avisos, porque un toro de este encaste se pone difícil, a la hora de matar.
Tomás Rufo, sonriente, con las dos orejas de su segundo toro
Al acabar el festejo, me aborda un vecino: «Sé que usted aprecia mucho la Danza Prima. Aquí tiene un nuevo texto de ella, pero taurino, referido a la corrida de esta tarde». Y yo me limito a copiarlo:
Romance de la Danza Prima
una tarde soleada,
El Bibio está casi lleno;
la afición, ilusionada
con los toros de La Quinta
y con la terna anunciada.
Vimos a Pilar del Valle,
la mejor aficionada,
con la alcaldesa, su amiga,
fuertemente ovacionada.
No decepcionan los toros,
lucen muy hermosa estampa;
son fieros pero son nobles,
tienen fuerza, tienen casta.
El extremeño de Justo
llega con muy buena fama:
domina el toreo clásico
y no se asusta por nada.
Una pintura el primero,
muestra bravura en dos varas.
Emilio, con buen oficio,
aguanta las arrancadas
de un toro que embiste siempre
con la cara un poco alta.
Entra a matar decidido
pero el descabello falla.
En el cuarto, Morenito
de Arles saluda las palmas.
Muletea bien Emilio
hasta que el toro se apaga
y un desarme inoportuno
hace callar a la Banda.
Se esfuerza mucho de Justo
mas sólo a la cuarta mata
y, cuando arrastran al toro,
todos gritan: «¡Viva España!»
Clemente es este galán,
rubio, de cara aniñada,
un francés de fino estilo
que hace del toreo, danza.
Lancea con gusto al segundo
que mete muy bien la cara,
repite con la emoción
de un toro bravo, con casta,
y Clemente lo aprovecha
en faena bien ligada.
A la hora de matar,
el bravo toro no para:
no lo había dominado
tanto como él esperaba.
Ovacionan fuerte al toro,
los tres avisos sonaban.
Sale en el quinto a por todas,
lo demuestra con la capa
y pica bien Manuel Quinta,
de ilustre estirpe utrerana.
El toro flaquea un poco,
de la muleta se escapa.
Algunos pases lucidos
con gran voluntad le saca.
A medias queda el trasteo,
el toro a toriles marcha.
A la segunda, esta vez,
deja una gran estocada.
De Toledo viene Rufo,
un galán de buena talla.
En el tercero, Fernando
Sánchez siempre da la talla.
Comienza muy bien Tomás,
la rodilla flexionada.
Conduce las embestidas
con la muleta planchada,
el mando y el temple propios
de la escuela toledana
y corta una justa oreja
después de gran estocada.
Recibe al sexto, el único
que no tiene capa cárdena
pero sí buena embestida
con verónicas templadas
y se enrosca a la cintura
al gran toro , que no para,
mientras se escucha una voz:
«Ganadero, muchas gracias».
Derechazos, naturales,
pases de todas las marcas.
Entrando con decisión,
la espada queda algo baja
pero el clamor popular
las dos orejas reclama
y sale a hombros: feliz,
su debut, en esta Plaza.
La bravura de La Quinta
nos ha dado gran jornada.
El día de la Asunción,
en esta tarde tan clara,
después de la Prima Danza,
disfrutamos, en El Bibio,
una corrida galana
y a coro cantamos todos
a nuestra Gijón del alma.