Imagen de Edgar Allan Poe
El Holmes que creó Poe y se adelantó casi medio siglo a Sherlock
El personaje Auguste Dupin, creado por Edgar Allan Poe en 1841, es el precursor del mito literario de la ciencia detectivesca de la deducción
A lo largo de los milenios durante los que se ha desarrollado, el arte de la literatura ha habido figuras y personajes que han trascendido las páginas para pasar a formar parte del imaginario colectivo. Y el mundo de la novela es el perfecto ejemplo de ello cuando hablamos de Sherlock Holmes y Hércules Poirot.
Las creaciones de Arthur Conan Doyle y Agatha Christie han fascinado, con sus métodos lógicos y deductivos, a generaciones de lectores. No en vano son dos de los personajes cuyo arquetipo más se ha repetido en épocas posteriores y que más se han adaptado al medio audiovisual.
Nadie les quita su crédito, pero, como diría Sherlock, no hay nada nuevo bajo el Sol. Y la inspiración siempre viene de algún sitio. Y, en estos casos, vino del que probablemente sea el escritor de terror más célebre de todos los tiempos: Edgar Allan Poe.
En 1841, Poe publicó Los crímenes de la calle Morgue, un relato pionero en el género policial. En su historia dio a conocer a Chevalier Auguste Dupin, que no es detective por profesión, pero sí por convicción. Y para resolver crímenes utiliza un método basado en la famosa ciencia de la deducción que Holmes aplicaría 46 años después en Estudio en escarlata.
El poder de la observación de Dupin
A Edgar Allan Poe no le hizo falta una novela extensa para enseñar al mundo que había otra forma de enfrentarse al misterio: con la inteligencia. Dupin no era policía, era casi un ermitaño. Lo que es seguro es que era inteligente, un intelectual ducho en el arte de la lógica y la deducción basadas en la observación minuciosa del entorno.
Las líneas maestras de su personaje, como la excentricidad y la brillantez con las que investiga un crimen aparentemente inexplicable sin ser detective profesional, hasta que consigue desentrañar la lógica que emana del caos, son las que luego veremos también en el mito literario de Sherlock Holmes y Hércules Poirot.
Dupin apareció únicamente en tres relatos. Además de Los crímenes de la calle Morgue, Poe le dio protagonismo en El misterio de Marie Rogêt y en La carta robada. Esto significa que, con mucho menos recorrido que el que les dieron Conan Doyle y Christie a sus personajes, el escritor de El cuervo construyó una nueva forma de narrar un enigma.
En los relatos policíacos de Poe lo más importante ya no es el crimen en sí, sino el proceso mental del protagonista, llámese Dupin, Holmes o Poirot, para resolverlo y encontrar al malo.
El método de Dupin se basa en la observación detallada para percibir lo que otros pasan por alto, en ponerse en la mente del asesino y la reconstrucción de los hechos. Y su motivación responde al puro desafío intelectual de descifrar un crimen para cuya resolución no se aplica músculo, sino algo más contundente: el intelecto.
Con su avispado protagonista, Poe inicio un linaje literario que todavía hoy, 180 años después, seguimos viendo en libros, películas y series. Puede que el apellido Dupin no sea hoy tan ilustre como los de Holmes y Poirot, pero sin el primero no existiría ninguno de los dos.
Una lectura de Los crímenes de la calle Morgue es el retorno al laboratorio en el que se creó el lenguaje de la ciencia de la deducción, donde germinó el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza en la investigación y a partir del que se cimentó el mito del antihéroe detectivesco excéntrico.
En estos tiempos de relativismo líquido, figuras como estas suponen todo un consuelo. A pesar de que la verdad parece muchas veces esquiva, aplicando una buena dosis de observación, como Dupin, podremos encontrarla.