Fundado en 1910
Fachada del Museo Nacional del Prado, en Madrid

Fachada del Museo Nacional del Prado, en MadridEuropa Press

Por qué el Prado es la mejor pinacoteca del mundo

Pocos museos en el mundo pueden presumir de albergar permanentemente obras de Velázquez, Murillo, Goya, El Bosco, Rubens y Tiziano

Ni Madrid, ni España, ni Europa, ni el mundo serían lo mismo si no existiera el Museo del Prado. No podrían serlo, serían peores. Todos habríamos perdido, sin saberlo, parte de nuestra esencia, de nuestro corazón. Pues la pinacoteca madrileña alberga gran parte del alma de la cultura occidental.

Tras su inauguración en 1819, concebido primeramente como el Real Gabinete de Historia Natural, el Prado ha ido albergando la mejor colección de arte del mundo con el paso del tiempo. Las salas y los pasillos del museo son indispensables para entender la pintura y el arte mundiales.

Al recorrer sus estancias uno se da cuenta del valor de la pintura como vehículo de la memoria, del poder, de la belleza y de la religión. Sin desmerecer las colecciones del Louvre, la National Gallery o el MET, pocas instituciones de arte pueden presumir de ser el hogar perpetuo de algunas de las mejores obras de Velázquez, Murillo, Goya, El Greco, El Bosco, Tiziano o Rubens.

Y no se trata solo de obras sueltas, sino de auténticos conjuntos completos, tesoros universales que se guardan bajo el techo de la pinacoteca madrileña, fundamentales para entender su contexto y su genio. En el Prado, la historia del arte no se muestra, se respira.

Sin la 'Mona Lisa', pero con 'Las Meninas'

La colección reunida en El Prado es inigualable. Las Meninas, La rendición de Breda, Las tres gracias, Saturno devorando a su hijo (las dos versiones, la de Goya y la de Rubens), El jardín de las delicias, Cristo crucificado, La Inmaculada Concepción, El 3 de mayo en Madrid… Y así hasta el infinito.

En ningún otro lugar del mundo se puede rastrear, como en la gran pinacoteca madrileña, la profundidad del alma de un país como este. Ni tampoco contemplar en todo su inabarcable esplendor la obra inabarcable de Velázquez, uno de los artistas más importantes de la historia universal del arte.

El Prado, a diferencia de otros museos que han sucumbido al wokismo, se ha mantenido fiel a su clasicismo como una de las grandes salvaguardas de Occidente: la institución se centra en el arte puro como experiencia humanista en sí mismo. La colección es la protagonista absoluta.

Y el silencio que envuelve sus pasillos y salas invita a pensar y a reflexionar sobre el arte como forma de expresión, de existencia y como parte del alma de un país entero.

Además, destaca su labor divulgadora. En sus perfiles de redes sociales, sus miles de seguidores esperan con ansia la siguiente publicación para saciar su sed de curiosidades sobre las obras más famosas que alberga el Prado.

Por otra parte, la colección de la pinacoteca madrileña tiene algo con lo que no se puede comerciar: alma. El museo está forjado a través de los siglos de historia de España, sus monarquías, su devoción religiosa, sus guerras y su cultura. Ha sobrevivido a conflictos y bombardeos y ahí sigue, ofreciendo al mundo lo mejor de sí mismo.

El Prado no cuenta con la Mona Lisa, por ejemplo, ni con la enorme cantidad de metros cuadros de las galerías del Louvre, pero sí tiene algo más efímero y, por lo tanto, más valioso. El Prado es el corazón de la pintura.

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