La Tentación de Santo Tomás de Aquino, de Velázquez
El Debate de las Ideas
La tentación es siempre la misma: reducir la realidad a nuestros deseos
Mattia Ferraresi es un periodista italiano, redactor jefe del diario italiano Domani. Ediciones Encuentro acaba de publicar su libro Los demonios de la mente, un «relato de una época en la que no se confía en nada, pero se cree en todo». Charlamos con él sobre éste su primer libro traducido al español
En tu último libro, Los demonios de la mente (Ediciones Encuentro), dibujas un mundo en el que las mentiras, las fake news, ya no están solamente en las redes sociales, sino que han copado también los medios tradicionales e incluso las leyes. En España, por ejemplo, la Ley Trans niega la realidad biológica. ¿Hay alguna posibilidad de llegar a conocer la realidad o es una misión imposible?
Aunque el libro documenta todos esos aspectos negativos, en la parte final hay una apertura positiva. Esta apertura positiva es mi convicción de que también hoy se puede establecer un relato equilibrado de conocimiento entre la persona y la realidad.
Tenemos dos grandes problemas: el sujeto y el objeto. El mundo que yo he dibujado es un mundo en el que el sujeto ha ocupado el entero espacio de la realidad. Tanto que una de las ideas fundamentales de la época en la que vivimos es la ilusión del sujeto de definir la realidad a partir de sí mismo. Efectivamente lo vemos en el ejemplo de los trans, donde el hombre intenta manipular la realidad, el dato biológico, hasta llegar, por ejemplo, al transhumanismo digital.
Y luego tenemos el problema del objeto, que parece como si se nos hubiese escapado. Es como si el hombre contemporáneo hubiese dicho que el objeto, lo que tengo enfrente, no es realmente conocible, no está hecho para corresponder a la inteligencia del sujeto. Es como un extraño, y por eso es mejor reemplazarlo con mi subjetividad.
Pero yo pienso que este sujeto y este objeto son irreductibles. Es decir, hay algo en la estructura de la persona humana que es inmutable. Y el contenido de esta estructura son las grandes preguntas de significado que el hombre siempre tiene. Además, la realidad se resiste a ser manipulada. El hombre lo intenta, pero nunca lo logra del todo. El sujeto y el objeto no han sido eliminados del escenario humano, a pesar de todos los intentos de hacerlo. La tentación es siempre la misma: reducir la realidad a nuestros deseos, es lo que Ratzinger expresó como la dictadura del yo y de sus voluntades.
Pero conocer la realidad no es una misión imposible. Los elementos para recuperar un relato equilibrado no han sido eliminados. La estructura de la persona y la realidad, con toda su dureza, resisten todas las manipulaciones.
Haciéndonos eco del gran inquisidor de Dostoievski, ¿no son los seres humanos más felices viviendo engañados? ¿Por qué tanta insistencia en que conozcan la realidad?
La posición que parece más razonable en Matrix es tomar la pastilla azul y permanecer en un sueño agradable en vez de afrontar una vida donde hay sufrimiento y dolor. Pero aunque eso sea cierto, la vida es buena y digna de ser vivida porque reconocemos que hay un bien. Si no se reconoce ese bien y sólo veo sufrimiento y, al final, la muerte, es más razonable preferir vivir en una ilusión, que buscaré en la droga, en la psicología, en cualquier cosa.
La cuestión es muy profunda y radical. Como decía, es razonable preferir la ilusión si, después de un trabajo serio de mirar la realidad, uno concluye que ésta es mala, que el ser es malo. Pero pienso que, si es serio en su relación con la realidad, no puede llegar a esta conclusión. No va a poder afirmar que la raíz última de la realidad es una raíz malvada, sino que tendrá que admitir que contiene una promesa de bien.
Uno de los conceptos clave de tu libro es el de «dietrología». ¿Puedes explicarnos en qué consiste?
La dietrología es la idea de que todos los fenómenos se puedan explicar mejor observándolos desde detrás, es decir, uniendo todos los elementos de un fenómeno para llegar a una explicación, diferente de la intuitiva, que estaba oculta y que es más compleja.
Unir los puntos es algo muy interesante que el hombre siempre hace. Ocurre con las constelaciones: estrellas que no tienen nada que ver las unas con las otras, pero en las que el hombre, en su búsqueda de sentido, ha querido ver imágenes. Esto es muy hermoso, pero también muy peligroso, pues nos arriesgamos a unir todos los puntos según un diseño que corresponde a lo que queremos ver.
Pero no se puede cuadrar todo. En nuestra vida nos ocurren muchas cosas que son fruto del azar, de la libertad del otro, de cosas que no podemos controlar o que no sabemos bien explicar. Pero el método dietrológico busca unir todos los fenómenos según un diseño que hemos creado nosotros y que no existe en la realidad.
¿Cuándo se traspasa la línea roja? ¿Cuándo a algo como la búsqueda de sentido le sucede aquello de lo que advertía Chesterton cuando hablaba de las virtudes que se vuelven locas?
Tenemos, por una parte, el hombre que busca un sentido, que es lo que nos distingue del resto del universo. Esto es su grandeza: no nos basta describir lo que vemos, queremos entender cuál es su sentido.
Pero esto puede pervertirse. Ocurre con el ejemplo del autismo y de las vacunas. Antes de cualquier estudio, hubo ya un movimiento, sobre todo de asociaciones de familias con hijos con autismo, que se unieron para tratar de entender más la naturaleza de esta enfermedad que todavía es muy misteriosa y provoca grandes preguntas y grandes sufrimientos.
Hay dos maneras de ver la pregunta que algo así provoca. Una, la más profunda y verdadera, es preguntarse ¿cuál es el sentido del sufrimiento? Ésta es la gran pregunta que se hacen los hombres de todos los tiempos. La otra, que es cuando se cruza la línea roja, es cuando esta pregunta se convierte en ¿a quién podemos echar la culpa?
Entiendo que, en el ejemplo de los padres de niños con autismo, la búsqueda de una explicación es humanamente más que comprensible. Pero hay que ir con cuidado para no caer presos de una verdad enloquecida. Esta es una tentación que siempre existe, porque la pregunta de sentido es difícil y no hay una respuesta inmediata, y entonces puedo estar tentado de buscar una respuesta inmediata aunque sea simplista o inexacta.
Sigamos con las líneas rojas. Tú señalas que los complots existen. ¿Cuándo se pasa de ser consciente de que existen personas que se organizan para conseguir unos objetivos a lo que tú defines como estilo paranoico?
La línea roja se atraviesa cuando la idea paranoica se convierte en la lente con la que miramos el mundo. Cuando se convierte en la clave interpretativa de todo.
Existen los complots, no hay duda. Han existido en la historia y siguen existiendo. La respuesta no es negar que los complots existen: los podemos descubrir y probar… pero no todo es un complot.
Cuando uno empieza a adherirse a la mentalidad paranoica o complotista, verá complots donde no existen. Y atención: si todo es un complot, nada es un complot. Buscar complots por todas partes no se puede convertir en el modo normal de mirar la realidad.
Adviertes del híper racionalismo. Chesterton decía que el loco es aquel al que sólo le queda la razón. Si no es en la razón, ¿en qué podemos confiar?
Kant distinguía dos grandes funciones de la razón humana: la razón y el intelecto. Cuando hablamos de complotismo hablamos de lo que la filosofía ha llamado el intelecto. Es decir, una razón funcionalista que está al servicio de la lógica y que procede a través de ésta. Es decir, una razón lógico-matemática que tiene como objetivo la resolución del problema.
El intelecto es algo maravilloso, pero desde hace un par de siglos es como si el intelecto ocupara todo el espacio de la razón humana. Pero la razón es más grande que el solo intelecto. La razón es síntesis y también corporalidad. Tiene que ver con la persona. Tiene que ver no solo con resolver un problema, sino también con lo inútil, lo que no resuelve problemas, la apertura al misterio.
Vivimos un momento en el que estamos saliendo de una fase de positivismo duro, en la que el intelecto era totalmente dominante. Hay cada vez más científicos que empiezan a aceptar la perspectiva de que hay un misterio detrás de la realidad, de que hay cosas inexplicables, de que hay un más allá. Los observadores que estudian seriamente la realidad entienden que el intelecto no puede ser, no es la única clave para leer la experiencia humana. La razón es algo más grande y que se abre a un escenario de misterio y de nuevas preguntas a las que el intelecto no sabe responder.
Señalas que es frecuente que se intente cerrar una discusión recurriendo a que «lo dice la ciencia» ¿Es la ciencia es tan tajante?
Nuestra época ha vivido un pico de positivismo que ha inducido en las personas comunes la falsa idea de que la ciencia es una especie de solución instantánea a todos los problemas. Como si los científicos siempre estuvieran de acuerdo, el consenso científico se encontrara en un instante y el problema quedara así resuelto.
Pero yo soy crítico con esta expectativa: no podemos esperar de la ciencia este tipo de certeza, propia del pensamiento mágico. Los científicos serios saben muy bien que la ciencia está hecha de discusión, de dudas, de hipótesis falsificadas, de paradigmas que cambian. Esto es lo más hermoso de la ciencia: su absoluta provisionalidad e imperfección.
Pero entre las personas comunes se ha extendido una idea neopositivista que ha creado la expectativa de que la ciencia lo puede resolver todo. La pandemia ha sido un ejemplo muy claro. La gente estaba escandalizada porque los científicos no estaban de acuerdo entre ellos. ¡Pero eso es lo normal! ¡Así es la ciencia verdadera!
Creo que esta idea neopositivista se ha desmoronado y son cada vez más los científicos que afirman la necesidad de volver a una concepción verdadera de la ciencia, en la que el conocimiento es siempre provisional
Se habla mucho de performatividad, de que las palabras construyen la realidad. ¿Es esta idea un avance o un retroceso hacia el pensamiento mágico?
Creo que es una antigua ilusión que hoy se propone de un modo diferente. El deseo del sujeto de manipular la realidad hoy se expresa a través del lenguaje. Pero el lenguaje siempre está unido por un hilo a la verdad de las cosas. En realidad, seguimos en la disputa medieval entre nominalistas y realistas.
Los nominalistas, hoy, son muy influyentes con su idea de que el nombre puede cambiar la cosa. Dominan el mundo de las disciplinas humanísticas, sobre todo en los Estados Unidos, y su idea de que manipulando el lenguaje se cambia la realidad ha tenido un impacto enorme.
La relación entre palabra y poder es muy interesante, porque un mundo sin verdad es un mundo hecho solo de relaciones de poder, y el poder manda a través de la palabra. Hay un pasaje de A través del espejo, el diálogo entre Alicia y Humpty Dumpty, que plantea la pregunta de quién decide el significado de las cosas. La respuesta es que lo establece quien manda, quien tiene el poder, que así puede establecer el significado de la realidad.
Otro de los conceptos de moda en ámbitos académicos que el libro contempla con una cierta desconfianza es el concepto de «sistémico». ¿Es éste un concepto trampa?
Cuando algo es sistémico, significa que está en todas nuestras relaciones. Cuando los norteamericanos hablan de racismo sistémico quieren decir que el racismo está inscrito en todo: en las normas sociales, en las relaciones, pero también en el modo en que se diseñan las ciudades, etc… La idea es que toda la trama de la vida social está informada por un cierto concepto. Esto, además de ser, en mi opinión, falso, porque no se toma en serio la libertad humana, es también dietrológico.
Esta visión «sistémica» tiene un gran defecto: elimina la intención humana. En un mundo en el que todo es sistémico, la intención ya no cuenta nada. Si halago, digamos, el corte de cabello bonito de una colega, ese gesto amistoso en realidad no importa porque se supone que lo hago porque he interiorizado el patriarcado y estoy tratando a esa mujer de ese modo como un reflejo de una cultura que yo no puedo controlar y que define el modo en el que hablo, el modo en el que la miro… Mi intención, lo que yo quería decirle, lo que ha movido mi acción, ya no cuenta. Es la clásica objeción feminista: tú no lo haces a propósito, pero no importa lo que tú pienses, importa que eres parte de un sistema que es mucho más grande que tú. Esto es lo más grave del pensamiento sistémico, que ha eliminado la importancia de la intención.
En esta línea, ¿se puede decir que el wokismo es una gigantesca teoría de la conspiración?
Creo que es así. Creo que el wokismo tiene características muy similares al pensamiento paranoico y complotista, que normalmente asociamos más al ámbito político de la derecha.
En el mundo woke la idea del complot no consiste en unos poderosos que se sientan alrededor de una mesa y deciden. Ellos creen en un complot más profundo y sutil, por el que heredamos el racismo, el patriarcado, el capitalismo… y no podemos escapar de ello.
Hablas en el libro del webbing, que consiste en vincular muchos complots distintos. ¿Es el webbing análogo a lo que el mundo woke llama interseccionalidad?
Yo creo que sí. Cuando uno sigue esta modalidad de conocer, no puedes parar y acabas buscando un complot tras otro. De la misma manera, si aceptas las premisas de la interseccionalidad esta dinámica es inevitable. Por eso, para el mundo woke, la ecología está conectada con la opresión del pueblo palestino, que está conectada con el capitalismo...
¿Por qué te parece tan peligroso el concepto de terrorismo estocástico?
El terrorismo estocástico es la idea de que los actos terroristas pueden ser explicados como el fruto de las palabras de odio que se han dicho. Hay una cierta retórica que se acumula hasta que, en un cierto punto, de modo estocástico, o sea, casual, alguien transforma esas palabras de odio en una acción violenta. El problema es que este modo de pensar no tiene en cuenta la libertad humana, no toma en serio la responsabilidad personal.
El perfil del que comete homicidios políticos ahora en Estados Unidos son hombres jóvenes, muy problemáticos, muy inestables, que pasan mucho tiempo online y que experimentan un distanciamiento de la realidad. Son, muy frecuentemente, hijos de muchas patologías de nuestro tiempo. Lo que vemos ahora creo que es mucho peor que la violencia política de los años 70. Es, por desgracia, mucho más profunda.
Señalas los fenómenos del data dumping y la emergencia de la inteligencia artificial, que parecen hacer cada vez más difícil acceder a la realidad. ¿Cómo podemos superar la niebla que crean estos fenómenos?
No tengo una respuesta clara. Con la inteligencia artificial se acelera mucho todo lo que hemos comentado. Pero no creo que estemos ante un cambio cualitativo. Los problemas se aceleran, pero no son nuevos problemas.
Pero hay una diferencia positiva: ahora estas cosas nos asustan. Recordemos cómo recibimos las redes sociales en el 2009-2010, diciendo que eran fantásticas, que aparecía un hombre nuevo, que la mayor conexión favorecía la democracia… Mirábamos el mundo a través de unas gafas rosas. Ahora no. Miramos los nuevos instrumentos con escepticismo, con miedo. En un espacio relativamente breve de tiempo hemos cambiado el modo de mirar estas cosas. La primera reacción ante la inteligencia artificial es: cuidado, hay riesgos.