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Fotografía de archivo de Santiago Posteguillo

Fotografía de archivo de Santiago PosteguilloEuropa Press

Posteguillo pone en boca de Julio César su crítica más feroz a Sánchez por la dana

El escritor utiliza las páginas de su nueva novela histórica para cargar contra la gestión de la catástrofe

ASantiago Posteguillo la dana que arrasó parte de la Comunidad Valenciana le sorprendió mientras escribía Los tres mundos, la tercera parte de su saga sobre el ascenso político y militar de Julio César. El escritor vive en Paiporta, en pleno centro de la catástrofe, y fue testigo de un cúmulo de negligencias que tuvieron unos resultados trágicos.

Apenas unos días después de la riada, el profesor de la Universidad de Valencia aprovechó una conferencia en el Senado para narrar en primera persona su testimonio y denunciar el retraso a la hora de enviar ayuda a las zonas afectadas: «¿Cómo puede ser que en 48 horas no venga nadie?», clamó en la Cámara Alta. «Ha sido muy cruel no avisar, pero es aún más cruel no ayudar con la energía que hace falta», concluyó en una clara alusión al choque institucional que se vivió entre la Generalitat de Carlos Mazón y el Gobierno de Pedro Sánchez.

Un año después ha llegado a las librerías esa novela en la que se cruzan Roma, la Galia y Egipto. En su obra, Santiago Posteguillo no ha querido perder la ocasión de reflexionar sobre aquellos días de caos, muerte y «miserables» cálculos políticos. Lo que empiezan siendo críticas más o menos veladas a la gestión de la dana, terminan con todo un capítulo dedicado literariamente a los sucesos de octubre de 2024.

Julio César contra Pedro Sánchez

Es en el marco de la histórica conquista de las Galias donde el autor nos presenta una conversación entre Julio César y Marco Antonio cargada de detalles de pura actualidad. Cuentan las crónicas que el líder romano había dividido a sus legiones para pasar el invierno, algo que fue aprovechado por varias tribus para rebelarse contra el invasor.

En este contexto, las tropas al mando de un hermano de Cicerón quedaron aisladas y bajo un peligro mortal. En la ficción de Posteguillo, César recibe la noticia y comparte con Marco Antonio su decisión de acudir en ayuda de sus hombres. Es en ese punto en el que el líder de su caballería le pregunta si no sería mejor para sus intereses consentir la derrota del hermano de uno de sus grandes enemigos políticos en la capital.

La respuesta del protagonista de la saga es contundente: «No asistir a quien nos necesita, cuando está en nuestras manos ayudarlo, por perjudicar a un enemigo político es de una bajeza moral y de una indignidad sólo propias de los miserables de la peor calaña, de seres traidores a su patria que sólo merecen la ignominia y el desprecio de todos».

La conversación continúa y podría parecer un recurso narrativo más para favorecer la tensión entre los personajes. La relación entre estas palabras y los sucesos vividos tras la dana de Valencia podrían ser una mera interpretación. Sin embargo, casi al final de Los tres mundos, nos encontramos un capítulo que se desarrolla en Egipto, pero que bien podría estar ubicado en las mismas calles de Paiporta.

Un eunuco a la carrera

Sin apenas relevancia para la trama, Posteguillo narra los problemas derivados de una fuerte crecida del río Nilo, de la que no se alertó por la incompetencia del sacerdote encargado de hacerlo. La figura de este hombre tampoco sale bien parada en la novela y las semejanzas con Mazón y su actitud aquella triste jornada serán evidentes para cualquier lector.

La acción avanza y el agua destroza algunos barrios de la Alejandría del siglo I a. C. del mismo modo en el que lo hizo en la Valencia del XXI. En este punto emerge otra figura con fácil comparación: Potino, el consejero eunuco del faraón Tolomeo XII, que decide no enviar a los soldados a ayudar a la población y así provocar un mayor enfado contra ese sacerdote incompetente. Una actitud que el autor describe en el libro como propia de personas que «sólo se mueven por la ambición, por el ansia de poder y por un narcisismo vengativo que encuentra placer en cualquier victoria política».

Es la legendaria Cleopatra la que reprocha esta actitud al consejero, quien llega a recordar que es responsabilidad de los sacerdotes «reclamar ayuda, si la consideran necesaria». La princesa toma una decisión sorprendente, pero conocida por los españoles hoy: acudir a las zonas más afectadas. Allí se cierra la escena cuando el propio Potino decide acompañar a la joven para después huir con su guardia al comprobar como la población amenaza con descargar su odio contra ellos.

Al contrario que el eunuco y su rápida evacuación, Cleopatra se enfrenta a la turba y consigue poner algo de humanidad y compasión entre tanto dolor. Un relato literario firmado por Posteguillo con una inspiración y una crítica muy fácil de interpretar.

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