Fundado en 1910
Imagen de archivo de una librería

Imagen de archivo de una libreríaEuropa Press

¿Por qué nadie publica tu novela? Los cinco errores más frecuentes que cometen los escritores noveles

La labor del escritor exige constancia, paciencia y duro trabajo, pero lo más difícil viene una vez terminado el libro: publicar

En el país de los 90.000 libros publicados al año parecería que cualquiera en España puede llegar, redactar 200 páginas y colocar la obra en El Corte Inglés de la mano de una editorial de solera.

Viendo a los autores de algunos títulos, bien parecería que esto es así y, no obstante, no lo es en absoluto.

La vocación literaria es una de las mayores fuentes de frustración personal en los tiempos en que vivimos. La tecnología y el acceso a la cultura han facilitado lo que los cursis denominan «democratización de la escritura» que encierra una explosión de la vocación a novelista.

Da la impresión de que todo el mundo quiere ser escritor en España, todo el mundo siente, de repente, un impulso irrefrenable a juntar letras, componer versos, sacar la nueva gran novela de las letras hispanas, vivir de las mieles del éxito literario y pasar a formar parte del selecto Parnaso español.

Pero lo dicho: en la mayoría de los casos, el aspirante a escritor ni siquiera es capaz de llegar a las librerías y confrontar su obra con el lector, pues se encuentra con que su manuscrito se topa con rechazos o la indiferencia de las editoriales. ¿Cuáles son los principales errores cometidos por los escritores noveles?

Es un debate que ya se ha tratado en diferentes foros, donde se suele hablar del error de tratar de publicar de entrada en los grandes sellos editoriales como Penguin o Planeta, no trabajar las redes sociales o no prestar atención a la propuesta editorial.

Esas apreciaciones son (parcialmente) ciertas. Pero es evidente que aun haciendo una concienzuda selección de la editorial (la mayoría ni siquiera aceptan propuestas no solicitadas), teniendo una nutrida comunidad en redes sociales y presentando una cuidada propuesta editorial original y atractiva, aun así sigue siendo muy complicado llamar la atención de una editorial.

En la teoría, pinta muy bien. En la práctica, hay tanta gente que quiere publicar que también las agencias literarias están desbordadas y ya es tan difícil acceder a ellas como acceder directamente a la editorial.

Entonces, ¿qué hacen mal la mayoría de los escritores noveles que les impiden conectar con las editoriales? Se pueden detallar muchos errores, pero vamos a mencionar cinco.

1.- Llegar tarde a las modas literarias

Fijarse en las tendencias editoriales del momento, los gustos del lector y la temática de los libros más vendidos es una buena estrategia para que el proyecto editorial resulte atractivo y entre en el radar de posibles títulos a publicar.

El problema es cuando la moda literaria dura años y el mercado está sobresaturado de novelas o ensayos de esa temática. Es lo que sucede en este momento con la novela negra, la novela fantástica y la novela histórica.

Estos tres géneros están completamente sobresaturados de propuestas y ni siquiera los lectores dan abasto, lo que les lleva a no fijarse en propuestas nuevas y buscan los títulos más mediáticos.

A pesar de que siguen siendo los tres géneros más vendidos, no tiene mucho sentido que hoy un escritor novel presente una novela de esa temática, ya que la competencia será feroz. En un momento así, toca esforzarse, estudiar más detalladamente el mercado, los gustos de los lectores y diseñar una propuesta original lejos de los tópicos editoriales del momento.

2.- Imitar modelos caducos

Relacionado con el punto anterior, un error frecuente es imitar a escritores de éxito que ya huelen a naftalina. Están pasados.

Imitar a los grandes escritores (sin plagiarlos) no es malo. De hecho, es así como avanza la literatura, aunque pueda parecer contradictorio. El Quijote (por apuntar alto) nace de imitar para parodiar la literatura de caballerías, que eran los grandes bestsellers de la época de Cervantes.

Es natural que los escritores tomen los avances e ideas de los más grandes y que traten de seguir su senda y, si son buenos, irán más allá y harán algo nuevo.

El problema es tratar de replicar el éxito de un escritor muy popular, a veces es un buen escritor, otras es un autor mediocre (por muy exitoso que sea), y presentar una obra que, en el fondo, resulta ser una mala copia de algo visto mil veces.

Como siempre, seguir la senda de los grandes maestros es bueno y hasta recomendable, pero siempre hay que hacer el esfuerzo de, a partir de ese modelo, hacer al nuevo y de calidad.

3.- No corregir el borrador

Parece una perogrullada, y lo es, pero en estos tiempos de inmediatez y falta de referentes hasta lo evidente hay que subrayarlo.

¿Cuántos escritores han mandado sus novelas a la editorial sin haberlas releído una vez terminadas o con una única relectura por encima? Muchos. Muchos más de lo que puede pensarse.

Es el principal error y más extendido. Cualquier obra maestra de la literatura seguramente era un mal libro en su primera versión. ¿Jack Kerouac escribió En la carretera de un tirón en un par de semanas sin una sola revisión? Según la leyenda alimentada por el propio escritor beat, sí, así es. Pero Jack Kerouac es único, y todavía está por demostrar que esa bonita leyenda sea cierta o un producto del autobombo, que Kerouac era también bastante pillo.

En el mundo de los mortales, hasta Gabriel García Márquez realizó una concienzuda y profusa labor de corrección y reescritura de Cien años de soledad, tan agresiva y detallista que la novela final no se parece en nada a la original.

Otro caso, Harper Lee realizó una corrección tan minuciosa del borrador de Matar a un ruiseñor que la versión original de la novela se ha publicado como una novela totalmente distinta con otro título, Ve y pon un centinela, porque, verdaderamente, son dos novelas totalmente diferentes.

Por muchos años que se hayan invertido en escribir un libro si no se dedica el tiempo que sea necesario (aunque sean también años) a la corrección, relectura y reescritura del original (con la opinión de terceras personas), esos años no habrán servido de nada.

4.- No buscar méritos

La escritura no es para humildes. O, mejor dicho, quizás las escritura sí, pero la publicación, no. ¿Una editorial va a publicar el libro de un escritorzuelo de tres al cuarto con su novelilla encuadernada en espiral por amor al arte o generosidad? Seguramente, no.

Una editorial publicará un libro porque apuesta por el proyecto, porque cree que podrá ser un éxito, gustar al lector y vender muchos ejemplares. No hay que olvidar que el mercado editorial es un negocio como otro cualquiera.

Por lo tanto, buscarán autores de cierto nombre, con potencial para vender. El producto no es solo el libro, también lo es el autor.

¿Eso significa que la publicación está reservada solo a famosos y escritores consagrados? Muchas veces, sí. Pero no siempre. Las editoriales también publican a escritores relativamente desconocidos, pero no desconocidos del todo.

Por eso, el aspirante a autor publicado tiene que esforzarse en hacerse un nombre, un elenco de méritos, un currículum que entre por los ojos.

Suele mencionarse las redes sociales, pero hoy las redes sociales están sobrevaloradas. Es más práctico trabajar en colaboraciones en medios y publicaciones especializadas, relaciones con otros escritores, participación en foros literarios, optar a premios de escritura…

¿Por qué la editorial «Tal» o «Cual» debería publicar tu libro sobre los faraones de Egipto? Porque eres doctor en Historia con cuatro años participando en campañas arqueológicas en el valle del Nilo, por citar un ejemplo, aunque no seas el jefe de conservación del British Museum.

¿Por qué la mencionada editorial publicaría tu novela sobre ese soldado que vuelve de la campaña de Verdún y trata de recomponer su vida en la campiña del sur de Francia? Porque has ganado dos premios literarios de narrativa breve organizados por este y aquel ayuntamiento y has logrado varias reseñas positivas en varios periódicos.

En definitiva, se trata de tener una tarjeta de visita, un muro de diplomas que hagan tu propuesta más atractiva para la editorial.

5.- No realizar un trabajo previo de relaciones públicas

Este punto es muy similar al anterior. Es, de hecho, una continuación. Pero es esencial. Cuando te presentas con una propuesta ante una editorial, lo más probable es que el correo con tu original quede perdido entre los cientos de correos con propuestas que recibirán cada día.

¿Cómo hacer para que tengan en cuenta tu propuesta y la valoren? Antes tienes que haberte dado a conocer. Tienen que saber quién eres. Si quieres ser escritor tienes que moverte por ambientes que frecuenten escritores, editores, libreros, agentes…

Ve a presentaciones de libros, foros con autores, mesas redondas, firmas, ferias del libro… Haz labor de relaciones públicas, habla con unos, con otros, comenta que estás trabajando en un proyecto editorial, sin presiones y sin el agobio de lograr un compromiso.

Se trata de cultivar el terreno y es una labor que exige tiempo, paciencia y esfuerzo. ¿Esto significa que para entrar en una editorial hace falta un padrino de dentro que te recomiende? No exactamente. Eso es algo que sucede, para qué negarlo. Pero no es necesario. Se trata, al igual que en el punto anterior, de tener una tarjeta de visita y diferenciarte de los 200 manuscritos que el editor recibirá cada día en su carpeta de spam.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas