Ana María Matute durante la ceremonia del Premio Nadal 2008
Diez frases soñadoras de Ana María Matute, la escritora que inventó mundos para pasar la vida en ellos
La RAE celebra este lunes un acto por el fin del centenario de la autora barcelonesa, quien ganó todos los premios literarios importantes (incluso estuvo nominada al Nobel) a través de una ficción personalísima y fantástica que incluyó profundas durezas vitales
Este lunes la RAE celebra con un acto el siglo del nacimiento de Ana María Matute, la escritora que nunca dejó de ser niña por decisión propia e íntima y al paso del tiempo le opuso sus cuentos donde voló, como Wendy con Peter Pan, durante toda su vida.
El eventó será coordinado por la académica Soledad Puértolas y en él participarán los también miembros de la institución Luis Mateo Díez, Pedro R. García Barreno, José María Merino, Carme Riera, Paloma Díaz-Mas, Clara Sánchez y el secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), Francisco Javier Pérez.
«La Matute»
Había que inventar para sobrevivir. Y en la invención, en el sueño despierto, encontró Matute («la Matute» se decía a sí misma) su lugar en el mundo. Una niña que lo fue todo y lo ganó todo en su literatura-mundo.
Fue académica (la tercera mujer de siempre), Premio Cervantes, Premio Nadal (dos veces), Premio de la Crítica, Premio Nacional y hasta Premio Planeta. Fue levemente más cuentista que novelista, por lo que esto no hace desmerecer un género del otro en sí misma. También fue una destacada y atrevida y moderna narradora infantil.
diez frases de ana maría matute:
«El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad».
«Siempre he creído, y sigo creyendo, que la imaginación y la fantasía son muy importantes puesto que forman parte indisoluble de la realidad de nuestra vida».
«A veces pienso que me caí de otra galaxia».
«Si no hubiese podido participar del mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventarme mis propios mundos, me habría muerto».
«La literatura es el sentido mágico de la vida».
«El Quijote es el primer libro con el que he llorado, con la muerte del Quijote, por todo lo que significa: el dejar que la locura desaparezca. Eso es terrible. El triunfo de la sensatez».
«Todo me produce asombro, lo que dice la gente, lo que hace...».
«Nunca me he desprendido de la infancia, y eso se paga caro. La inocencia es un lujo que uno no se puede permitir y del que te quieren despertar a bofetadas».
«La infancia es el periodo más largo de la vida».
Como si hablara con los suyos, con los niños, en El país de la pizarra, con Paulina o El saltamontes verde. Como niña empezó a escribir antes de que los tenistas empiezan a empuñar sus raquetas tan grandes como ellos. Un niño tenista entrena mucho, pero la niña escritora Ana María no dejó de hacerlo nunca.
Ana María Matute junto a los reyes de España el día que recibió el Premio Cervantes en 2011
Por gusto, por impulso, por naturaleza. Una escritora natural que aspiraba a todo en su fantasía inagotable y lo consiguió todo en la realidad: el viaje de Wendy al País de Nunca Jamás y vuelta. Fue niña enferma y enviada a climas mejores como el protagonista de Qué verde era mi valle.
El valle de Ana María también fue siempre verde, incluso cuando la guerra lo cambió todo. El dolor, las privaciones y la muerte acentuó su aislamiento, su huida, la separación entre el mundo real y el del sentimiento: la mirada que se volvió distinta para siempre en su personalidad inmutable.
'Peter Pan'
Fue infeliz en su matrimonio fallido y encontró la pena con la muerte de su verdadero amor. Amiga de Cela, atravesó la depresión adulta y la sequía de sus relatos de inspiración infantil. Fue objeto de la censura franquista, para la que los mundos volátiles, fantásticos y a la vez duros y reales eran peligrosos, seguramente por incomprensibles.
El paso del tiempo fue un tema recurrente con la infancia como anclaje y como antídoto o paliativo de la vida y sus circunstancias. Dicen que tenía en su mesilla de noche el Peter Pan de J. M. Barrie, y que lo leía antes de acostarse como si fuera su manual de vida y de dulces sueños.