Cuando Papá Noel es racista, esclavista y machista es que el Reino Unido (y España) tiene un problema
La directora de «cambio cultural» del Museo británico estatal de Brighton y Hove ha recibido más de un millón de euros de financiación del Gobierno británico para «descolonizar», entre otras barbaridades, a Papá Noel. Que se preparen los Reyes Magos
Escena de Milagro en la Calle 34 (1947)
Charles Dickens, gloria de las letras inglesas, probablemente no reconocería su nación dos siglos después. Y es difícil a pesar del tiempo. Incluso en las ficciones cinematográficas sobre viajes al futuro siempre hay algo reconocible del pasado.
Alfonso Guerra dijo aquello, en los albores de la democracia, de que a España no la iba a reconocer «ni la madre que la parió». En Reino Unido parecen estar ahora en ese afán: no quieren que lo reconozca ni los padres que en buena medida lo «parieron», como Dickens, cuando Papá Noel oficialmente es esclavista, racista o machista, entre otras perlas.
El primer ministro Starmer hace las veces de Guerra, pero de una Guerra mucho más nocivo, si se va a suponer que el antiguo vicepresidente español alguna vez lo fue, visto en lo que ha derivado la política y en particular el socialismo patrio.
Un Papá Noel «blanco y occidental»
Manuel Summers escribió y filmó aquellas películas llamadas To er mundo é güeno, donde se podía ver la reacción de la gente común ante situaciones absurdas provocadas por el director. Una suerte de distintas cámaras ocultas convertidas en largometraje.
Pues bien, en el XXI casi todos los políticos de antes son «güenos» en comparación a los de ahora. El Gobierno británico apoya al Museo estatal de Brighton y Hove, donde aseguran que Papá Noel no es el afable señor de barba blanca que conduce un trineo tirado por renos y trae regalos y felicidad a los niños, sino una suerte de torturador que no merece ya seguir viviendo en la imaginación tal y como lo ha hecho durante siglos.
Decolonizando a Papá Noel es una suerte de ensayo (que hará las delicias de Urtasun) escrito por la «directora de cambio cultural» (Simone LaCorbinièr se llama) del Museo inglés. Según esta experta, existe un problema serio, «que se repite cada Navidad» por «la problemática historia de un Papá Noel blanco y occidental que juzga el comportamiento de todos los niños».
Por ahí empieza y por ahí sigue, claro, la «directora de cambio cultural» para «cuestionar las narrativas aceptadas» porque sí. En realidad se trata de destruir («reinterpretar» lo vienen llamando en todos los géneros y usos culturales desde hace años) la cultura occidental desde el mismo Estado que debería sostenerla.
Para LaCorbinièr, la figura de Papá Noel obliga a «aceptar las suposiciones coloniales de superioridad cultural» y «No reconoce las complejas realidades que enfrentan los pueblos colonizados». Esto, que es terriblemente sectario, casi se diría propio de una historia de terror, es, sin embargo, terriblemente familiar en los usos y costumbres de la cultura gubernamental española.
Símbolo capitalista
El asunto llega hasta el punto en que, para la «directora de cambio cultural», Papá Noel es un símbolo capitalista e incluso esclavista por «oprimir» a los elfos. Sectarios e imbéciles, pero en el poder: esta persona ha sido nombrada por el Gobierno británico, la misma persona que afirma que Papa Noel es racista porque tanto él como sus esclavos, los elfos, son blancos.
A la Navidad ni siquiera se le puede llamar «blanca», y hay que poner a Papá Noel a trabajar con los elfos, quienes deberían crear un sindicato. Tiene que haber Papás Noeles de todas las razas porque lo dice una señora avalada por el Gobierno británico que también pide que Mamá Noel tome el control de su hogar. Esta iniciativa ha sido financiada por el Estado inglés con un millón de euros.
No es una broma, aunque lo parezca, sino un problema serio a propósito de «la problemática historia de un Papá Noel blanco y occidental que juzga el comportamiento de todos los niños» y que no es de tradición española. Así que se preparen los Reyes Magos.