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El académico de la RAE Darío Villanueva

El académico de la RAE Darío VillanuevaRAE

Darío Villanueva: «Si el Gobierno quisiera colonizar la RAE, tiene instrumentos mejores que García Montero»

El académico y exdirector de la Real Academia indaga como los bulos se han instalado en nuestra sociedad, defiende verdades como puños –como que no podemos a estas alturas permitir la censura–, y practica el sentido común sin desmayo

El día que concerté la cita con Darío Villanueva (Villalba, Lugo, 1950), profesor emérito en la Universidad de Santiago, de la que fue rector, tenía de música de fondo Lux de Rosalía como botón de muestra de que este virtuoso del lenguaje se mueve como pez en el agua tanto en lo más actual como en las frases hechas, que considera enriquecen nuestra lengua.

Escritor prolífico, en sus últimos ensayos, El atropello a la Razón (Espasa), Poderes de la palabra (Galaxia Gutenberg), y el primero, convertido en clásico, Morderse la lengua (Espasa), indaga como los bulos se han instalado en nuestra sociedad, defiende verdades como puños –como que no podemos a estas alturas permitir la censura–, y practica el sentido común sin desmayo.

Cuando se termina la conversación en el salón de pastas en el interior de Felipe IV 4, donde se encuentra su retrato realizado por María Bisbal, el dueño de la letra D de la Real Academia Española (RAE), que dirigió entre 2014 y 2018, se piensa en darle una vuelta a la leyenda negra. Si así fuera, en su pluma, promete ser un ensayo exhaustivo y ameno como su última e imprescindible trilogía.

Poderes de la palabra de Darío Villanueva

Poderes de la palabra de Darío Villanueva

–El sentido común, que aparece como hilo conductor en su trilogía, ¿es el único que nos puede ayudar a descubrir bulos y patrañas?

–Sin duda. El sentido común es un sentido profundamente democrático para interpretar la realidad y actuar en consecuencia. La clave está si las personas, independientemente de la formación académica, aplican el principio de Kant, sapere aude, atreverse a saber, a interpretar la realidad, y valorarla antes de tragársela tal y como venga cocinada por los medios.

Hay medios de comunicación que son absolutamente proliferantes, virales, y hay un bombardeo continuo donde está circulando mucha falsa moneda. Probablemente con mayor intensidad que en épocas anteriores. Por supuesto, la mentira, la falsedad, el bulo han existido siempre. El propio Maquiavelo en El Príncipe lo describe. La mentira ha sido un instrumento político y de confusión del pueblo, pero nunca había alcanzado el predominio, la influencia extraordinaria que tiene hoy. La vacuna contra esta infodemia, esta pandemia de la información excesiva y mentirosa, es el sentido común y las bases de un racionalismo ilustrado.

Hay un principio contra el que combato: pensar que las palabras son culpables de los errores, defectos y maldades, cuando es exactamente al revés

–Reflexiona que sería muy fácil arreglar el mundo simplemente por dejar de dar nombre a lo que nos hiere o desagrada, ¿qué opina de la proposición no de ley aprobada en el Congreso para promover un uso responsable de la palabra cáncer?

–Los dueños de la lengua son los propios hablantes. De manera que cualquier injerencia del poder, la historia demuestra que ha tenido escasísimo éxito. Hay un libro de Víctor Klemperer, filólogo judío alemán perseguido, titulado Lingua Tertii Imperii, la lengua del Tercer Reich, que cuenta como el Reich intentó intervenir la lengua alemana y el resultado fue absolutamente irrelevante, porque la lengua resiste. No olvidemos que Hitler prometió que el Tercer Reich iba a durar mil años y duró tres legislaturas. Ejercer una especie de censura lingüística sobre las palabras, aparte de inconveniente, es fútil, no tiene ninguna viabilidad. Hay un principio contra el que combato: pensar que las palabras son culpables de los errores, defectos y maldades, cuando es exactamente al revés, esas realidades existen y luego reciben palabras que las designan.

Más grave y peligroso es cuando el poder político asume y aplica los principios de esos grupos que promueven la corrección política

–¿No va entonces a ningún puerto?

–Es otra de esas manifestaciones entre frívolas y absurdas que desafortunadamente se están produciendo. También hay que destacar la llamada corrección política, que interviene directamente sobre el lenguaje y es una forma de censura. Le llamo la censura posmoderna, que no nace en el seno de un poder establecido, sino en la sociedad civil a través de imposiciones de grupos, tendencias, modas o sectas, y que se irradian al conjunto de la sociedad. Aunque más grave y peligroso es cuando el poder político asume y aplica los principios de esos grupos que promueven la corrección política, y pasamos a la censura gubernamental. Para ese viaje no necesitábamos alforjas.

–A su vez, el Ministerio de Igualdad alerta del término «Charo» como insulto a las mujeres.

–Esa palabra existe. Esa palabra no la ha inventado nadie en concreto y mucho menos la Real Academia Española. Perseguir penalmente a quien en el ejercicio de su libertad idiomática quiere utilizar esa palabra, no tiene mucho recorrido. Por supuesto, quien la use se retrata, demuestra qué tipo de persona es. Otro error es pensar que las palabras que designan cosas inconvenientes son de uso obligatorio. Cada uno al hablar nos estamos retratando, y nadie nos obliga a utilizar determinadas palabras, igual que tampoco nadie nos puede obligar a no utilizar otras.

El académico Darío Villanueva

Retrato del académico Darío Villanueva

–Tendríamos su opuesto en la palabra «Cayetano».

–Las palabras no solo significan lo que está en su base semántica, sino también la circunstancia concreta que puede aportar. Quién la usa, en qué momento, con quién y con qué intención. Permítame usar una palabra que no utilizo frecuentemente. La palabra cabrón es un insulto. Pero si estás con un amigo tomándote una caña y te cuenta una tontería que ha hecho, y le dices: Pero, ¡qué cabrón eres, Pepe! Eso no es un insulto. La palabra es la misma, pero el contexto de la situación libera esos componentes absolutamente negativos. Esa es la clave.

No hay que confundir la gramática con el machismo

–¿Se quiere imponer el género a la gramática?

–Siempre digo que no hay que confundir la gramática con el machismo. Son dos cosas completamente distintas. Por ejemplo, a través de la cuestión del llamado lenguaje inclusivo. Hay muchas lenguas, entre ellas el español, en donde el masculino es género inclusivo, lo cual no quiere decir que los conferenciantes al iniciar su intervención no dijeran: Señoras y señores. O en una clase: Los niños y las niñas. Eso es normal. Otra cosa es la generalización de ese lenguaje inclusivo con carácter impositivo, aduciendo que esa estructura gramatical de nuestro idioma, que es el masculino genérico, es una agresión contra la condición femenina y un sistema de opresión por parte del heteropatriarcado.

–Hace un alegato de que la RAE no puede permitir la censura ni que el Diccionario prescinda de vocablos en función de que puedan resultar ofensivos, ¿vamos por ese camino?

–No, nunca hay que perder la calma. Las cosas tienen su lógica interna y hay que ver cómo evoluciona. En la campaña electoral del anterior presidente de la República Argentina, uno de los temas centrales fue el uso de la letra e para neutralizar la o y la a como morfemas de los dos géneros. La campaña se convirtió en un estandarte, de una manera extraordinariamente agresiva: argentines, todes, etcétera. Ese señor ahora no es presidente de Argentina y está incurso en un proceso judicial por violencia de género. Y pregunto: ¿Qué es más importante esto segundo o lo primero? ¿La conducta o la letra? Evidentemente es más importante la conducta. Por tanto, como carece de sentido común, va a tener un recorrido muy limitado, y aunque se le ha dado mucho auge, las aguas volverán a su cauce.

La propaganda siempre ha existido por parte de los regímenes y gobiernos

–Como ese ejemplo argentino, ¿ocurre igual cuando se habla del Gobierno más progresista y feminista, pero está en curso en distintas denuncias por acoso sexual?

–La propaganda siempre ha existido por parte de todos los regímenes y gobiernos. Los ciudadanos debemos saber cribar las informaciones que vienen de fuentes de propaganda, y atreverse a enjuiciar, a criticar y a tomar decisiones. El sentido común refuerza el principio de que por sus obras los conoceréis. No es tanto una cuestión de palabras, sino una cuestión de obras. Y las obras son mucho más poderosas como argumento que las propias palabras.

–La tergiversación sistemática de la realidad impone un relato alternativo de los hechos, ¿se ha visto con la sentencia del fiscal general del Estado «que quería ganar el relato»?

–Sí, claro. Con esa especial sensibilidad hacia las palabras que tengo desde niño y que se ha incrementado al ser académico, compruebo que no hace mucho el término que se utilizaba era discurso, más ambicioso, porque parece incluir algún elemento de consideración argumental, de interpretación y justificación, mientras que el relato es una narración sin más. Ahora se habla de relato y se designa con ello la verbalización interesada y muchas veces manipuladora de la realidad para ajustarla a los intereses de cualquier tipo.

Dentro de esta deconstrucción de la razón, está el descrédito a la autoridad, sabiduría y formación

–Y se crean dos relatos, que se construyen con frases sacadas del contexto de la sentencia…

–Hay que introducir otro elemento importantísimo. Dentro de esta deconstrucción de la razón, está el descrédito a la autoridad, sabiduría y formación. Los magistrados son personas con una amplia trayectoria de dedicación a la jurisprudencia y al ejercicio de la ley. En este tema soy especialmente sensible. Mi padre era magistrado y aunque le salí rana, porque no hice Derecho como él quería, viví muy de cerca esa enorme responsabilidad basada en el respeto y la aplicación exacta de las leyes. En vez de buscarle las cosquillas en base de párrafos sueltos, parto de que esa sentencia acordada por cinco magistrados del Supremo obedece a un principio de conocimiento de la causa y de aplicación estricta de la ley. Es una resolución que merece todo el respeto. Creo en la diferencia entre ignorancia y sabiduría, entre irresponsabilidad y responsabilidad, y para mí los magistrados del Supremo son sabios y responsables.

El procés está bajo mínimos y es un gran fracaso

–La posverdad del procés, que menciona en El atropello a la Razón, ¿ha ganado el relato con la aprobación de la Ley de amnistía?

–El procés, utilizando la palabra catalana, hoy en día está bajo mínimos. Prometía una independencia de Cataluña en unas condiciones verdaderamente maravillosas, ignorando que, según el Tratado de la Unión Europea, cualquier territorio que se desmembrara del Estado inmediatamente pasa a estar fuera de la Unión Europea y tendría que comenzar un proceso de solicitud de ingreso. Basta que uno vetase la incorporación de una Cataluña independiente a la Unión Europea para que no pudiera realizarse. Es un gran fracaso y se está comprobando las disensiones internas de los partidos independentistas con la emergencia de un nuevo partido de corte xenófobo que está arañando muchos apoyos de lo que era la vieja Convergència i Unió. Se ve refrendado por el hecho de que, según las encuestas demoscópicas, la opción independentista entre la población catalana es minoritaria.

–¿La ley de Amnistía ha sido un pan con dos tortas?

–Son dos cosas completamente distintas. La ley de amnistía es una posibilidad que existe, pero se ha aplicado de una manera muy poco convincente, porque la amnistía significa el olvido. Sin embargo, la parte condenada ha insistido por activa y por pasiva que no olvida nada y que lo volverá a hacer. Eso desautoriza por completo, desde un punto de vista racional, la aplicación de esa amnistía.

El sesgo de confirmación es una tendencia por la cual acabamos prefiriendo la mentira a la verdad evidente que se nos demuestra

–Decía Maquiavelo en el siglo XVI que la mentira forma parte de los recursos propios de la práctica política, ¿sigue resultando obsceno?

–En una traducción de la Biblia que hicieron nuestros judíos expulsos de Ferrara, en el Qohéleth, que es el libro que en la Vulgata se conoce como el Eclesiastés, está la frase: Nihil novum sub sole. Cuya traducción es muy potente: Y no nada nuevo debajo del sol. Hay un adanismo de que todo comienza ahora y no hay antecedente de nada. No seamos tan ignaros como para sostener tal cosa. La mentira ha existido siempre y es una forma de manipular desde el punto de vista político a la ciudadanía. También hay un problema interesante que ha puesto en circulación la psicología social, que se llama el sesgo de confirmación. Es una tendencia por la cual acabamos prefiriendo la mentira, a la verdad evidente que se nos demuestra. Esto lo conecto con Maquiavelo cuando aduce que el príncipe no tiene que preocuparse demasiado por sus mentiras, porque siempre podrá encontrar razones para justificarlas. Y esas mentiras encuentran una buena acogida, porque los súbditos están deseando que les mienta. Es un asunto muy grave cuando el que miente lo hace sin tiento, porque sabe que aquellos a los que va a mentir están deseando que se les mienta.

–Pedro Sánchez invocaba en noviembre de 2020 en un debate televisivo que «no hay nada más fuerte que la verdad», ¿ahora serían los cambios de opinión?

–Todos tenemos que admitir la posibilidad de cambiar de opinión. Es una manifestación de inteligencia y de sentido común. Uno puede tener una opinión sobre algo, y luego los hechos, las evidencias, le aconsejan cambiarla. Cambiar de opinión es malo cuando se convierte en una práctica absolutamente habitual. Es la caída del caballo camino de Damasco de Pablo de Tarso. Eso pasa una vez, pero que uno esté cayéndose del caballo continuamente y que al final haga de ello casi un deporte hípico es lo sorprendente.

Luis García Montero y la RAE

–¿Qué le ocurre a Luis García Montero con la RAE? Le acusó de decidir por su cuenta que Panamá acogiera el Congreso de la Lengua.

–Es triste y preocupante lo que ha ocurrido. Después de volver de Arequipa, publiqué un artículo que es uno de los mantras de mi familia: Cuando las cosas van mal, hay que esforzarse para que no empeoren. La colaboración entre el Cervantes y la Academia es absolutamente fundamental. Al margen de los CILE (Congresos Internacionales de la Lengua Española), insisto en la absoluta complementariedad de los dos organismos. El Instituto Cervantes es un organismo del Estado español creado para ocuparse del español allí donde no se habla. Y la RAE es un organismo no estatal que se dedica a trabajar con el español donde se habla. De la unión de las dos, no se pueden esperar más que beneficios. Espero que ese desencuentro, que ha tenido elementos de profunda inoportunidad, desaparezca en el momento que al frente de las dos instituciones no estén esas mismas personas. Mientras habría que hacer todo lo posible para que las cosas no empeoren.

–García Montero se mantiene en sus treces y ha vuelto a cargar contra Santiago Muñoz Machado diciendo que la RAE necesita de líder a un «filólogo de calidad» y no a «un abogado de negocios».

–La preocupación es grande. Los CILE, que han tenido hasta ahora diez convocatorias, son 30 años, porque se realizan cada tres, tienen que continuar, porque son absolutamente insustituibles. El problema está en que acabamos en Arequipa sin que se anunciará la sede del próximo CILE, como era habitual, casi preceptivo. También de manera inusual, en esa ceremonia no estuvieron presentes ni el director del Cervantes ni el director de la Real Academia Española. Estuve allí e intervine en la sesión de clausura, porque presenté la edición conmemorativa de la poesía de César Vallejo, y ese día sentimos la enorme preocupación de que nos íbamos sin llevar en la mochila la buena nueva de donde iba a realizarse el próximo Congreso

No le veo ni pies ni cabeza a la hipótesis de que García Montero actúe así pensando que Juan Luis Cebrián pudiera ser el próximo director de la RAE

–¿La decisión de Panamá ha sido solamente por parte de la RAE?

–Hablo de lo que viví. Tradicionalmente se acordaba el lugar de realización después de contar con el compromiso de los posibles candidatos. Esa decisión se tomaba mediante un acuerdo donde intervenían las Academias y el Instituto Cervantes, que al final tenía que firmar el convenio internacional con el país al que habíamos agraciado con la concesión del Congreso.

–Y esta vez no se hizo así… ¿Hay un mar de fondo en las acusaciones de García Montero, quizá pensando que el próximo director de la RAE pudiera ser Juan Luis Cebrián?

En mi opinión, ha sido algo absolutamente infundado y extemporáneo. No le veo ni pies ni cabeza a esa hipótesis.

–Arturo Pérez Reverte ha acusado al Gobierno de querer colonizar la RAE.

–Si el Gobierno quisiera colonizar la RAE, tiene instrumentos mucho más poderosos que Luis García Montero para hacerlo.

La entonces vicepresidenta del Gobierno echó un borrón sorprendente de que había que modificar la Constitución porque estaba escrita en masculino

–¿Cuándo se rechazó el lenguaje inclusivo en la Constitución se puso el foco del actual Gobierno en la RAE?

–No lo creo, porque además eso lo viví en primera persona. Fui el que recibió el primer envite, en el mes de julio del 2018, fíjese que era el año que se conmemoraba el trigésimo aniversario de la aprobación de la Constitución más benéfica de nuestra historia. Asombrosamente, de manera paradójica, la entonces vicepresidenta del Gobierno en sede parlamentaria echó un borrón sorprendente, por no decir estrambótico, de que había que modificar la Constitución porque estaba escrita en masculino. En mis primeras declaraciones dije que, si el Gobierno y el Parlamento piden un informe, ¡cómo no lo va a hacer la Academia! Pero añadía que no creía que hubiera los mimbres necesarios para hacer ese cesto. Había que tener un altísimo consenso en el propio Parlamento para que aprobara la nueva Constitución. Aquello en la España del 2018, menos todavía hoy, me parecía descabellado. También era un brindis al sol solicitar a la Academia un informe cuando se sabía que iba a contestar, porque ya se había pronunciado cuando publicó y aprobó en pleno un informe elaborado por Ignacio Bosque titulado Sexismo lingüístico y condición de la mujer. Por mi parte, terminé de ser director por voluntad propia, no quise presentarme a la reelección en diciembre de 2018, y aunque el informe estaba hecho y lo presenté en el pleno, el nuevo director demoró su presentación pública.

A veces se suele descalificar como bulo algo que después se demuestra que no era tal. Hay un doble juego. Y ahí está la discriminación propia del sentido común

–El Instituto Cervantes invita a reescribir el Quijote desde perspectivas ecológicas o de género a través de la inteligencia artificial, ¿demasiado revisionismo?

–Es una pura ocurrencia que no tiene ni pies ni cabeza, y en nada me preocupa en relación al Quijote. Es un clásico universal reconocido por todos. Recuerdo que Harold Bloom, el crítico de Yale especialista en Shakespeare, en su libro sobre la literatura sapiencial, el capítulo central lo dedica a comparar Cervantes y Shakespeare. Reconoce que Cervantes le supera porque los personajes de Shakespeare se manifiestan a través de monólogos, mientras que los del Quijote a través del diálogo y de intercambiar perspectivas. Esto es quizás una práctica lúdica, pero el Quijote está donde está y nadie lo va a mover.

–¿Firmar manifiestos a favor de un Gobierno denunciando una campaña de bulos o medias verdades sería una posverdad?

–Los manifiestos de apoyo al Gobierno o a la RAE son bienvenidos. Forma parte de la democracia y no hay nada que objetar. Por otra parte, si los bulos que se aducen son auténticos bulos, va en contra del buen funcionamiento de una democracia, para lo que el uso recto de las palabras es absolutamente fundamental. También es verdad es que a veces se suele descalificar como bulo algo que después se demuestra que no era tal. Hay un doble juego. Y ahí está la discriminación propia del sentido común, que hay que practicar continuamente sin desmayo.

La cancelación es el brazo ejecutor de la censura posmoderna

–Otro de sus temas es la cancelación, ¿sería el caso de Juan Soto Ivars por contar que hay denuncias falsas de mujeres por violencia de género?

–La cancelación es el brazo ejecutor de la censura posmoderna. La censura de siempre la ejercía el poder político o el religioso. La censura posmoderna, que es la corrección política, no nace del Estado ni de la Iglesia, sino de la propia sociedad civil. Las personas que son sometidas a cancelación, que significa la muerte civil, desaparecen del mapa, son ninguneados. Y, a veces, son sometidos a escraches como es este caso. Uno tiene derecho a escribir un libro con las ideas que tenga. No significa que haya que acatarlas ni aplaudirlas, simplemente respetarlas. Eso es la libertad de expresión, que es un principio básico.

–¿Se está despertando y se desinfla el movimiento woke?

–Hay modas que parece que tienen mucha vigencia y son como globos que suben con mucha fuerza, pero que luego se van desinflando y acaban cayendo. Está sucediendo porque se ha llegado demasiado lejos y se han traspasado todas las fronteras de lo admisible por muchas tragaderas que tuvieses. La gente acaba cansándose de tener que tragar sin establecer un filtro. Es muy significativo lo que ha ocurrido en el claustro de la Universidad de Valladolid, que acaba de acordar por una abrumadora mayoría que los estatutos no tienen que traducirse a lenguaje inclusivo, porque están muy bien escritos con las pautas y las normas de la lengua española. Siempre me pregunto quién será el guapo que va a conseguir convencer que en vez de decir todos o todas hay que decir todes, quién será capaz de convencer a 600 millones de hablantes del español.

Es cierto que la leyenda negra nació del interés de otras potencias europeas, y llega hasta hoy con ese revisionismo de peticiones de perdón continuas, ignorando que la civilización europea llegó a América gracias a España

–¿Habrá un próximo libro sobre las leyendas negras de las colonizaciones que ya apunta en El atropello a la Razón?

–Ese tema me interesa, porque tiene elementos relacionados con la posverdad, con la sustitución del conocimiento histórico por una manipulación deliberada siempre en función de intereses. Es cierto que la leyenda negra nació del interés de otras potencias europeas, y llega hasta hoy con ese revisionismo de peticiones de perdón continuas, ignorando que la civilización europea llegó a América gracias a España y eso significó universidades, imprenta, escritura alfabética, gramáticas de las lenguas amerindias, la religión, que también tuvo una importancia enorme, y no digamos la lengua. Todo eso es un caudal positivo que hay que poner en valor. Hay algunos movimientos relacionados con la deconstrucción posmodernista, que van en la misma dirección, como es el multiculturalismo, el poscolonialismo o el antieurocentrismo. Recuerdo un hecho de hace unos años, que empezó a circular en las redes una campaña promovida por un economista reclamando al Gobierno la demolición del acueducto de Segovia. El argumento era que no se podía comprender como en una democracia se mantenía en pie un edificio que era el símbolo de la opresión de los romanos sobre los íberos y, por tanto, había que demolerlo y construir allí un centro de investigación sobre la opresión colonialista. Algunos importantes filósofos han insistido en la idea de que todos los procesos de civilización han ido acompañados de procesos de violencia y eso ha ocurrido a lo largo de la historia.

Los representantes del Gobierno de España debieran de ser militantes en la defensa de las aportaciones positivas que España ha hecho a lo largo de la historia

–¿Es absurdo que el Ministerio de Asuntos Exteriores pida perdón por la conquista de México?

–Los representantes del Gobierno de España debieran de ser militantes en la defensa de las aportaciones positivas que España ha hecho a lo largo de la historia. No negar los errores y las sevicias que se hayan podido cometer, pero al mismo tiempo contraponer la otra cara de la moneda, que no es de poco valor, sino de mucho valor. Me gustaría ver que precisamente ahí es donde se baten el cobre los representantes de la España de este momento.

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