Orgullosos de una etapa gloriosa de la cultura española
Comienza la serie Historias del 27, para preparar el camino de conmemoración de una generación de literatos irrepetible
Momento fundacional de la Generación del 27 en el Ateneo de Sevilla
El año que ahora comienza debe servir para preparar la gran conmemoración del año siguiente: el centenario de la llamada generación del 27.
El prólogo oficial ya ha sido lamentable. Conviene no olvidar dos hechos. Ante todo, en la Comisión nacional creada para pilotar esa conmemoración, el vicepresidente es Ángel Víctor Torres. ¿Por qué? Porque, además de ministro de Política Territorial, lo es también de Memoria Democrática y la celebración oficial del centenario del 27 se inscribe dentro de los actos conmemorativos de los cincuenta años de la muerte de Franco…
No se asombren: ni han leído mal ni es una errata. Las fechas cantan. El acto inaugural del 27 tuvo lugar en Sevilla el 16 de diciembre de 1927; Franco murió en Madrid cuarenta y ocho años más tarde, el 20 de noviembre de 1975; en 1927, tenía 31 años, había ganado prestigio por su actuación en la guerra de África, acababa de ser nombrado director de la Academia General Militar de Zaragoza, que se inauguraría el año siguiente.
¿Qué tiene que ver la generación del 27 con la muerte de Franco? Sólo Pedro Sánchez y sus ministros lo saben…
Segundo disparate oficial. En la presentación de los actos conmemorativos del 27, Urtasun evitó mencionar a Ignacio Sánchez Mejías, a pesar de que jugó un papel decisivo en el acto fundacional de Sevilla. También evitó referirse a la tauromaquia, a pesar de que en ningún momento de la historia ha estado tan unida a nuestra poesía.
Los disparates se acaban pagando (aunque a veces tarden). Con su error, el actual ministro de Cultura ha conseguido situar de nuevo en el foco de la actualidad a Ignacio Sánchez Mejías –tenemos que estarle agradecidos por ello– y ha tenido que recular. Lo mismo sucedió cuando dijo que Miguel Hernández había sido asesinado, confundiéndolo quizá con García Lorca.
Al margen de estos dislates gubernamentales, el año 2027 vamos a celebrar el centenario de una de las etapas más gloriosas de nuestra cultura.
Dentro de ella, destacan ocho poetas de primera fila mundial: García Lorca y Alberti, Salinas y Guillén, Aleixandre y Cernuda, Gerardo Diego y Dámaso Alonso. Estos ocho son los más ilustres, pero no los únicos poetas importantes. Debemos recordar también, por ejemplo, a Fernando Villalón, Adriano del Valle, Rafael Laffon, Moreno Villa, Juan Chabás, Romero Murube, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, José María Hinojosa, Carmen Conde, Alejandro Collantes de Terán…
No fueron sólo poetas. En esas fechas brillaron también ensayistas como Bergamín, María Zambrano, Giménez Caballero, Corpus Barga, Antonio Espina, Cansinos Asséns.
Novelistas como Francisco Ayala, Rosa Chacel, Benjamín Jarnés, Max Aub, Ramón J. Sender, Mauricio Bacarisse, Valentín Andrés Álvarez, Carranque de Ríos, Arconada.
En el teatro, Gregorio Martínez Sierra y Maria Lejárraga, Alejandro Casona, Margarita Xirgu.
En el humor, la llamada «otra generación del 27», los que fueron a Hollywood: Jardiel Poncela, López Rubio, Edgar Neville, Miguel Mihura.
En la música clásica, Falla, Ernesto y Rodolfo Halffter, Óscar Esplá; en Madrid, Gustavo Pittaluga, Rosa García Ascot, Julián Bautista, Fernando Remacha y el crítico Adolfo Salazar; en Cataluña, Roberto Gerhard, Eduardo Toldrá, Federico Mompou.
Contribuyeron decisivamente a la revalorización del flamenco Pastora Imperio, La Argentina, La Argentinita, Pilar López, Vicente Escudero.
En la pintura, destacaron Salvador Dalí, José Caballero, Benjamín Palencia, Maruja Mallo, Gregorio Prieto, Cossío, Bores.
En la arquitectura, Arniches, García Mercadal, Blanco Soler, Fernández Shaw.
En el cine, Luis Buñuel, Benito Perojo, Florián Rey, Imperio Argentina.
En la llamada Edad de Plata del toreo, Marcial Lalanda, Domingo Ortega, Chicuelo, Granero, El Niño de la Palma, Juanita Cruz…
Vinculados a la Residencia de Estudiantes estuvieron científicos como Blas Cabrera, Miguel Catalán, Julio Palacios, Calandre, Madinaveitia, Rodríguez Lafora…
Disculpe el lector esta ristra de nombres, que fácilmente puede ampliarse: basta para dar una pequeña idea de la riqueza cultural de aquella España.
Políticamente, coincide el 27 con Primo de Rivera y con la llegada de la República.
Cronológicamente, es el período de entreguerras, después de la primera guerra mundial y antes de la segunda: los «felices años veinte».
Estéticamente, es el momento de las vanguardias, divulgadas en España por Ramón Gómez de la Serna y por Guillermo de Torre: surrealismo, futurismo ultraísmo, dadaísmo, creacionismo… Rompen entonces con las normas clásicas y provocan al público conservador Marinetti, Picasso, Stravinski, Erik Satie, Dalí, Luis Buñuel…
Inauguro con este artículo una sección semanal en El Debate. La he titulado «Historias del 27». No se asusten: no es una historia erudita, académica, aunque sí esté documentada; no seguiré el orden cronológico.
No pretendo descubrir nada sino divulgar algunos datos y algunas frases de la época; más de una vez, recordaré anécdotas pintorescas, divertidas: los personajes que ahora vemos como figuras consagradas eran entonces jóvenes irreverentes, a los que les gustaba escandalizar.
Estas historias del 27 pueden ayudarnos a valorar una etapa gloriosa de la cultura española, de la que hemos de estar orgullosos. Debemos conocerla y conmemorarla dignamente, sin exclusiones sectarias.