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La comedia publicitaria de David Uclés se adentra en la autocaricatura

Es como si en el ataque constante a lo clásico ya no se salvara ni el personaje escritor, que está siendo desvalijado por el reciente Premio Nadal

El escritor David Uclés tras recibir el galardón como ganador del Premio Nadal 2026 por La ciudad de las luces muertasEFE

Sí, el personaje. Ya lo sabe casi todo el mundo que para vender muchos libros viene bien convertirse en personaje. Esto es de hoy y de siempre. De antiguo. Es la autocampaña promocional que se ha dado, se da y se dará a lo largo de los tiempos, no en todos los autores, por supuesto, pero sí en muchos.

Y entre esos muchos en distintas gradaciones, la de David Uclés, en el presente, en la gradación máxima. Hay que tener prudencia. El autor de la novela éxito de ventas La península de las casas vacías y reciente ganador del último Premio Nadal por La ciudad de las luces muertas puede aparecérsele a cualquiera en cualquier momento y situación:

Al abrir un armario, al doblar una esquina, al entrar en una librería o incluso dentro de un huevo Kinder. Hasta ese punto ha llegado el autoimpulso del joven escritor jiennense, al que no se le puede negar perseverancia: se presentó todos los años desde 2010 hasta 2020 al Nadal que por fin ha ganado. Un empeño que le ha llevado a los concursos (al concurso) y a la promoción de su Península que anuncia otro plomo.

Pero el quid aquí no es lo latoso, sino lo excesivamente latoso en la pérdida de papeles: un descontrol autopromocional que ha roto barreras. Por un lado queda ya atrás la publicidad a-literaria y por el otro está la omnipresencia chirriante, como ese amigo o conocido al que siempre le han pasado o le pasan todas las experiencias que se cuentan en común.

Es como si en el ataque constante a lo clásico ya no se salvara ni el personaje escritor, que está siendo desvalijado violenta y vulgarmente por Uclés, quien consigue su propósito (aquí se habla de él), pero aún no se sabe a qué precio, o sí. Umbral despotricando en un programa de televisión porque no se había hablado de su libro es delicada poesía en comparación al salvaje desempeño anunciante de Uclés, aunque parezca lo contrario.

De Nadal a Nadal, del de 1975 al de 2026 hay todo un mundo que ha ensanchado en un tramo final el escritor que va a todas partes con boina o gorra irlandesa. Umbral iba a todas partes con fular o bufanda, pero no era un disfraz, sino el complemento del personaje. La boina de Uclés es el mismo personaje, que de tanto enseñarla ha hecho que ya no haya nada más por debajo, ni siquiera un par de libros notables.

Tom Wolfe era un dandy como Umbral y vestía como un dandy personalísimo y distinto a Umbral como sus artículos y relatos. Otro sobresaliente representante del «Nuevo periodismo». Gay Talese, tenía en su sombrero y en sus trajes con chaleco también su «uniforme». Pero no había mucho más que salir en la televisión comiendo una manzana como hizo el autor de Mortal y rosa.

Este hablaba de todo sin hablar, como Cela. Exponiéndose sin exponerse, diciendo sin opinar. Haciéndose notar, pero con las dosis justas de prudencia y osadía para no desequilibrarse que no se le presuponen a un joven del XXI ataviado como un campesino de los años 50. Y no es tanto el atuendo textil, que cada cual vaya como le apetezca, no faltaba más, sino el atuendo intelectual que responde a todo como se supone que tiene que responder.

En Umbral y en Cela no se suponía nada, se creaba, lo creaban. Lo de Uclés viene preparado, procesado y presentado para el aplauso de lo políticamente correcto. Lo último que se le ha leído es sobre Franco: «Lo curioso es estudiar cómo alguien tan inepto, tan exento de cultura, tan poco sensible o tan traumatizado, tan bobo (porque no tenía una gran inteligencia) pudo dominar este país durante 40 años»: un experto.

Y sobre Ayuso: «No sé cuál es el discurso de Ayuso, porque ella es sólo un altavoz que proviene de una época…de gente de la élite franquista, como Miguel Ángel». Afirmaciones tan categóricas como pasmosas. Es casi como si hubiera vuelto el Tony Leblanc (que también llevaba boina) del timo de la estampita convertido en escritor, solo que ahora hay que tomárselo en serio.