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Ballet de Kiev

'El lago de los cisnes' por el Ballet de KievCedida

La magia del Ballet de Kiev vuelve a Madrid con las joyas de Tchaikovsky

El Teatro Lope de Vega acoge en 2026 el regreso del Ballet de Kiev, que interpretará 'El Cascanueces' y 'El lago de los cisnes', dos de las grandes obras del repertorio clásico

Tras el rotundo éxito que cosechó en su primera gira por España en 2022, el Ballet de Kiev regresa a uno de los escenarios más emblemáticos de Madrid. Durante unas pocas semanas, la danza clásica y la fantasía literaria se encontrarán de nuevo en el Teatro Lope de Vega. Al compás de la música de Chaikovski, la compañía interpretará dos de las joyas más significativas del repertorio clásico: El cascanueces (días 2, 3, 4, 5 y 19 de enero de 2026) y El lago de los cisnes (días 2, 7, 8, 16, 21 y 22 de febrero de 2026).

Con el único propósito de congregar a las grandes estrellas de la danza ucraniana para proteger el legado del ballet clásico, Viktor Ishchuk fundó en 2017 la compañía del Ballet de Kiev. Con sede en el Centro Internacional de Cultura y Artes de su capital, la compañía ha sabido defender la esencia del ballet clásico incluso en los tiempos más difíciles. Una esencia que se cristaliza en la elegancia de la puesta en escena, en la sobriedad de los decorados y en la gracia de los bailarines.

Lo cierto es que, como en mi caso, no hace falta ser un gran entendido de la danza clásica para reconocer que estamos ante una auténtica obra maestra; una pieza en la que las bailarinas se convierten, a su antojo, en etéreos copos de nieve o en delicadas florecillas.

En un estallido de luces, colores y tutús preciosamente decorados, el Ballet de Kiev hace un verdadero alarde de lo que supone conservar el refinamiento con el que soñó Chaikovski.

La historia nos sitúa en el hogar de los Stahlbaum, donde varias familias se reúnen para celebrar la víspera de Navidad. Entre juegos, regalos y bailes, padres e hijos se divierten alrededor del árbol. Esta entrañable estampa queda resquebrajada por la aparición de Drosselmeyer, un personaje enigmático que introduce un primer destello de fantasía. Será esta suerte de hechicero quien le regale a Clara Stahlbaum un sencillo cascanueces de madera.

Cuando la casa queda en silencio tras la partida de los invitados, el salón de los Stahlbaum se convierte en el escenario sobre el que se representará una de las más fantásticas historias. Los juguetes cobran vida, los muñecos bailan y el cascanueces se revela ante Clara como un noble príncipe.

'El cascanueces' por el Ballet de Kiev

'El cascanueces' por el Ballet de Kiev

Desde ese instante, el relato se despliega como una sucesión de aventuras que navegan entre la realidad, el sueño y la magia. Clara y el nuevo príncipe emprenden un maravilloso viaje en el que cada acto se entrelaza grácilmente con la partitura de Chaikovski. Así, cuando los protagonistas llegan al Reino de los Dulces, el Hada del Azúcar les da la bienvenida con la célebre danza del azúcar. Se trata de una sucesión de notas centelleantes que se suceden en una cascada de tintineos que mucho tienen que ver con los dulces voleteos del hada. Con cada grande pirouette, con cada salto, con cada fouetté (esos giros infinitos que trazan las bailarinas sobre sí mismas), se va urdiendo una procesión de danzas que celebra el deleite, la imaginación y la perfección, convirtiendo cada número en una pequeña joya visual y musical.

Y luego llega el gran pas de deux, el colofón final que reúne técnica y emoción, fuerza y delicadeza. Se trata del más espectacular diálogo entre cuerpos y música, entre intimidad y belleza. Más que una pieza, es un encuentro con lo extraordinario y, ante la imposibilidad de describir algo tan sublime, solo queda una opción: venir, sentir y dejarse maravillar por esta obra magistral.

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