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Franco Battiato en 2010

Franco Battiato en 2010

Italia no es solo arte «vecchio»: Roma celebra en un museo al gran Franco Battiato

Hace un lustro que Franco Battiato murió a los 77 años. Un artista del Renacimiento en el XX y XXI. Una gloria de Italia siciliana como El Padrino de Mario Puzo y de Coppola. Pero real

Hace un lustro que Franco Battiato murió a los 77 años. Un artista del Renacimiento en el XX y XXI. Una gloria de Italia siciliana como El Padrino de Mario Puzo y de Coppola. Pero real. Franco Battiato fue uno de tantos artistas italianos que en España fue muy famoso, pero fue diferente.

Y no solo artista, aunque sobre todo. «Artista multidisciplinar» como gustan de decir hoy a cualquier cosa a la que quieren llamar artista. Él lo fue de verdad: músico, cantante, estrella. También pintor y director de cine. No se quiere decir «inclasificable» por manido, y en realidad no era «inclasificable» porque nada en él fue nunca manido.

Lo manido lo pisoteó mientras creaba: como pisar las uvas para hacer vino. «Vino, vidi, vici» podría decirse de Battiato, cuyas canciones están dentro de tanta gente, dentro de tantos recuerdos de tanta gente como si Battiato fuera un Panteón de Agripa simpático, además de magnificente.

Fue un punk melódico, tecnológico, apoyado en las uvas de la canción italiana. Lo usó todo, desde los sintetizadores a los violines a toda clase de lenguas y estilos. Ecléctico fue él, inmortal como un David de Miguel Ángel poco apolíneo, puntiagudo, enclenque y grande. La voce del padrone y su Centro de gravedad permanente le vieron llegar para siempre.

A partir de ahí construyó su Via Appia musical tan lllena de piedras tan minuciosa y brillantemente colocadas como sus discos y sus actuaciones de detalles, de giros, de apropiaciones propias, de homenajes, de avance, de modernidad que atenuaba con virtuosismo en el clasicismo esencial de sus melodías inmortales y de su sensibilidad monumental.

Cinco años después de su muerte Italia reconoce a su mito eterno, a otro de sus coliseos musicales distintos a Verdi, Puccini o Rossini en un Museo preciso en Roma del 31 de enero al 26 de abril de 2026.

Recuerdos y materiales nunca vistos del músico, poeta, filósofo, intelectual... en un recorrido que cuenta su vida y su carrera en siete secciones: El comienzo (de Sicilia a Milán), Experimentar (de la acústica a la electrónica). El éxito (de la vanguardia al pop). Mística (entre Oriente y Occidente). El hombre (retorno a los orígenes). El Maestro. Del sonido a la imagen (el cine de Battiato).

En el centro de la sala hay un espacio octogonal, eco de la octava musical, una experiencia sonora inmersiva. Todavía no se ha visto, pero habrá que verla. Suena a corazón, al óculo cenital del gran Panteón romano, por donde entra la luz iluminando la cúpula de sus canciones, de sus álbumes, carteles o fotografías, además de los recuerdos contenidos en cada uno de sus admiradores.

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