Bardem, Trump, Gaza o la Berlinale: ¿deben o no deben los artistas opinar sobre política?
Más de 80 artistas internacionales, entre los que está el actor español, enviaron una carta abierta al Festival de Cine de Berlín, al que acusan de «silencio institucional» respecto a Gaza y de censurar a artistas que han opinado sobre el tema
Javier Bardem el pasado septiembre en los Premios Emmy
Más de 80 artistas internacionales, entre los que está Javier Bardem, enviaron una carta abierta al Festival de Cine de Berlín, la Berlinale, al que acusan de «silencio institucional» respecto a Gaza y de censurar a artistas que han opinado sobre el tema.
El festival respondió por boca de su directora, Tricia Tutell, con mano izquierda tan mandante que podría decirse torera. Es decir, como hablar de la verdad frente a la consigna. El rechazo a la carta ha sido firme y suave al mismo tiempo, rechazando las acusaciones y afirmando con temple que la misiva contiene «afirmaciones inexactas».
La esencia de su postura es que no se puede obligar a nadie a hablar sobre cada conflicto político. El presidente del jurado, el director de cine Wim Wenders, fue más allá al declarar que «los artistas deben permanecer fuera de la política».
«Guardaos los discursitos políticos»
Es una forma amable de decir aquello de Ricky Gervais en los Globos de Oro dirigido a los presentes, muchos de ellos firmantes de la carta a la Berlinale: «Muchos de vosotros habéis pasado menos tiempo en la escuela que Greta Thunberg (...) No sabéis nada del mundo real así que guardaos los discursitos políticos. Subid, dad las gracias e iros a la mierda».
Hay, por supuesto, como los abajofirmantes, quienes defienden que los artistas se expresen políticamente. Es decir, fuera de su arte. Defienden opinar como cualquier persona en los altavoces de su arte sobre asuntos que no se corresponden con su arte.
Su baza es que son personas y que por eso deben opinar como cualquiera. Muchos de ellos también se apoyan en que muchas corrientes artísticas han aparecido como respuesta a cuestiones políticas, lo cual muestra un punto interesante, pues una cosa es el arte con contenido político o ideológico y otra la manifestación política e ideológica fuera de ese arte.
Ese es el sentido al que se refirió Gervais, mayormente. No uses tu posición como actor para hacer o decir cosas que no son de actor porque no estás preparado («Muchos de vosotros habéis pasado menos tiempo en la escuela que Greta Thunberg...») y porque el altavoz del que dispones no está para eso.
Es como si en una conferencia sobre numismática, por ejemplo, el conferenciante hace un discurso sobre botánica. Los asistentes a la conferencia de numismática se sentirían igualmente decepcionados al escuchar al ponente hablar de plantas (de las que no sabe más que esos espectadores) en lugar de sellos.
El arte es un forma de escapar de la realidad, de vivir un mundo paralelo, lo cual se contradice con el hecho de que los mismos artistas se evadan de su trabajo y llamen la atención sobre la realidad que no es su terreno de juego. Normalmente un terreno de juego privilegiado desde el que miran, lejos, esas realidades que tantas veces no les tocan.
Dos cosas muy diferentes son el joven Bruce Springsteen que le canta a la realidad social en The River con cierto conocimiento de causa y el viejo Bruce Springsteen que dice: «Vivimos tiempos oscuros, inquietantes y peligrosos, pero no desesperen: ¡Viene la caballería!», como si este anuncio de una nueva gira no fuese el de una gira, sino el de una ofensiva política.
Cantar o escribir o pintar contra esa «oscuridad» siempre fue arte, siempre fue así. Quizá el ámbito de la expresión política del artista debería ser solo su arte y no sus manifestaciones públicas. Una vez el cantante y diseñador Pharrell Williams dijo al respecto: «Cállate, nadie te ha preguntado», que es otra mirada sobre la cuestión: si cantas o escribes o pintas no respondes a nada que no tienes que responder, solo haces tu trabajo y no lanzas las proclamas fuera de él por las que crees, con evidente soberbia por otro lado, que alguien te ha preguntado.
Al plato y a las tajadas
Una forma honesta de realizarse para quienes defienden el activismo político sería solo realizar películas, en el caso de los profesionales del cine como Javier Bardem, que se ajusten a sus reivindicaciones políticas y personales y no filmes de Hollywood no demasiado apegados a dichas protestas (incluso contrarios a ellas) que de este modo solo son de boquilla y no de verdadera acción. Pero claro, una buena parte de estos activistas quieren estar y están al plato y a las tajadas.