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La princesse dans la tour, de Maurice Denis, es una de las piezas que se puede ver en La Pedrera

La princesse dans la tour, de Maurice Denis, es una de las piezas que se puede ver en La PedreraMarta Pérez/EFE

La Pedrera presenta en Barcelona su nueva exposición centrada en el mundo simbólico y espiritual de los Nabis

Los Nabis: de Bonnard a Vuillard, que nace de la colaboración entre la Fundació Catalunya La Pedrera y el Museo de Orsay, se podrá ver en la Casa Milà hasta el 28 de junio

A finales del siglo XIX y principios del XX el movimiento impresionista llegaba a su fin a medida que las tendencias artísticas se acercaban hacia las vanguardias. En esta etapa de transición, surgió en París entre un grupo de artistas un movimiento que decidió mirar hacia el interior, los Nabis, cuyos integrantes son los protagonistas de la nueva exposición de La Pedrera, Los Nabis: de Bonnard a Vuillard.

Esta muestra, fruto de la colaboración entre la Fundació Catalunya La Pedrera con el Museo de Orsay, es la primera en Barcelona que profundiza en exclusiva sobre este movimiento artístico, explorando su evolución entre los años 1888 y 1890.

Muestra de la exposición, que se podrá visitar hasta el 28 de junio

Muestra de la exposición, que se podrá visitar hasta el 28 de junioMarta Pérez/EFE

Los Nabis, denominados como los 'profetas del arte moderno' se caracterizan por un enfoque espiritual, simbólico y decorativo, y por el uso de colores 'puros' en su paleta. La exhibición explorará a representantes del movimiento como: Paul Sérusier, Édouard Vuillard, Pierre Bonnard, Maurice Denis, Ker-Xavier Roussel, Félix Vallotton o Aristide Maillol.

«El movimiento se desarrolló sin dogmas. El arte sale de sus deliberaciones, que generalmente buscaron cómo mostrar la complejidad de la realidad en solo dos dimensiones», explica la comisaria Isabelle Cahn, conservadora general honoraria de pintura del Museo de Orsay.

Sour les arbres, de Édouard Vuillar

Sour les arbres, de Édouard VuillardMarta Pérez/EFE

La muestra sigue un recorrido cronológico que tiene como primera parada El talismán (1888), una postal que Sérusier pintó en una visita a Gauguin que «concentra los grandes principios del movimiento» y que ha salido de forma excepcional del Museo de Orsay para poder verse en la Casa Milà. Este pequeño cuadro, una simplificación de forma y color de un pasaje bretón, sirve como puerta de entrada al resto de temáticas que abordan los Nabis.

El recorrido continúa su recorrido mostrando la atracción que estos artistas sintieron por la vida urbana parisina, una ciudad en ebullición instalada en la modernidad que llevó a Bonnard, Ibes, Vuillard o Vallotton a representar las calles, las plazas, el tráfico y el gentío de la capital francesa.

De manera similar, el movimiento también se fascinó por el teatro y la música, lo que los lleva, en palabras de Cahn, a plantearse «cómo representar el movimiento y la vida en el lienzo», problema que resuelven adoptando la «estilización japonesa».

La comisaria también defiende que los Nabis, cuyo nombre viene del término hebreo 'neviim', que se traduce como «profetas», tienen un punto utópico, ya que desde el arte pretendían plasmar su «idealización humana y deseo de intimidad», pese a que al final «el mundo avanzó hacia otro sitio».

Le place de Clichy, de Pierre Bonnard

Le place de Clichy, de Pierre BonnardMarta Pérez/EFE

Este mismo punto enlaza con su inclinación hacia el simbolismo, una corriente que ya triunfaba en literatura y hacia la que se aproximan mediante la mezcla entre la representación de la modernidad y el idilio medieval.

Los Nabis: de Bonnard a Vuillard también hace una parada en la fijación del grupo por paisajes y jardines y por su inclinación hacia la decoración, práctica que ocupa un lugar esencial por su voluntad de suprimir las diferencias entre bellas artes y artesanía.

Sin duda, uno de los grandes hitos de la muestra llega en la siguiente sala, que se adentra en la representación de la vida cotidiana, con lienzos que capturan momentos de la intimidad femenina en espacios confinados como se puede apreciar en Dos mujeres bajo la lámpara (1892).

Para cerrar la exposición de forma circular y enlazar el grupo con el lugar, el montaje culmina con un espacio dedicado al escultor francés Aristide Maillol con su escultura Mediterráneo (1905) y un par de pinturas en las que tomó como modelos a figuras pintadas por Gauguin.

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