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Urtasun, Albares y Sánchez en el Palacio de Aranjuez

Urtasun, Albares y Sánchez en el Palacio de AranjuezGTRES

El Gobierno tergiversa las palabras del Rey Felipe para rendir España al México revisionista e indigenista

El monarca ha reconocido los abusos de la Conquista, pero también ha dicho que se cometieron incumpliendo las leyes protectoras españolas únicas que ningún otro país conquistador aprobó nunca

El Rey Felipe VI admitió el pasado lunes que durante la conquista de América se cometieron abusos. Le ha faltado tiempo al Ministerio de Cultura para manejar esas declaraciones, por boca de su secretario de Estado, Jordi Martí, quien aseguró el miércoles en la comisión de Cultura del Congreso:

«Es significativo y es importante, a algunos les parecerá que es un gesto tímido, el reconocimiento por parte del Rey en la visita que hizo en la exposición 'La mitad del Mundo. La Mujer en el México indígena' y el reconocimiento de los abusos y de las violencias que ocurrieron en tiempos de la llegada de los españoles a los países hoy de América Latina».

Ortega hubiera dicho como de la República: «No es esto, no es esto...». Porque el Rey reconoció dichos abusos (que pocos niegan por lógica y sentido común a toda conquista), como ya ha hecho en distintas ocasiones y como recuerda Almudena Fornés en este periódico, además de también haberlo hecho su padre, el Rey Juan Carlos.

Pero falta la otra parte de la afirmación en la que el Rey, basada en los hechos, como en el reconocimiento primero, de que España aprobó leyes protectoras de los indígenas desde el principio de todo que los conquistadores incumplieron en muchos casos, lo cual no es lo mismo que solo decir que durante la Conquista se cometieron abusos por los que hay que pedir perdón.

Con esta tesis se alinea Cultura y el Gobierno. El ministro de Asuntos Exteriores pidió el requerido perdón por parte de Sheinbaum al que ha hecho caso omiso el Rey. Sucedió el pasado 31 de octubre, cuando Albares se arrodilló en el Instituto Cervantes en México ante la satisfacción orgullosa de la presidenta revisionista y falsaria: «El perdón engrandece a los pueblos, y más reconocer los agravios».

En estas está, como se ha dicho, el Gobierno, en la sumisión a las tesis indigenistas de Sheinbaum, aprovechando cualquier resquicio para plegarse, incluso tergiversando la palabras y el sentido de las pronunciadas por el Rey, que nada tienen que ver con las palabras y el sentido que le quiere dar el Gobierno por boca de Albares o el secretario de Estado de Cultura.

Para mayor explicación, basten las declaraciones de dicho secretario, Jordi Martí: «Fue acertado quitar ese velo y discutir abiertamente y a campo abierto cómo nos debíamos relacionar con las antiguas colonias españolas...»: la aceptación expresa del colonialismo que nunca existió en el caso de España en el afán de seguir empujando al Rey a admitir la mentira sobre la que se pretenden sostener las nuevas relaciones diplomáticas con el país azteca que este trata de imponer con la aceptación indigna del Gobierno.

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