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El español desde dentro
El castellano, único idioma en convertir el fuego en halago: hablemos del denostado piropo español
La palabra deriva del griego pyropos que significa 'del color del fuego'
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española contempla alrededor de 40 entradas de palabras que comienzan con la raíz -piro, que proviene del griego pyr y significa fuego. Entre las más conocidas tenemos pirómano (persona con tendencia patológica a provocar incendios), pirotecnia (crear arte mediante fuegos artificiales) y piropo (galentería o halago elegante dirigido especialmente a la belleza de la mujer). Este último término llama especialmente la atención porque si hacemos un repaso a cómo se dice piropo en otras lenguas observamos que en ninguna esta palabra ha derivado de la raíz griega pyr. En francés, por ejemplo, se dice compliment o flatterie; en portugués, elogio o cantada; en italiano, complimento o lusinga; en inglés, compliment o, más vulgar, catcall.
¿Por qué ha ocurrido esto?
El origen es tan singular como la arraigada cultura española del piropo. La palabra proviene del latín pyropus, que a su vez viene del griego pyropos, formado por pyr (fuego) y ops (aspecto/rostro). Es decir, surge para darle nombre a las cosas que eran del color del fuego, de un rojizo brillante, normalmente piedras preciosas de un tono rojo intenso, similares al rubí.
La primera constancia documentada del uso de esta palabra en castellano aparece en pleno Siglo de Oro español, en el diccionario Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias, publicado en 1611. El lexicógrafo define «piropo» como «una piedra preciosa de color rojo encendido». Además, también encontramos el término en uno de los poemas amorosos de Francisco de Quevedo, uno de los autores más destacados del Barroco:
con sus perlas y sus ostros
a sus dos labios que allá
se lo dirán en pyropos»
Ambos testimonios gráficos confirman que a comienzos del siglo XVII la palabra estaba plenamente incorporada al castellano, aunque aún con su significado original, el de piedras preciosas, pero en el caso de Quevedo, en tránsito ya a su evolución de halago, viniendo a significar 'algo bonito o valioso'.
Con el tiempo y por evolución metafórica empieza a aparecer en textos más cercanos al habla cotidiana, con el sentido actual de elogio verbal. La RAE lo define como «dicho breve con que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer». Algunos ejemplos: 'Si la belleza fuera un pecado, tú no tendrías perdón», '¿Crees en el amor a primera vista o tengo que pasar otra vez?', 'Debes estar cansada… porque llevas todo el día dando vueltas en mi cabeza'.
Con lo que el actual denostado piropo por ciertos sectores de la sociedad que lo rechazan por sus derivaciones más vulgares, no solo se originó desde la metáfora literaria hacia un gesto galante de coqueteo, sino que se trata de un fenómeno lingüístico y cultural con siglos de historia que convierte al castellano en único en cuanto a la evolución etimológica y semántica del término, pues, como decimos, mientras otras lenguas tienen 'cumplidos', solo el español tiene 'piropos' gracias a convertir el fuego en halago.