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Edward Murphy en el anuario de West Point (1940)/Trineo cohete Gee-Whizz

Edward Murphy en el anuario de West Point (1940)/Trineo cohete Gee-WhizzUSMA Library Digital Collection/NMUSAF

La ley de Murphy: ¿Quién fue el ingeniero y por qué le culpamos de todos nuestros males?

En medio de unas pruebas para estudiar los límites del ser humano en la Base de la Fuerza Aérea Edwards, un incidente fortuito dio lugar a una ley universal sin que su creador fuera consciente de ello

Es posible que todos hayamos escuchado alguna vez a alguien exclamar, casi a modo de justificación por algo negativo ocurrido, que ha sido cosa de «la ley de Murphy».

Esta ley universal que se ha resumido tradicionalmente en la máxima «Si algo puede salir mal, saldrá mal» ha adquirido en la conciencia colectiva un significado distinto de lo que su autor pretendía.

El hombre tras esta ley fue el capitán aeroespacial de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos Edward Aloysius Murphy Jr.

El ingeniero nació en 1918 en la Zona del Canal de Panamá, una concesión extraterritorial de los Estados Unidos en Panamá durante sus años de gestión sobre el estratégico canal que atraviesa el istmo.

Mapa de la antigua Zona del Canal de Panamá controlada por Estados Unidos

Mapa de la antigua Zona del Canal de Panamá controlada por Estados Unidos

Tras su formación y su paso por West Point, la Academia Militar de los Estados Unidos, Murphy estuvo destinado en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, desde donde voló y reparó aviones en torno a la India, China y Birmania.

Así se le describía en el anuario de 1940 de West Point (the Howitzer): «Nuestro primer recuerdo de Murf es el de un novato desternillado de risa ante las payasadas del 'Beast Detail'. Con su característico sentido del humor, se movía con agilidad por la Academia, nunca más de un salto por delante en lo académico, pero siempre con la suficiente prisa como para entretenernos con sus refinadas imitaciones. Rebosante de ideas, buscaba nuevas soluciones para cada problema y disfrutaba enormemente debatiendo sobre sus métodos. La originalidad de Murf nos divertía y asombraba; su sonrisa amistosa se ganó un lugar en nuestra memoria».

Finalizada la guerra, se convirtió en oficial de I+D en la Base de la Fuerza Aérea Wright-Patterson en Dayton, Ohio, donde se encargó de estudiar los problemas de aceleración en las cabinas de vuelo mediante centrifugadoras, lo que le valió para ser llamado al lugar donde nacería su ley.

John Paul Stapp y la Base Edwards

En 1949 Ed Murphy fue enviado a la Base de la Fuerza Aérea Edwards –llamada Muroc en aquel entonces– en California para realizar una serie de mediciones en los experimentos que estaban realizando sobre aceleración, desaceleración y soporte de fuerzas G a través del uso de trineos cohete. Allí se encontraba el coronel John Paul Stapp, un médico y físico cuyos experimentos resultarían fundamentales en la mejora de los sistemas de protección para vehículos, tanto aéreos como terrestres demostrando, entre otros, la capacidad de salvar vidas de los cinturones de seguridad.

El coronel John Paul Stapp

El coronel John Paul StappNew Mexico Museum of Space History

En sus estudios con los trineos cohete Stapp estudió el efecto que podía tener en el ser humano el sometimiento a velocidades extremas y posteriores frenadas en seco de cara a diseñar sistemas de protección más efectivos para los pilotos y, sin darse cuenta, como preludio de la protección de los astronautas durante la carrera espacial.

El propio Stapp asumió el riesgo de ser el piloto de pruebas de estos cohetes, tras los primeros intentos con maniquíes y animales, para evitar poner en peligro a nadie de su equipo. El resultado de esta arriesgada tarea demostró que los límites del ser humano iban más allá de lo que se creía, aunque le valieron multitud de lesiones a lo largo de los años.

Pruebas con el trineo cohete en la Base Edwards

Pruebas con el trineo cohete en la Base EdwardsWikimedia Commons

En diciembre de 1954, en Nuevo México, dentro de esta serie de experimentos logró un récord que le valió convertirse en el hombre más rápido del mundo: alcanzó una velocidad de 1.017 kilómetros por hora en cinco segundos para detenerse en seco en apenas dos. Mientras que los pilotos de combate suelen soportar una fuerza G de 9 antes de desmayarse, Stapp se sometió a más de 46 veces la fuerza de la gravedad. Antes de empezar los experimentos se creía que el ser humano no podría soportar más de 18.

No obstante, antes de llegar a esos resultados tan extremos, el equipo de la base necesitó realizar varios estudios, experimentos y mediciones previas.

El Proyecto MX981

Fue en este contexto cuando Murphy llegó a la base californiana para colaborar en el Proyecto MX981 con el trineo cohete «Gee Whiz». Su tarea consistió en instalar unos sistemas de medición mejores que había diseñado, para lo que encargó a sus subordinados en la base que instalaran 16 extensiómetros en el módulo de pruebas. En este punto, la historia se mezcla con el mito y surgen varias versiones de lo ocurrido, aunque la más aceptada es la siguiente.

Base de la Fuerza Aérea Edwards (antes Murdoc) alrededor de 1940

Base de la Fuerza Aérea Edwards (antes Murdoc) alrededor de 1940United States Army Air Forces

A la hora de continuar las pruebas con estas nuevas herramientas de precisión el resultado sorprendió a todos los presentes, los aparatos daban cero. Al revisar lo ocurrido, descubrieron que de las dos formas que había de instalar cada uno de los 16 instrumentos todos ellos se habían conectado al revés y se anulaban unos a otros.

Fue entonces cuando Murphy, que era muy perfeccionista, pronunció la frase que terminó derivando en su ley al culpar a sus subordinados de lo sucedido: «Si hay alguna manera de que puedan hacerlo mal, lo harán». Esta crítica, que fue vista por los empleados de la base como una forma de eludir responsabilidades, caló entre ellos y se extendió por las instalaciones.

El equipo de la Base Edwards junto al trineo cohete Gee-Whiz. Stapp en el centro vestido de negro

El equipo de la Base Edwards junto al trineo cohete Gee-Whiz. Stapp en el centro vestido de negroEAFB History Office

Con los aparatos instalados correctamente y las primeras mediciones exitosas Murphy abandonó la base tras haber cumplido con éxito sus tareas, sin saber el efecto en cadena que sus palabras iban a tener. Apenas estuvo unos días en la base, por lo que no se conserva ninguna fotografía de él durante su estancia en Edwards.

La rueda de prensa que popularizó la ley

A partir de este punto de la historia, el éxito de que la ley terminará por extenderse a la sociedad recayó sobre el coronel Stapp. En una rueda de prensa concedida semanas después, un periodista preguntó al coronel sobre el peligro y las medidas de seguridad del proyecto, a lo que este contestó que «hacemos todo nuestro trabajo teniendo en cuenta la Ley de Murphy».

El coronel Stapp junto a una maqueta del trineo cohete

El coronel Stapp junto a una maqueta del trineo cohete

A continuación, ante el desconocimiento por aquel término del que nadie había oído hablar, preguntaron a Stapp por el significado de esa ley. El coronel se limitó a contar el mensaje como le había llegado, cual teléfono escacharrado por la base, y respondió con la frase que pasó a la historia: «Si algo puede salir mal, saldrá mal».

Desde este momento la ley se fue popularizando hasta terminar alcanzando una dimensión global, sin que el propio Murphy tuviera conocimiento del éxito de su expresión hasta décadas más tarde.

En la década de 1950 el ingeniero continuó su carrera diseñando cabinas de aviones para contratistas privados y, más adelante, contribuyó en la creación de los sistemas de escape de tripulación de vehículos como el F-4 Phantom, el XB-70 Valkyrie, el SR-71 Blackbird y el avión cohete X-15. No obstante, uno de sus mayores logros profesiones fue su contribución en los sistemas de soporte vital para las misiones lunares Apolo.

Fotografía del North American XB-70 Valkyrie en 1968

Fotografía del North American XB-70 Valkyrie en 1968NASA

Cuando contactaron con él para conocer la historia, Edward Murphy desconocía que el Murphy de la famosa ley fuera él. Falleció en 1990 sin haber permanecido ajeno a su ley, ya que trató de defender que sus palabras fueron malinterpretadas y que la ley debía entenderse de otra manera.

Las diferentes interpretaciones de la ley

La interpretación que se extendió fue la visión pesimista de la Ley de Murphy por la cual es inevitable que todo salga mal: que la tostada siempre caiga del lado de la mantequilla, que justo el día que no lleves paraguas diluvie como nunca o que te cambies de fila en el supermercado y en la que estabas empiece a ir más rápido.

Según el hijo de Murphy en una entrevista concedida a la revista People en 1983, las palabras exactas de su padre fueron: «Si hay más de una manera de hacer un trabajo, y una de esas maneras resultará en un desastre, entonces alguien lo hará de esa manera».

Murphy defendía su visión de la ley con un sentido más optimista, por el cual la formulación correcta sería que «Si algo puede pasar, pasará». De este modo la ley no invita a actuar bajo la premisa de que todo ocurrirá siempre mal, sino que invita a la excelencia al exigir que se contemplen todas las posibilidades, con sus riesgos incluidos, para buscar siempre el éxito.

Con esta filosofía todos los resultados posibles podrían terminar sucediendo, dejando la puerta abierta tanto a los accidentes buenos como a los malos.

Una visión de esta dialéctica entre la interpretación más optimista y su contraria nos la ofrece el galardonado director Christopher Nolan en una de sus obras maestras, Interstellar (2014). En los primeros minutos del filme Murph –apodo de Murphy– (Mackenzie Foy) pregunta a su padre, Cooper (Matthew McConaughey), acerca de su nombre, dando paso a una breve conversación que sintetiza esos dos opuestos.

C: ¿Y esa cara, Murph?
M: ¿Por qué mamá y tú me pusisteis el nombre de algo malo?
C: ¿A qué viene eso?
M: La Ley de Murphy.
C: La Ley de Murphy no significa que va a pasar algo malo, sino que, si algo puede pasar, pasará, y eso nos parecía guay.
Fotograma de la película Interstellar

Fotograma de la película Interstellar

Pese al debate que pueda seguir existiendo en torno a la interpretación correcta de la ley, es indiscutible el impacto que ha tenido en la sociedad. Más allá del uso popular que podamos hacer de ella, muchos sistemas o protocolos de seguridad que nos mantienen a salvo hoy en día han sido más precisos gracias a que sus diseñadores aplicaron a conciencia la ley.

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