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Almodóvar, ataviado con su kufiya, durante el acto contra la guerra en Gaza en la Puerta del Sol

Almodóvar durante un acto contra la guerra en Gaza en la Puerta del SolEFE

Almodóvar dice que EE.UU. no es una democracia pese a reconocer un «mecanismo de votación adecuado y correcto»

Al director de cine no le gusta el resultado de las elecciones democráticas que reconoce como tales, y por eso concluye que lo que hay es un régimen totalitario

Almodóvar quiere más madera, como pedía Groucho Marx en Los hermanos Marx en el Oeste (aunque en realidad decía «Traed madera»). Ha criticado que en los últimos Oscars no hubiese más protestas contra Trump y contra la situación en Gaza.

El director manchego quiere leña en la locomotora de tal modo que cualquiera diría que no le importa que la caldera estalle. Ha afirmado que «ahora mismo en Estados Unidos no hay democracia».

La aseveración la ha apoyado con que «Lo desgarrador e irónico es que la democracia ha dado lugar, a través del mecanismo de votación adecuado y correcto, a este tipo de régimen totalitario. Y es tanto una paradoja como algo increíblemente triste».

Es decir, Almodóvar reconoce la existencia de una democracia con un sistema electoral fuera de dudas para concluir que el resultado no es una democracia. Cualquiera diría que su aquí anecdótica comparación con Groucho va más allá de la madera y se completa con el lenguaje de lo absurdo.

Algo así como «la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte», icónica frase, en la traducción de Miguel Mihura, que da comienzo al legendario diálogo de Una noche en la ópera. Lo de Almodóvar no es humor, sino simple y vulgarmente política y sectarismo.

Al director de cine no le gusta el resultado de las elecciones democráticas que reconoce como tales, y por eso concluye que lo que hay es un régimen totalitario. Es la lógica habitual de la intransigencia absurda: si no me gusta, por democrático que sea, es fascista.

Porque fascista es todo aquello que no le gusta a la progresía actual, de la que Almodóvar es bandera como nunca antes lo había sido, cuando era simplemente un artista joven que hacía un cine distinto y fresco.

Para el autor de Amarga Navidad, que ahora compite por la Palma de Oro en Cannes, EE.UU. no es una democracia porque no le gusta el resultado de unas elecciones que son «adecuadas y correctas», o lo que es casi lo mismo: «La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte./– Esta vez creo que suena mejor./– Si quiere se lo leo otra vez./– Tan solo la primera parte./ –¿Sobre la parte contratante de la primera parte?/– No, solo la parte de la parte contratante de la primera parte...», pero sin gracia.

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