El escritor Luis Roso
Entrevista a Luis Roso, autor de 'Puerto Hurraco: El espectáculo del horror'
Los vestigios de la matanza de Puerto Hurraco: «Había que saldar una deuda con la verdad»
Casi 36 años después, el escritor Luis Roso recupera aquel «espectáculo del horror» desde una perspectiva social, pero fiel a la verdad
Hay regiones que quedan marcadas por el crimen y se ven envueltas, lejos de su rutina común, en una tragedia que cambia su porvenir para siempre. Puerto Hurraco fue una de ellas. Corría un caluroso 26 de agosto de 1990. Esta localidad de Badajoz, donde imperaban los hechos cotidianos, se vio sacudida por una masacre que acabó con la vida de nueve personas, entre ellas dos niñas.
Aquel día, los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo, tras décadas de desavenencias con la familia Cabanillas, se armaron con escopetas y tendieron una emboscada. Su obsesión por vengarse, al considerar a la familia rival responsable de la muerte de su madre, desató la tragedia.
Antonio Izquierdo tras su detención
Badajoz, y más en concreto Puerto Hurraco, se convirtieron en el escenario de una de las últimas páginas de la España negra. Casi 36 años después, el escritor Luis Roso recupera aquel «espectáculo del horror» desde una perspectiva social, pero fiel a la verdad. También observa con preocupación cómo se trató el crimen convertido en espectáculo visual, ya que fue uno de los primeros sucesos retransmitidos prácticamente en directo por las televisiones privadas.
–Han pasado más de tres décadas desde la matanza. ¿Por qué sintió que todavía era necesario escribir este libro?
–No sentía la necesidad de escribir este libro, pero me lo propuso mi editor con motivo de mi libro anterior, que va sobre el crimen de Malladas y fue todo un éxito. El caso de Puerto Hurraco nunca fue una de mis opciones para hacer mi segundo libro negro. Sabía que era muy polémico, pero en una visita que hice me di cuenta de que la gente me miraba como un forastero que había ido a visitar el morbo. Eso me afectó internamente, porque yo vengo de un pueblo donde sucedió un crimen terrible en 1915.
Portada de Puerto Hurraco: 'El espectáculo del horror'
Al darme cuenta de que en Puerto Hurraco había una herida todavía abierta, sobre todo por cómo los medios habían contado esta tragedia. Se exageró lo ocurrido y se convirtió en un relato cercano a la ficción, una tragedia con muchas ramificaciones. Se llegó a decir que el crimen se cometió por la influencia de la luna, y un autor sacó un libro esotérico sobre la tragedia que culpaba a la numerología… Son cosas que, pensadas con perspectiva, resultan absurdas. Con Puerto Hurraco se sobrepasaron límites y se dijeron barbaridades ante las que nadie dijo nada.
–Afirma que alrededor de Puerto Hurraco se construyó un relato lleno de falsedades. ¿Cuál es la mentira más extendida sobre aquel crimen?
–Más bien fue un efecto Mandela. Se generó una creencia en toda la sociedad que resulta ser falsa. Me refiero a que se estableció que las hermanas Izquierdo habían manipulado a sus hermanos, que les habían convencido de cometer el crimen. Dos años antes del juicio, la Justicia consideró que las hermanas eran inocentes del crimen. No fueron al juicio como acusadas ni como testigos. Es cierto que pasaron toda su vida en un centro psiquiátrico, pero por problemas mentales. Aun así, algunos medios vertieron todo tipo de acusaciones y calumnias sobre ellas.
Los hermanos Izquierdo
La concepción que hoy mantiene la sociedad es que eran las verdaderas culpables, las cerebros del crimen. En documentales de televisión y podcast muy famosos, hasta prácticamente hoy mismo, se las sigue culpando a ellas. Casi nadie ha hecho ningún esfuerzo por contar la verdad de lo que había pasado, de lo que dijo la justicia.
–¿Cómo de dañada está la sociedad de Puerto Hurraco?
–La gente de Puerto Hurraco tiene que estar más que acostumbrada a que la gente la mire por encima del hombro, con condescendencia, porque al final son la aldea del crimen o así ha pasado al acervo de nuestra sociedad. En el año 1990, España se estaba consolidando como un país moderno y democrático, pero de repente sucedió este crimen y se generó el estereotipo de la España negra. Extremadura, y en concreto Puerto Hurraco, se convirtieron en el epicentro del estereotipo de la leyenda negra de España.
–Puerto Hurraco acabó convertido en símbolo de la llamada «España negra». ¿Fue una simplificación mediática o había algo de verdad en esa imagen?
–Fue una simplificación mediática absoluta. No hay que olvidar que fue en 1990, pese a que muchas imágenes sean en blanco y negro y la gente piense que ocurrió décadas antes. No estábamos en la España del hambre y la represión de los años 40. Cuando aconteció el suceso había televisión y ese año llegaron las televisiones privadas.
Asumimos que era una España negra, pero la realidad es que no tenía nada de negra. Fue una época donde la gente era oscura, pero porque había drogas, había violencia y estaba ETA, era una nación complicada en general, no una nación negra.
–Esta matanza inauguró una forma de contar los crímenes en televisión. ¿Qué queda hoy de aquel modelo y qué ha cambiado con la irrupción de internet y las redes sociales?
–Puerto Hurraco fue el primer crimen televisado de la historia de España: se grabaron los entierros, a los familiares, se entrevistó a los asesinos en prisión y se viajó con las hermanas Izquierdo, y muchas otras cosas que hasta entonces se desconocían. La televisión ya existía, pero era la primera vez que tuvimos televisiones privadas compitiendo por audiencias sin escrúpulos.
Luciana y Ángela Izquierdo
El periodismo de sucesos, el género criminal televisivo que hoy conocemos nace con Puerto Hurraco. Lo que ha cambiado de entonces ahora es que en aquella época no había ningún tipo de filtro. Se siguen cometiendo brutalidades y en algunos programas se peca de morbo o sensacionalismo, pero mucho menos. Hoy en día existe un límite moral y ético que no se suele sobrepasar. En ningún programa de televisión sería concebible que se enseñaran imágenes de una víctima.
–¿Qué ha sido lo más incómodo que ha encontrado durante la investigación?
–Escribiendo el libro sentía que tenía una espada encima de mí, como, ten cuidado, no te equivoques, cuidado a ver cómo abordas esto… No podía caer en el moralismo, el sensacionalismo o contar la sangre por la sangre. Si se quería pasar página había que poner el dedo en la llave y reivindicar qué se hizo mal. El libro lo afronto desde una subjetividad sincera, es decir, cuento lo que veo y juzgo cuando considero, pero siempre atendiendo a los hechos y a las cosas que se pueden demostrar.
–Treinta y seis años después, ¿qué es más difícil de combatir: el olvido o las historias falsas que se construyen para llenar sus huecos?
–Las historias falsas, porque los crímenes de sangre más bestias están lejos de caer en el olvido, es imposible con toda la sobreinformación que hay. No hay que combatir el olvido, sino los excesos que se cometieron a la hora de contar el crimen. También hay que valorar que una persona que hace un podcast de 20 minutos sobre un crimen no investiga realmente lo que pasó.
En Puerto Hurraco había una deuda que saldar con la verdad. No podía ser que un crimen tan bestial se hubiera contado tan mal y que casi 36 años después no hubiera objetividad ni sinceridad.