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Réplica automatizada de 'Psique reanimada por el beso del amor'Robotor

¿Puede un robot sustituir a Miguel Ángel? La robótica pone en jaque el oficio de los escultores

Un sistema robótico desarrollado en Italia es capaz de esculpir mármol en pocos días y abre el debate sobre el futuro de la escultura tradicional

Paciencia, tiempo y una técnica depurada fueron durante siglos los pilares sobre los que se levantaron las grandes obras de la escultura universal. Hoy, el desarrollo de la robótica amenaza con alterar ese paradigma. Máquinas capaces de tallar en pocos días piezas que antes exigían años de trabajo y dedicación abren un escenario inédito en la historia del arte.

En mayo de 2026, el estudio italiano TorArt y su filial Robotor dieron la vuelta al mundo tras viralizarse las capacidades de su robot escultor de mármol de Carrara. El sistema, basado en automatización de alta precisión, reproduce complejas esculturas de estilo clásico en apenas entre 11 y 15 días, un plazo impensable hasta hace muy poco.

La comparación con los grandes maestros resulta inevitable. Miguel Ángel tardó cerca de dos años en completar La Piedad y alrededor de tres en esculpir El David. La velocidad, sin embargo, no siempre es sinónimo de valor artístico. Una máquina puede replicar formas con precisión milimétrica, pero el debate sigue abierto: si también puede transmitir la creatividad, la emoción o la huella personal que convierten una escultura en obra de arte.

Los ejemplos históricos refuerzan esa idea. Gian Lorenzo Bernini dedicó alrededor de cinco años a El éxtasis de Santa Teresa; Donatello empleó cerca de siete en el monumento ecuestre de Gattamelata; y Fidias trabajó durante años en la desaparecida Estatua de Zeus de Olimpia, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

El debate sobre el valor del arte

Frente a ese ritmo, el robot les supera con holgura en tiempo, pero no necesariamente en valor. De hecho, las réplicas realizadas por este tipo de sistemas no alcanzan precios elevados en el mercado del arte. «Carece de algo que es irremplazable: nuestra condición imperfecta. Es justamente porque podemos equivocarnos, porque podemos fallar, que una obra puede llegar a ser sublime. Lejos de reemplazar a un escultor, esto da más valor al trabajo humano», sostiene un artista en redes sociales.

La irrupción de esta tecnología ha reabierto una discusión que trasciende a la escultura. Si una máquina es capaz de reproducir una obra con fidelidad casi perfecta y en una fracción del tiempo, la pregunta se desplaza: ¿Qué aporta realmente el artista?

Para unos, el robot es una herramienta que amplía las posibilidades de creación. Para otros, ninguna escultura generada por un algoritmo y ejecutada por un brazo mecánico podrá sustituir una pieza concebida y tallada por una persona, donde cada golpe de cincel forma parte de la obra y el proceso creativo es inseparable del resultado.

La Piedad de Miguel Ángel situada en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano

La Piedad de Miguel Ángel situada en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano

El sistema de Robotor funciona a partir de tres pasos: carga del modelo 3D, selección del tipo de escultura y definición del nivel de acabado en función del tiempo y la calidad deseada.

Las máquinas de la compañía llevan en el mercado desde 2022 y, según la propia empresa, también se plantean como herramienta en disputas patrimoniales entre países. Entre los ejemplos que citan figura el conflicto entre Grecia y el Reino Unido por las esculturas del Partenón conservadas en el Museo Británico de Londres. Sin embargo, lejos de ofrecer una solución, la propuesta se percibe más como una hipótesis sin recorrido real.

Quizá la pregunta ya no sea si un robot puede esculpir mejor que una persona. La verdadera incógnita es si una obra creada en apenas dos semanas por una máquina podrá emocionar dentro de cinco siglos del mismo modo que lo siguen haciendo hoy La Piedad o El David.

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