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La catástrofe de Urtasun: 'Cultura para Palestina' mientras la española se pudre por abandono
El ministro de Cultura, el mismo que no condenó los atentados salvajes de Hamás, se vuelca en el Foro Internacional para la Cultura Palestina al mismo tiempo que desatiende cuestiones primordiales de su concreta responsabilidad
Muchas veces son más importantes las dejaciones que las acciones. Las dejaciones, mayormente silenciosas, de un gobernante, la inacción, pueden causar daños mucho mayores que sus acciones equivocadas.
El silencio favorece el impacto del abandono, que se va sucediendo con mayor intensidad que la acción directa, sujeta a contrapesos. El desinterés, el olvido, no tiene publicidad y sin atención se muere.
El ministro Urtasun está demostrando, en silencio, ser un sibilino destructor de la cultura española, en beneficio de la (su) ideología que pretende cambiar la sociedad y las costumbres. Se sabe por sus acciones más conocidas, como su frontal ataque a la tauromaquia, pero no se sabe (o al menos no tanto) lo que va desechando por la puerta trasera.
Su rechazo a los toros es acción directa, pero está oculta la indirecta, la oscura, que va mucho más allá de lo llamativo y manido del antitaurinismo como signo de identidad. El trasfondo de su dejadez es mucho peor, donde llama la atención el promocionado Foro Internacional para la Cultura Palestina y sus muchos actos paralelos.
Ideología pura de pleno orden y actualidad. Interés absoluto gubernamental en una cuestión política que es una gran cortina para tapar el deterioro por desatención de los pilares básicos que corresponde conservar al responsable estatal de la cultura española, el mismo que antes de serlo (y después) no ha condenado los salvajes atentados de Hamás, en este caso un sectario con intenciones únicamente sectarias.
Se sabe, como ya se ha dicho, de su embestida salvaje al sector taurino. Desde eliminar el Premio Nacional de Tauromaquia, hasta hacer desaparecer cualquier referencia estatal o incumplir la ley que le obliga a proteger el Patrimonio Cultural que es.
Pero no se sabe tanto, o incluso nada, de lo que desatiende con plena consciencia e incluso por ello con mayor violencia. Y por lo tanto con mayor éxito. No hay gestión cultural, sino detención de toda reforma, sustituida por dogmáticas pretensiones y direcciones. La reforma del INAEM o la Ley del cine son dos de los espacios de agua estancada a propósito por Urtasun, como el IVA de los galeristas.
Las intrascendentes medidas respecto al mecenazgo son otro pozo ciego, como el del Estatuto del artista. Todo esto y más, la gestión, recuérdense las goteras de la Biblioteca Nacional, son renuncias voluntarias y reales mientras el programa ideológico de Urtasun y Sumar se desarrolla sin obstáculos. Es como el retrato de Dorian Gray: las sonrisas del ministro son la falsa buena salud de la cultura española, mientras por detrás el retrato verdadero se descompone.
'Cultura para Palestina' mientras la competitividad de la cultura española se derrumba sin, por ejemplo, incentivos fiscales para los artistas, más allá del río de dinero para el cine español de parte. Y todo ello rociado de más sectarismo como el de la partidista y separatista posición ministerial respecto a los murales de Sijena.
Siempre podrá sacar a relucir Urtasun (lo único que ha sacado a relucir, como ahora y más de una vez a Palestina) el dichoso Plan de Derechos Culturales, una cortina de humo ideológica tras lo que toda la cultura real y tradicional y estructural española se va pudriendo afectada por otra clase (que no le falte ninguna a este Gobierno) de corrupción ambigua, invisible, pero efectiva.