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La nostalgia se ha convertido en un recurso habitual en el cine de animación

La nostalgia se ha convertido en un recurso habitual en el cine de animaciónEl Debate (asistido por IA)

Filosofía para todos

Aristóteles, Toy Story y aquellos amigos que se quedaron en la infancia

El filósofo reflexionó sobre una experiencia tan común como dolorosa: descubrir que algunos amigos ya no forman parte de nuestra vida

El estreno de Toy Story 5 vuelve a apostar por la nostalgia para llevar a toda una generación a los cines. Muchos serán los que acudan a disfrutar de la secuela de una cinta que vieron estrenar cuando todavía eran unos niños. No serán pocos los que tengan como compañeros de butaca a sus hijos en lugar de aquellos amigos del colegio con los que compartieron palomitas hace 30 años.

Así, algunos mirarán a izquierda y derecha buscando unos rostros que, por circunstancias de la vida, ya no están ahí. Esa sensación provocada por el paso del tiempo y por el recuerdo de los amigos de la infancia no es nueva ni se la debemos a Toy Story. Hace más de 2.000 años, Aristóteles reflexionó sobre esta tesitura en su Ética a Nicómaco. En sus páginas dedica un amplio espacio a la amistad y también pone el foco en ese difícil momento en el que hay que decir adiós.

El Estagirita se centra en un problema que tiene mucho de filosófico, puesto que trata del alma humana y de los cambios que se producen en la vida. Se pregunta el discípulo de Platón qué hacer con aquellos amigos que, con el paso del tiempo, se distancian de nosotros por su manera de ser. Entra en juego eso que llamamos madurez. Por eso, Aristóteles duda de qué camino tomar cuando «uno permanece niño por la razón, mientras que el otro se hace un hombre lleno de fuerza y capacidad».

En una época en la que la emancipación se retrasa, la seguridad laboral es mínima y la edad a la que se tienen los hijos se ha convertido en un grave problema demográfico, la cuestión aristotélica es de absoluta actualidad. Intuyo que serán muchos los lectores que puedan poner rostro y nombre a esos viejos amigos a los que ya no ven tanto como quisieran porque las responsabilidades de la vida adulta les han «atrapado». Y lo mismo al contrario: aquellos colegas que insisten en salir cada fin de semana como si tuvieran dieciocho años, pero el cuerpo ya no aguanta como entonces.

El duro problema lo resume Aristóteles en una pregunta: «¿Cómo podrán permanecer amigos, puesto que no gustan de los mismos objetos, ni tienen ya los mismos goces ni las mismas penas?». La respuesta en su caso parece evidente: la amistad se puede dar por terminada, aunque eso no implica una separación absoluta.

El filósofo considera que este cambio en la personalidad de uno y otro, esos distintos ritmos de madurez, no deben provocar un rechazo ni «tratar con dureza» a aquel que fue nuestro amigo. Al contrario, apuesta por una sana nostalgia que conserva los bellos recuerdos de la «antigua amistad» sin renunciar al agradecimiento y al cariño por todo lo que esas personas nos aportaron. Quizá sean precisamente esos momentos los que vuelvan a nuestra memoria cuando, una vez más, suene en la gran pantalla el conocido estribillo de Hay un amigo en mí.

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