Toy Story 5 y la pregunta que nadie hace: ¿estamos preparando a los niños para el mundo que viene?
El estreno de la última película de la saga de Pixar, con la nueva tablet «villana», plantea una cuestión incómoda para los padres: ¿es posible educar sin tecnología a los hijos, cuando su futuro estará marcado por la IA? El experto en tecnología adaptada a la educación Josef Brocki da la respuesta
Bonnie junto a Lilypad en Toy Story 5
El estreno de Toy Story 5 ha traído un villano inesperado. No es un juguete celoso ni un coleccionista, sino Lilypad, una tablet que compite con los muñecos por la atención de la pequeña de la casa. Pixar ha puesto el dedo en una herida que muchos padres reconocen: la batalla diaria contra las pantallas. Pero quizá la película, sin pretenderlo, plantea la pregunta equivocada.
El debate público lleva años atascado en si las pantallas son buenas o malas para los niños. Y la respuesta, como casi siempre, es que depende del uso.
El consumo pasivo y sin límites preocupa con razón; el uso moderado, supervisado y con fines educativos puede aportar.
Pero centrarse solo en el tiempo de pantalla deja fuera la cuestión de fondo: esos niños van a crecer en un mundo donde la tecnología, y muy especialmente la Inteligencia Artificial, no será un entretenimiento ocasional, sino el entorno en el que estudiarán y trabajarán.
Ahí es donde el foco se queda corto. La preocupación de los padres se concentra en cuánto usan los niños la tecnología, cuando la pregunta decisiva es cómo aprenden a relacionarse con ella. Porque el riesgo real no es que un niño vea una tablet, sino que llegue a adulto sabiendo consumir tecnología pero sin saber dirigirla.
Esa distinción no es menor. El mercado laboral que espera a estos niños ya está dando señales claras. En España, según la consultora ManpowerGroup, el 78% de las empresas tecnológicas no logra cubrir sus vacantes, y por primera vez las competencias en inteligencia artificial son las más difíciles de encontrar. No faltan personas que sepan usar aplicaciones; faltan personas que sepan pensar con criterio cuando tienen una herramienta potente delante.
La buena noticia es que las habilidades que protegen a un niño del consumo pasivo son las mismas que lo prepararán para ese futuro: la curiosidad, la constancia, el pensamiento crítico, la capacidad de cuestionar lo que una pantalla le devuelve.
Un niño que aprende a preguntarse «¿esto que me dice la tablet es verdad?» está entrenando exactamente el criterio que las empresas más demandan hoy en sus profesionales adultos.
Desde compañías especializadas en formación tecnológica, como la española Evolve, que prepara a profesionales y empresas para trabajar con inteligencia artificial, datos y ciberseguridad, la conclusión se repite y aplica igual a un directivo que a un niño de cinco años: la tecnología no transforma a las personas, las transforman las personas que aprenden a usarla con criterio. Y ese criterio no nace de prohibir, sino de educar.
Quizá la lección de Toy Story 5 no sea que la tablet es el enemigo. Es que ningún juguete, ninguna pantalla y ninguna inteligencia artificial sustituye lo que de verdad marca la diferencia: enseñar a los más pequeños a pensar por sí mismos en un mundo que cada vez piensa más por ellos.
* Josef Brocki es experto en tecnología adaptada a la educación y CEO de la empresa de formación tecnológica Evolve.