La IA ya está en la mochila de tu hijo: cinco reglas para que aprenda a dirigirla con criterio
«La pregunta ya no es si los adolescentes están usando IA. Es cómo la usan», explica para El Debate Josef Brocki, creador de contenido en redes sociales y experto en desarrollo tecnológico. Y apunta cómo ayudar a los menores a formarse en esta área según los criterios, humanos y técnicos, más valorados en el mercado.
Un niño utilizando un chatbot de IA mientras hace los deberes
Hay una estadística que debería hacernos pensar. Más del 60% de los estudiantes de Primaria y Secundaria ya usa inteligencia artificial en sus tareas escolares. Dos de cada tres adolescentes que recurren a estas herramientas lo hacen con fines académicos.
No es una tecnología que viene: ya está en las mochilas, en los móviles, en los portátiles de cada aula.
La pregunta, entonces, no es si los adolescentes están usando IA. Es cómo la usan.
Antes de hablar de si se usa bien o mal, conviene tener algo claro: la IA no entiende nada. En serio. No «sabe» física, ni historia, ni lo que el profesor va a pedir mañana. Lo que hace es predecir qué palabra viene después de la anterior, una y otra vez, con una velocidad y precisión que impresiona. Pero predecir no es lo mismo que comprender.
Es una tecnología extraordinariamente potente. Y precisamente por eso requiere criterio.
Hoy, los profesionales que más valor extraen de la IA son los que saben exactamente qué pedirle y cómo verificar lo que produce. No porque desconfíen de la herramienta, sino porque entienden que cualquier tecnología necesita dirección humana para dar su mejor resultado. Una lección que aplica igual a un directivo que a un estudiante de tercero de la ESO.
Los riesgos que nadie cuenta
Un adolescente de 17 años me lo confesó con una honestidad desarmante: podría hacer las tareas sin IA, pero le cuesta esfuerzo, y ahora le cuesta más porque sabe que la herramienta puede explicar cualquier cosa en cualquier momento. Esa frase contiene todo lo que hay que entender sobre el uso irresponsable de estas tecnologías.
El cerebro, como cualquier músculo, se desarrolla cuando trabaja. Si un estudiante delega en la IA el proceso de razonamiento, síntesis y escritura, no está ahorrando tiempo. Está dejando de entrenar capacidades que necesitará durante toda su vida. Es como ir al gimnasio y pedirle a una máquina que levante las pesas por ti.
Si un estudiante delega en la IA el proceso de razonamiento, síntesis y escritura, no ahorra tiempo. Deja de entrenar capacidades que necesitará toda su vida. Es como ir al gimnasio y pedirle a una máquina que levante las pesas por ti.
El resultado más común es la falsa sensación de dominio. El estudiante «sabe» el tema porque leyó una respuesta generada, pero no puede defenderlo, ampliarlo ni aplicarlo. En un examen oral, en una exposición, en una entrevista de trabajo años después, esa diferencia queda completamente al descubierto.
Hay además una dimensión que pocas veces se menciona: la privacidad. Muchos adolescentes comparten con estas herramientas información personal, detalles de su entorno, incluso datos sensibles, sin ser conscientes de que esa información puede ser utilizada para entrenar modelos o comercializada de formas que no controlan.
Cómo se usa bien la IA
Usar IA de manera responsable no significa no usarla. Significa aprender a dirigirla. Hay usos concretos que desarrollan el pensamiento en lugar de atrofiarlo.
El primero es usar la IA como sparring para las propias ideas: pedirle que critique un argumento, que proponga contraejemplos, que identifique los puntos débiles de un razonamiento. Es como tener un compañero de debate disponible a las dos de la madrugada antes de un examen.
El segundo es usarla para generar primeros borradores que el estudiante después mejora con su propia voz, corrigiendo errores y añadiendo fuentes verificadas. El proceso sigue siendo del estudiante.
El tercero es pedirle que explique conceptos de formas diferentes. Si una ecuación no se entiende con la explicación del libro, la IA puede traducirla a una analogía del mundo real. Siempre verificando después con la fuente original.
Cinco reglas para no perderse
Antes de entregar cualquier trabajo, un adolescente debería poder responder «sí» a estas preguntas: ¿He leído y entendido completamente lo que voy a entregar? ¿He verificado cada dato en una fuente primaria? ¿Podría explicar esto en voz alta sin ninguna ayuda? ¿He declarado, si mi centro lo exige, que se ha usado IA en el proceso?
Y una clave más, que vale para cualquier edad: tratar a la IA como a un becario muy listo pero sin ninguna experiencia. Revisa todo lo que produce. Nunca le delegues la responsabilidad final.
La competencia de una generación
Los adolescentes que hoy aprenden a dirigir la inteligencia artificial con criterio no están desarrollando una habilidad tecnológica. Están desarrollando exactamente lo que el mercado laboral más demanda y menos encuentra.
España tiene en este momento más de 120.000 vacantes tecnológicas sin cubrir. No falta gente que sepa usar ChatGPT. Falta gente que sepa pensar con herramientas que amplifican el pensamiento humano sin sustituirlo.
Eso no se aprende en un curso. Se aprende haciendo, equivocándose, verificando, dirigiendo. Lo antes posible.
* Josef Brocki es experto en desarrollo tecnológico, creador de contenido en redes sociales y CEO de la startup de formación tecnológica Evolve.