Fundado en 1910
Familia y EscuelaMaría Llanes Velasco

Por qué es tan preocupante como esperanzador el modo en que nuestros estudiantes están usando la IA

La doctora María Llanes Velasco, profesora de Ciencias de la Educación en la Universidad CEU San Pablo, explica que familias y centros educativos deben tener en cuenta que «el reto de la IA no es solo tecnológico, sino también pedagógico y ético»

Act. 15 abr. 2026 - 10:18

"La IA ofrece también numerosas oportunidades en el ámbito educativo" explica la doctora María Llanes

«La IA ofrece numerosas oportunidades en el ámbito educativo» explica la doctora María LlanesGetty Images / iStock

El lanzamiento de ChatGPT en 2022 supuso un antes y un después en la popularización de la inteligencia artificial generativa basada en lenguaje natural. Lo que hace apenas unas décadas parecía ciencia ficción es hoy una realidad totalmente integrada en nuestro día a día y está en constante evolución.

Hoy, en medio de esta transformación tan rápida, estamos siendo testigos del auge de la inteligencia artificial como uno de los fenómenos más relevantes de nuestro tiempo. Su impacto se extiende a múltiples ámbitos de la vida social y está cambiando la forma en que aprendemos, trabajamos e incluso nos relacionamos.

Más allá de su carácter innovador, la IA también está influyendo en cómo nos acercamos al conocimiento. Está modificando la manera en que interpretamos la realidad, tomamos decisiones y construimos significado en una realidad innegablemente influida por lo digital.

En el ámbito educativo, la inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más presente. Entre sus ventajas más valoradas destacan la retroalimentación inmediata, el acceso rápido a la información, la interactividad y la posibilidad de ahorrar tiempo en muchas tareas.

Sin embargo, su uso no depende solo de estas características. También influyen factores como la motivación, la preparación y la conciencia ética de quienes la utilizan, tanto docentes como estudiantes y familias.

Varios estudios recientes señalan que la falta de conocimiento sobre la inteligencia artificial limita su uso, y que aún existe una brecha importante en la formación digital de la comunidad educativa.

Por ello, resulta fundamental reforzar la formación en este ámbito, no sólo en lo relativo a aspectos técnicos, sino también en su dimensión ética. Esto sugiere la necesidad de revisar los planes de estudio e incorporar de manera más sistemática el uso de la IA en las aulas, intentando garantizar siempre la equidad en su acceso y utilización.

La inteligencia artificial ofrece también numerosas oportunidades en el ámbito educativo: permite adaptar los contenidos a las necesidades de cada estudiante, favorece el aprendizaje autónomo gracias a explicaciones alternativas y retroalimentación inmediata, y contribuye a una enseñanza más inclusiva, especialmente para estudiantes con dificultades lingüísticas o que no dominan el inglés.

Además, abre la puerta a metodologías más innovadoras, como simulaciones o experiencias de aprendizaje interactivo, y facilita la labor docente en tareas como la creación de materiales o la organización del trabajo académico.

A pesar de todo su potencial, su impacto genera incertidumbre. La IA produce tanto entusiasmo como preocupación.

A pesar de todo este potencial, su impacto genera incertidumbre. La IA produce tanto entusiasmo como preocupación. Una de las principales dudas se refiere a la fiabilidad de la información que ofrece, ya que puede incluir errores, sesgos o contenidos inventados. A esto se suma la necesidad de formación adecuada para un uso responsable.

Preocupa de manera especial, a familias y centros educativos, su relación con la integridad académica. El posible uso indebido de estas herramientas en trabajos y evaluaciones plantea retos importantes, sobre todo en un contexto en el que todavía no existen sistemas totalmente fiables para detectarlo.

Junto a ello, aparecen dudas sobre la posible dependencia tecnológica y su impacto en el desarrollo del pensamiento crítico y otras capacidades cognitivas.

En definitiva, el reto no es solo tecnológico, sino también pedagógico y ético. No se trata únicamente de regular su uso, sino de integrarlo de forma coherente en los procesos educativos, favoreciendo un aprendizaje más profundo y significativo.

Este escenario abre también un debate necesario sobre la honestidad académica, la autoría y la responsabilidad en la producción del conocimiento. Por ello, las instituciones educativas tienen hoy un papel clave: definir con claridad cómo, cuándo y en qué condiciones puede utilizarse la inteligencia artificial en la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación.

  • María Llanes Velasco es doctora en Educación y profesora de Ciencias de la Educación en los Grados de Educación de la Universidad San Pablo CEU
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas