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La Inteligencia Artificial se ha convertido en un recurso habitual entre algunos escritores

La Inteligencia Artificial se ha convertido en un recurso habitual entre algunos escritoresEuropa Press

Demasiado perfectos para ser reales: cómo detectar si un libro se ha escrito con IA

Los textos elaborados con inteligencia artificial dejan un rastro de pistas que permiten detectarlos en la lectura

Textos demasiado perfectos, demasiado redondos, donde todo encaja. Tan pulcros, tan engrasados que chirrían, como chirriaban aquellos replicantes de Blade Runner: más humanos que los humanos, pero solo por fuera; por dentro eran puro vacío.

Eso es lo que ocurre con los libros elaborados con inteligencia artificial, que cada vez son más frecuentes y cuya proliferación está desatando las alarmas de escritores y editores.

El caso más llamativo fue el del filósofo chino Jianwei Xun. Su obra Hipnocracia se convirtió en un referente para gurús motivacionales, filósofos de salón y todólogos de diversas materias. ¿El problema?: que Jianwei Xun no existía y su célebre obra Hipnocracia se elaboró con diferentes programas de inteligencia artificial, lo cual no impidió que se convirtiera en un best seller.

Fue también muy sonado en el mundo anglosajón el caso de la novela de terror Shy Girl, de Mia Ballard que, tras arrasar en Reino Unido se descubrió que gran parte del texto se elaboró con inteligencia artificial, lo que motivó su retirada en las librerías británicas y se cancelara su lanzamiento en Estados Unidos.

Pero ¿cómo detectar si un libro ha sido escrito con inteligencia artificial simplemente con leerlo, sin recurrir a softwares de control?

Aunque es cierto que hay que estar habituado a la lectura y familiarizado con la tecnología, las aplicaciones de inteligencia artificial siempre dejan pistas o marcas que, si se saben detectar, permiten identificar sin lugar a dudas la autoría artificial del libro.

Para empezar, los textos elaborados con inteligencia artificial siempre tienen unas características muy concretas de estilo y redacción, abusando de los clichés y lugares comunes. Por ejemplo, suelen repetir siempre las mismas coletillas o latiguillos, las fórmulas de introducción de una frase o comienzos de párrafo. Asimismo, es frecuente encontrar frases consistentes enumeraciones en forma de listas donde se repiten los mismos elementos.

En muchas ocasiones se nota la ausencia de una mano humana que evite equívocos ante conceptos confusos, situaciones con múltiples interpretaciones posibles, o situaciones en las que es necesario conocer el contexto para poder exponerlas coherentemente.

Esta incoherencia se puede notar en el uso erróneo de palabras con múltiples significados, lo que genera frases absurdas involuntariamente cómicas o simplemente sin sentido, o en la confusión de personajes reales o ficticios.

Otra pista puede encontrarse en el vocabulario. La inteligencia artificial suele contar con un vocabulario hipercorrecto, pero pobre. Recurre a términos genéricos, sin buscar los matices a los que se puede llegar con un vocabulario rico. Son frases muy bien construidas, pero repitiendo siempre las mismas fórmulas, sin licencias más o menos líricas, a las que un autor puede recurrir si considera que enriquece el texto.

También se evidencia que una IA está detrás de un texto cuando se ve que los párrafos son todos de la misma longitud o contienen las mismas fórmulas gramaticales.

Todos esos elementos juntos hacen que el texto carezca de ritmo y alma, lo cual, sin ser experto en IA, hacen que le chirríe a un lector mínimamente atento.

Los textos narrativos escritos con inteligencia artificial suelen tener otros problemas, como personajes demasiado planos, sin matices, que actúan siempre sin plantearse dudas o cuestiones éticas, y siempre actuando de un modo perfecto.

Los diálogos pueden resultar artificiales y falsos, y las descripciones siempre responden a los mismos patrones.

Asimismo, los textos narrativos elaborados con IA muchas veces presentan incongruencias o contradicciones respecto a lo dicho con anterioridad en el texto. Esos errores de continuidad llevan a que de repente reaparezca un personaje que había muerto o se vuelva a emplear un objeto que se había roto.

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