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San Buenaventura, autor del 'Itinerario de la mente a Dios'El Debate (asistido por IA)

Filosofía para todos

La forma más bonita de llegar a Dios

San Buenaventura planteó un itinerario trascendental que parte de la contemplación y la belleza

En el artículo de la semana pasada quisimos explicar el verdadero significado del amor platónico. El filósofo griego no hablaba de deseos inalcanzables, sino del camino que permite al hombre pasar de la atracción hacia una persona a la contemplación de una Belleza «eterna, increada e imperecedera».

El uso de semejantes adjetivos por parte de Platón hace más que entendible que ya los primeros pensadores cristianos relacionasen la belleza creada con la Belleza divina. Esta tradición se ha mantenido en el seno de la filosofía y la teología, y son numerosos los ejemplos de autores que han encontrado en la contemplación estética una vía adecuada para la búsqueda trascendental.

Uno de los más notables es el de san Buenaventura y su Itinerario de la mente a Dios. Este místico franciscano fue coetáneo de santo Tomás de Aquino y, aunque mantuvieron diferencias filosóficas y teológicas, ambos son reconocidos como Doctores de la Iglesia. En el texto mencionado ofrece un camino de ascenso espiritual que implica al hombre en su conjunto, pero en el que tiene un papel fundamental la contemplación del mundo que nos rodea y el descubrimiento de la belleza que hay en él.

Es tan terrenal el comienzo que el pensador se detiene en describir los cinco sentidos del hombre «como cinco puertas, por las cuales entra a nuestra alma el conocimiento de todas las cosas que existen en el mundo sensible». Como si de un breve tratado epistemológico se tratase, el franciscano explica cómo se da el paso de lo concreto que percibimos a la aprehensión de lo común «como el número, la grandeza, la figura, el reposo y el movimiento».

Deleitarse para ascender

A partir de esta aprehensión, san Buenaventura señala que el alma se deleita cuando percibe a través de esos sentidos la hermosura, suavidad, salubridad... y lo hace «a causa de la proporción». Por lo tanto, esta delectación se da ante cierta armonía que podemos asociar a la belleza de ciertas cosas que nos rodean.

El siguiente paso de la escalera que se nos presenta en el Itinerario es el del juicio: ¿por qué algo nos parece bello? Entramos ya en el «sentido interior», es decir, en lo intelectual. Tras deleitarnos, buscamos «la razón de lo hermoso, de lo suave y de lo saludable» y hallamos «vestigios donde podemos investigar a nuestro Dios».

Explica el Doctor de la Iglesia que «la especie que deleita como hermosa, suave y saludable, da a conocer que existe la primera hermosura, suavidad y salubridad en aquella primera especie, donde hay suma proporción e igualdad respecto al engendrador». Así, las bellezas del mundo nos llevan a buscar a Aquel en el que se dan «la razón de lo sumamente hermoso, sumamente suave y sumamente saludable». Y solo en Él encontramos «la delectación fontal y verdadera».

San Buenaventura coincide aquí con el Aquinate cuando concluye que «las criaturas de este mundo sensible significan las perfecciones invisibles de Dios». En el caso de la belleza, lo concreta al señalar que «toda copia lo es del ejemplar»; por lo tanto, si Dios es lo sumamente hermoso, las demás cosas hermosas, siempre en un grado inferior, nos remiten a su ejemplar primero y son «camino» que conducen a ese fin trascendental.

De este modo, sea o no la más sólida desde el punto de vista filosófico, la vía de la Belleza es la más bonita y agradable para quienes buscan sinceramente la Verdad.