La filosofía más popular se hace presente en el concepto de 'amor platónico'.
Filosofía para todos
¿Sabes realmente lo que es el amor platónico?
La cultura popular convirtió esta idea en sinónimo de deseo inalcanzable, aunque Platón hablaba de algo mucho más ambicioso
Como las lenguas están vivas, la forma en la que la sociedad se expresa evoluciona constantemente. En nuestros días, los anglicismos siguen ganando terreno y amenazan con borrar de la memoria colectiva términos y expresiones que hasta hace poco eran muy habituales. Una de ellas, muy relacionada con la filosofía, es la que hace referencia a esos amores idealizados, pero imposibles de alcanzar.
Supongo que la mayoría de los lectores de este artículo saben que me estoy refiriendo a los amores platónicos. Sin embargo, si el texto ha caído en manos de alguno de mis alumnos más jóvenes, a la mente le habrá venido su crush. Es más o menos lo mismo, pero en la jerga de los bros.
La popular relación de Platón con los amores ideales se sigue de la simplificación de su propia teoría. El griego distingue entre el mundo de las cosas materiales, imperfectas y corrompibles que captamos por los sentidos y el ámbito de las Ideas, perfectas, eternas e inmutables, a las que podemos llegar a través de un camino que implica al alma y a la razón.
Como se ve, la expresión no va mal encaminada y demuestra que la filosofía está mucho más presente en nuestra cultura de lo que algunos quieren creer. Sin embargo, para Platón el amor no quedaba reducido a una atracción ideal e inalcanzable. El filósofo dedicó uno de sus diálogos, El banquete, al asunto y es ahí donde encontramos sus reflexiones en toda su intensidad.
La ciencia de lo bello
Tal y como explicó Javier Crevillén en un interesantísimo artículo publicado hace unas semanas en El Debate, «Sócrates no sienta cátedra conduciendo a sus contertulios con su característica ironía (…), sino que presenta su conocimiento sobre el amor como una verdad revelada». Como es habitual, Platón pone la argumentación en boca de su maestro, pero en esta ocasión cita también a una tercera persona: una mujer llamada Diotima a la que otorga el mérito de haberle enseñado «todo lo que sé del Amor».
En la parte central de su intervención, Sócrates define el camino que hace del amor un motor en busca de una Belleza infinita que no queda limitada por una persona concreta. Eso sí, el primer paso tiene como protagonista «un cuerpo bello y hermoso». Sin embargo, lo platónico llega a partir de este punto.
Empujado por esa atracción que anima al intelecto, el hombre descubre que la belleza concreta del amado es «hermana de la que se encuentra en todos los otros». Así comienza una ascensión que no se detiene en el físico para «aprender a estudiar la belleza del alma».
El enamorado que alcanza ese punto podrá observar aquello que es invisible a los ojos: la virtud, la bondad que incluso se da en las acciones de hombres con un cuerpo «privado de atractivos». Y esa belleza la descubrirá también en las ciencias y en el conocimiento del mundo en general.
De esta forma, se convierte el hombre en filósofo puesto que «la sabiduría es una de las cosas más bellas del mundo, el Amor ama lo que es bello, luego hay que convenir que el Amor es amante de la sabiduría, es decir, filósofo», dirá Sócrates en El banquete.
Como puede verse, Platón no pensaba en amantes inalcanzables. Todo lo contrario: el pensador griego entendía este impulso como el acicate necesario para alcanzar la contemplación de una Belleza «eterna, increada e imperecedera». El camino hacia semejante cima parece arduo, pero el amor, como es sabido, requiere esfuerzo y dedicación.