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El artista chino Ai Weiwei

El artista chino Ai WeiweiEuropa Press

¿Qué fue de Ai Weiwei? El artista chino que se enfrentó a Xi Jinping y se entregó al separatismo de Puigdemont

Alejado de los focos en su residencia de Portugal, Ai Weiwei sigue siendo uno de los artistas más cotizados del mundo. Acaba de presentar Mushrooms en Sídney, una obra alabada de forma unánime por la crítica

Como un pequeño David frente a un gigantesco Goliat, Ai Weiwei se enfrentó al gobierno chino y al todopoderoso Xi Jinping denunciando la corrupción del régimen comunista y de sus élites.

El hoy cotizadísimo artista pagó las consecuencias de poner en duda la legitimidad de una de las maquinarias totalitarias mejor engrasadas del mundo y fue arrestado en 2011 por una supuesta evasión de impuestos.

Su detención puso a Ai Weiwei como un referente del activismo en defensa de los derechos humanos, y su cotización como artista subió como la espuma. Tras cerca de dos meses encarcelado, fue puesto en libertad aunque con la prohibición de salir de Pekín.

La presión internacional para que finalizara la persecución contra Ai Weiwei favoreció que en 2015 las autoridades comunistas chinas levantaran la prohibición de viajar fuera del país y se le permitió instalarse en Berlín.

Ya en Alemania, Ai Weiwei tomó por bandera toda clase de lucha por los derechos humanos y las libertades, embarcándose en batallas de manera más o menos afortunada.

Su forma de ejercer el activismo como si fuera una actividad profesional le llevó a defender numerosas causas sin un mínimo discernimiento, lo que le llevó a apoyar públicamente la independencia de Cataluña durante los años del procés, a apoyar públicamente a Puigdemont (con quien se fotografió en varias ocasiones) y a reclamar la puesta en libertad de los condenados por el intento de secesión, a los que llegó a visitar en prisión.

Ai Weiwei llegó a definir a los condenados por el procés (posteriormente amnistiados por el gobierno de Sánchez) de «presos políticos» y reclamó la intervención de la Unión Europea. También fue premiado por la organización independentista Òmnium Cultural, a cuyo presidente Jordi Cuixart visitó en la cárcel.

Muchos críticos advirtieron que la defensa del procés por parte de Ai Weiwei estaba minando su credibilidad como activista, faceta a la que debe gran parte de su popularidad.

Hoy Ai Weiwei vive alejado de la tormentosa política española, aunque sigue siendo un referente de la defensa de los derechos humanos en China. En 2022 dejó el Berlín de su exilio y se instaló en la tranquila región del Alentejo, en Portugal.

Allí sigue ideando y creando las obras de arte que lo han hecho uno de los artistas más cotizados del momento en todo el mundo.

Desde su refugio portugués ideó su gran exposición ‘Don Quixote’, una ambiciosa muestra que pudo verse en 2024 y 2025 en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), porque, aunque partidario del procés, Ai Weiwei siempre se mostró un admirador de España, tal vez sin ser consciente de la contradicción entre ese sentimiento y el secesionismo catalán.

Su última obra, Mushrooms, en Sídney, ha concitado el acuerdo de crítica como un referente del arte contemporáneo.

La obra de Ai Weiwei en Sídney Mushrooms

La obra de Ai Weiwei en Sídney MushroomsEuropa Press

Se trata de un encargo del Museo de Arte Contemporáneo de Australia. Ai Weiwei ideó una instalación de 40 metros con 500 cascos de soldados fabricados en hierro fundido y organizados de forma simétrica en diez filas sobre el parque Tallawoladah, según informa ARTnews.

Según declaraciones del propio artista, con esta obra ha querido reflejar un momento como el actual donde guerra y paz conviven: «Espero que este trabajo invite a la reflexión sobre la guerra y la paz», declaró.

Según declaró el artista a ARTnews, la inspiración que prendió la chispa de esta obra surgió en 2022, cuando la guerra de Ucrania daba sus primeros pasos y todo parecía que la Rusia de Putin terminaría por doblegar la democracia ucraniana y acabar con su soberanía ante una Europa pasmada.

En ese contexto, Ucrania solicitó al gobierno alemán, y a otros gobiernos europeos, armas para poder hacer frente a la invasión rusa. Alemania, que entonces aún mantenía estrechos lazos energéticos y comerciales con Rusia, negó la petición y, en su lugar, ofreció 5.000 cascos para las tropas ucranianas. Ai Weiwei consideró aquella medida como una «auténtica broma».

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