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Isabel Allende y el Planeta, el bienvenido último acto del sainete literario que vuelve año tras año

La elección de la autora chilena resulta una brillante maniobra y vuelta de tuerca promocional del galardón con mayor dotación económica del mundo, con permiso del Nobel

Madrid

Isabel Allende saluda tras recibir el Premio Planeta 2026

Isabel Allende saluda tras recibir el Premio Planeta 2026Pau de la Calle

Imagínese que un escritor sin nombre por el pseudónimo obligatorio, tal y como explican las bases, se presenta al Premio Planeta. Y resulta que el manuscrito repite o trae personajes (sobre todo uno) ya conocidos por una novela muy famosa, casi clásica, con versión cinematográfica hollywoodiense incluida.

¿Qué hace el jurado, el individual y el colectivo, al comprobar estas coincidencias? ¿Qué se dicen?: «¿Esto lo ha escrito X?», «¿cómo puede ser?». Aunque lo más normal sería pensar que, de entre los cientos de novelas recibidas, un concursante de su padre y de su madre, como todos, ha decidido recuperar la vieja historia y continuarla, darle forma y enviarla, por si cuela.

Algo surrealista como en la película Anochece que no es poco, de José Luis Cuerda, donde un escritor suramericano decide plagiar palabra por palabra la novela de William Faulkner Luz de agosto, ante el disgusto del cabo Gutiérrez, interpretado por el gran Saza, con su frase «¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?».

No se imagina a nadie del jurado del Planeta llamando a consultas, o sí (el surrealismo cabe perfectamente en galardón tan singular) al escritor en cuestión, por qué no con la idea de espetarle: «¿Es que no sabe que en este Premio es verdadera devoción la que hay por Isabel Allende?».

De Plaza y Janés a Planeta

Y todo para encontrarse, de forma inevitablemente surrealista, con la mismísima Isabel Allende como si fuera uno de los hombres que brotan de los bancales en el filme citado. El Planeta podría tener un lema a partir de ahora en honor al absurdo y al surrealismo, por las similitudes delirantes traídas, como, por ejemplo: «Acontece, que no es poco».

El premio Planeta acontece que no es poco (o más bien mucho), después de que Isabel Allende, autora chilena consagrada, una superventas de los últimos cerca de cincuenta años, perteneciente a la editorial Plaza y Janés desde siempre, se haya «presentado» al galardón de un sello rival.

Su presencia triunfante el jueves por la noche en la gala en Barcelona fue casi tan fantasmal como sus espíritus famosos con los que ha regresado. Resulta también curioso cómo Allende ha hecho lo que se podría llamar «un Uclés», es decir, presentarse al premio de una editorial distinta a la que le publica, como hizo el jiennense al ganar el Nadal (también de Planeta), cuando su novela de éxito, la que le dio la oportunidad, la editó Siruela.

Más allá de surrealismos, comparaciones con el absurdo, incluso posibles «traiciones» o críticas de cualquier clase en las que estos mismos párrafos pueden encajar, el Planeta (que rompe su «endogamia») de Isabel Allende resulta una brillante maniobra y vuelta de tuerca promocional del Premio con mayor dotación económica del mundo, con permiso del Nobel.

El Planeta tiene a un «gran» autor como ganador en su 75º aniversario, la quizá (o sin quizá) demasiado perfecta conjunción que no por ello deja de ser una excelente noticia para la literatura, para que se hable de ella, para los libros, para que se lea, para que la gente lea y hable de una novela o de muchas, para que la gente compre libros y las conversaciones salgan fuera de la oscura cárcel de la política para meterse, aunque sea de aquella manera, en el campo abierto de la cultura.

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