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Joseph Höffner: descubridor de la Escuela de Salamanca y padre de la moderna DSI

Joseph Höffner: descubridor de la Escuela de Salamanca y padre de la moderna DSIRealizado con IA

El Debate de las Ideas

Joseph Höffner: descubridor de la Escuela de Salamanca y padre de la moderna DSI

El próximo 24 de diciembre se conmemora el 120 aniversario del nacimiento del cardenal Joseph Höffner, que viene así a coincidir con la celebración este año del quinto centenario de la conocida como «Escuela de Salamanca», en la que muchos ven los orígenes del pensamiento liberal español. Valga esta doble efeméride para recordar la figura del cardenal alemán —tan poco estudiada en España, no obstante su decisiva relevancia— a quien le corresponde el mérito de haber sido el primero en estudiar académicamente el pensamiento económico de los escolásticos salmantinos. Contribuyó, además, quizás más que ningún otro autor, a injertar la teoría y el pensamiento económico de inspiración (ordo)liberal friburgués –que hemos tratado en un anterior artículo– en la enseñanza social católica. Una trayectoria intelectual que, como reza el trabajo de Giuseppe Franco, va «de Salamanca a Friburgo» [Von Salamanca nach Freiburg] y, nos permitimos añadir, desde Friburgo a Roma.

Adicionalmente, como mostraremos en este artículo, gracias a Höffner el conocimiento de la Escuela de Salamanca se transmitió desde la Escuela de Friburgo —filosófica y metafísicamente mucho más afín al escolasticismo— a la Escuela Austríaca. El cardenal Höffner se revela así como el «eslabón perdido» entre los escolásticos salmantinos y el liberalismo moderno, despejando así una de las incógnitas de la historia del pensamiento económico: a saber, cómo resultó que los economistas austríacos descubrieron «espontáneamente» a aquellos frailes españoles a quienes, a la postre, acabarían considerando sus precursores.

Viena descubre Salamanca

El pensamiento económico de los escolásticos españoles tardíos, comúnmente englobado bajo el —poco preciso, pero ya consolidado— nombre de «Escuela de Salamanca» (ni constituían propiamente una escuela coherente, ni todos pasaron por Salamanca), se dio a conocer por primera vez al público anglófono gracias a la monografía de Marjorie Grice-Hutchinson The School of Salamanca: Readings in Spanish Monetary Theory (Oxford, 1952). El libro se basaba en la investigación de su tesis doctoral, que había sido dirigida primeramente por F. A. von Hayek y, tras la marcha de éste de Londres a Chicago en 1950, por R. S. Sayers (el libro está dedicado a ambos).

Ahora bien, hasta la fecha resultaba nebuloso tratar de dilucidar cómo surgió la idea de estudiar las aportaciones económicas de unos —por aquel entonces aún obscuros— religiosos adscritos a la Universidad de Salamanca (el proyecto original de tesis de Grice Hutchinson versaba sobre Campomanes). Paradójicamente, el desconcierto resulta de las contradictorias declaraciones dadas por la propia protagonista a lo largo de su vida, y que, básicamente, se resumen en tres narrativas alternativas: (a) Fue Hayek quien, tras ser informado de la inviabilidad de realizar una tesis sobre Campomanes, le sugirió que se centrara en las obras de los escolásticos tardíos españoles; (b) Fue la propia Grice-Hutchinson quien, tras haber sido «olvidada» por Hayek, eligió el nuevo tema de forma autónoma; (c) Fue el profesor Carmelo Viñas Mey quien dirigió su atención hacia las obras de los miembros de la Escuela de Salamanca. No obstante, este texto suscita más dudas de las que resuelve —que desgranamos y analizamos el profesor Juan Castañeda y quien esto firma en un artículo de próxima publicación—, al igual que la afirmación hecha en 1999 por la británica en una carta a León Gómez Rivas afirmando que «Hayek nunca había oído hablar de los autores «salmantinos» antes de que yo se los presentara, hacia 1949 o, posiblemente, 1950».

¿Se sostiene tal afirmación —que sería repetida por Lucas Beltrán— de que Hayek desconocía por completo a los escolásticos españoles en su vertiente económica? No parece plausible, pues es muy plausible que el vienés recibiera 1941 en Londres el ejemplar de la tesis doctoral que un joven sacerdote, Joseph Höffner, había defendido bajo la dirección de Walter Eucken en Friburgo (al encontrarse en plena Guerra Mundial, la correspondencia entre Eucken y Hayek se lleva a cabo de forma rocambolesca por mediación de Wilhelm Röpke —residente en Suiza— vía Ginebra-Madrid-Londres). La disertación doctoral, que llevaba por título Wirtschaftsethik und Monopole im fünfzehnten und sechzehnten Jahrhundert [Ética económica y monopolios en los siglos XV y XVI], había sido publicada por la prestigiosa editorial Gustav Fischer de Jena y en ella Höffner estudiaba con su habitual minuciosidad y pulcritud los postulados de los escolásticos españoles con respecto al mercado y, más concretamente, a los monopolios. El ejemplar que recibió Hayek se ha conservado y puede consultarse en su biblioteca, depositada en la Universidad de Salzburgo. Ergo, el economista austríaco, aun cuando no hubiera llegado a leer el libro, era conocedor de que los escolásticos salmantinos habían tratado cuestiones económicas —en concreto, acerca de un tema tan central al (ordo)liberalismo friburgués como la concentración de mercado— en un grado lo suficientemente amplio y detallado como para dar lugar a una voluminosa tesis doctoral. Si, además, tenemos en cuenta que, en aquel momento, la relación entre Hayek y Eucken, al margen de una gran admiración profesional era de una sincera amistad, parece poco probable que al menos no ojeara la publicación que éste había supervisado y le había hecho llegar. Por lo tanto, no parece aventurado afirmar que Hayek sí era conocedor de la existencia de los autores salmantinos y bien pudo haber puesto a su estudiante sobre su pista.

No ha lugar aquí a desentrañar las razones por las que Grice-Hutchinson ignoró —salvo en uno de sus últimos escritos— la obra de Höffner, a pesar de su comprensión de la lengua germana (su marido era alemán), ni las causas por las que Hayek jamás llegara a citar ninguna obra de la autora británica (a pesar de su intervención conjunta en la Universidad de Salamanca en el marco de la reunión en Madrid de la Mont Pelerin Society en 1979). En cambio, y ello es lo relevante a nuestro propósito, el libro de Höffner sí aparece referenciado en la obra de este último Law, Legislation and Liberty (tres vols., Londres, 1973-1979).

Breve semblanza de Joseph Höffner

Como ya se ha dicho, Joseph Höffner nació el 24 de diciembre de 1906 en la localidad alemana de Horhausen. Hijo de labradores, como primogénito le correspondía hacerse cargo de la explotación agraria familiar. No obstante, por recomendación del párroco del pueblo, en su lugar fue enviado al instituto en Tréveris, donde se graduó en 1926 (curiosamente, en el mismo instituto en el que lo hiciera casi un siglo atrás Karl Marx, quien, en una carta a Engels, criticaría con desdén la presencia de «algunos hijos de campesinos que compartían las clases con nosotros»). De 1926 a 1934, Höffner estudió en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, obteniendo en 1929 su primer doctorado (en Filosofía). El 30 de octubre de 1932 fue ordenado sacerdote, obteniendo en 1934 su segundo doctorado (en Teología) en Roma. Entre 1935 y 1936, Höffner fue capellán en la iglesia parroquial de San Juan de Saarbrücken. Tras esta breve etapa en la pastoral, Höffner estudió en Friburgo de Brisgovia entre 1937 y 1939, doctorándose nuevamente en Teología en 1938, ya que el régimen nazi no reconocía su título de doctorado italiano. En 1939 obtuvo la licenciatura en Economía, doctorándose —por cuarta vez— en esa materia al año siguiente (26 de enero de 1940) bajo la dirección de Walter Eucken.

Entre 1943 y 1945 ejerció como párroco de la parroquia de Tréveris-Heiligkreuz. Ese año completó su habilitación en Friburgo de Brisgovia, con la tesis —publicada en 1957 en traducción española por Ediciones de Cultura Hispánica— El cristianismo y la dignidad humana. La preocupación de la ética colonial española en el Siglo de Oro. En ella analizaba las posturas de los eruditos escolásticos españoles respecto a los territorios hispanoamericanos.

Cabe añadir que su acervo de estudios no fue en vano, pues Höffner los llevó a la práctica no sólo al frente de sus sucesivas diócesis, mas también ejerciendo como asesor político-científico de los Ministerios Federales Alemanes de Familia y Juventud, de Vivienda y de Trabajo y Orden Social. En esta calidad, influyó de manera decisiva en el desarrollo de la política social, así como en la reorganización y la ampliación de la Seguridad Social durante la era Adenauer. Su concepto de orden social estaba en consonancia con el orden económico ordoliberal friburgués y de la economía social de mercado y, a su vez, en consonancia con la Doctrina Social de la Iglesia.

En 1962, Joseph Höffner fue consagrado obispo de Münster, adoptando el lema «Justitia et Caritas», siendo nombrado en 1969 arzobispo de Colonia y proclamado cardenal por el Papa Pablo VI. Entre 1976 y 1987 presidiría la Conferencia Episcopal Alemana. Renunció al cargo de arzobispo de Colonia el 14 de septiembre de 1987, un mes antes de su muerte, después de que el papa Juan Pablo II rechazara su reiterada oferta de dimisión con motivo de su octogésimo cumpleaños. La misa fúnebre la ofició el cardenal Joseph Ratzinger. Actualmente, la plaza que conduce a la fachada principal de la catedral de Colonia lleva por nombre «Joseph Höffner Platz».

Höffner: pionero en el estudio de la Escuela de Salamanca

Una vez demostrado que Höffner fue el primero en estudiar los postulados económicos de la Escuela de Salamanca —recordemos que defendió su tesis en 1940 y la publicó en 1941, en tanto que La época del mercantilismo en Castilla de José Larraz data de 1943 y Alberto Ullastres defendió su tesis acerca de Las ideas económicas de Juan de Mariana, en junio de 1944 y, en todo caso, se limitaba a un único autor— pasemos a sintetizar los principales aspectos analizados por el sacerdote germano en Ética económica y monopolios.

Primeramente, destaca —con fino criterio— que los escolásticos tardíos abordan la cuestión del monopolio como especialistas en ética económica, no como economistas. Ello no obsta a que muestren un gran empeño por fundamentar sus juicios éticos en conocimientos económicos. Seguidamente, afirma que los autores salmantinos rechazan rotundamente la teoría del coste-precio, teniendo en cuenta principalmente el comercio, no los costes de producción («importaciones de ultramar»); igualmente, defienden el principio moral de la igualdad entre el precio y el valor de los bienes. Por lo tanto, «una mercancía vale tanto como se paga por ella, siempre que la fijación de precios no se vea alterada por monopolios o fraudes» lo que pone en liza el debate acerca del monopolio comercial de España con América que, forzosamente, ha de resultar un mecanismo distorsionador del precio de mercado. Dicho precio, según los autores escolásticos consultados por Höffner, vendría determinado por factores como la oferta y la demanda (un aumento de la cual alzará los precios), la competencia (que los reducirá) y la masa monetaria. Precio de mercado que —siempre que no haya alteraciones por parte, por ejemplo, de los monopolios— es el precio justo (pretium iustum). Por ende, los precios deben ser determinados por el mercado, no por las autoridades públicas. No obstante, admiten algunos monopolios estatales, siempre que sirvan al bien común. Pero Höffner no deja de añadir una significativa cita de Molina, cuando aquel se pregunta: «¿Son los ingresos derivados de los monopolios un tipo de impuesto adecuado desde el punto de vista social y económico? ¿No serían mejores los impuestos propiamente dichos?». Höffner concluye afirmando que, para los escolásticos tardíos, los monopolios son intervenciones en la fijación justa de precios, por lo que los monopolistas han de considerarse «usurpadores» que «esclavizan» el mercado. Añade que los salmantinos observaron que los precios uniformes de los monopolios requieren bienes homogéneos y que el grado de los beneficios (extraordinarios) del monopolista no solo depende de él, sino también de lo que conocemos como elasticidad de la demanda.

En definitiva, los contenidos analizados por Höffner son lo suficientemente relevantes como para asombrarse de que, hasta la fecha, el libro no haya sido publicado nunca en traducción alguna. Máxime porque, al arder en 1941 tras un bombardeo inglés el almacén en el que se conservaba la tirada, fueron pocos los ejemplares que sobrevivieron la guerra. Urge, por lo tanto, promover una edición española de Ética económica y monopolios que dé a conocer al público nacional —y especialmente a los liberales patrios— esta obra precursora en el estudio de las aportaciones económicas de la Escuela de Salamanca. Podría completarse ésta con un apéndice que incluyera el breve texto de Höffner, publicado en 1955 en Colonia Statik und Dynamik in der scholastischen Wirtschaftsethik [Estática y dinámica en la ética económica escolástica]. En este estudio, en el que Höffner trae a colación una sugestiva cita de Petrus Aragonensis, para quien «los problemas económicos son más difíciles que la doctrina de la Santísima Trinidad», se explica el enfoque del valor temporal de Luis de Molina, defensor de los intereses siempre que no cayeran en la usura; y cita igualmente a Dominicus Báñez, para quien «si los bienes buscan compradores, los precios bajan; si los compradores buscan bienes, los precios suben».

Como ya ha quedado dicho, las enseñanzas recibidas por Höffner en Friburgo y adquiridas con el estudio de los autores de la Escuela de Salamanca, encontraron, a través de éste, entrada en la DSI. Buena prueba de ello es que su manual de Doctrina Social Cristiana (Kevelaer, 1962) fue reeditado hasta finales de los años noventa y traducido a diez idiomas, entre ellos el español.

¿Existe un nexo entre la Escuela de Salamanca y la Escuela Austríaca?

No nos confundamos, empero, asumiendo que la revelación del nexo causal conlleve a avalar implícitamente la plena coincidencia de contenidos ni a confirmar una nítida continuidad de pensamiento, pues aun existiendo algunos importantes solapamientos, no dejan de evidenciarse entre ambas Escuelas fracturas —tanto en lo referido estrictamente a los postulados económicos como, en mayor grado, a los teológicos— insoslayablemente mayúsculas. Así, no debe ignorarse que para la Escuela Austríaca (singularmente para Hayek) el derecho natural surge y se desarrolla espontáneamente fruto de la iniciativa humana, en tanto que para los escolásticos —y para la Iglesia Católica en general— el derecho natural es la impresión hecha por Dios en la naturaleza. Dicho en otros términos: los austríacos prescinden en sus teorías de cualquier elemento transcendente o metafísico, en tanto que para los salmantinos este aspecto resulta —claro está— consustancial a todo su pensamiento. Existe, pues, sí, una afinidad en ciertos elementos concretos, singularmente en el ámbito de la economía monetaria y de la superioridad de la economía de mercado como mecanismo de asignación, pero ni mucho menos una continuidad clara como la insinuada, entre otros, por Murray Rothbarb. Esta cuestión, así como otras de ellas derivadas, han sido estudiadas por Daniel Martín Arribas en su recientemente reeditado libro Destapando al Liberalismo. La Escuela Austríaca no nació en Salamanca, que el autor concluye afirmando que «Salamanca es hija de Roma, no padre [¡sic!] de Austria». Y nuestra tesis no viene a desmentir tal afirmación. Ahora bien, creemos que la figura de Höffner como pionero, bajo los auspicios de Walter Eucken, en el estudio de algunos planteamientos económicos de los escolásticos españoles y la perentoria impronta que dejó en la Enseñanza Social Católica, bien permite afirmar que la moderna Doctrina Social de la Iglesia es —en gran parte gracias a la influencia de nuestro protagonista— hija legítima de Roma y de Friburgo.

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