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Pedro Almodóvar, Juan Manuel de Prada, Albert Boadella y Aitana Sánchez-Gijón

Pedro Almodóvar, Juan Manuel de Prada, Albert Boadella y Aitana Sánchez-GijónGTRES

De Almodóvar a Boadella: los dos bandos de la cultura española ante las subvenciones públicas

En España hay verdaderos defensores de la subvención. Mayormente porque dependen de ella en exclusividad o en buena medida

Hay quien opina que la cultura financiada por el Estado es propaganda y hay quien no. También, por supuesto, siempre lo más deseable, son necesarios los matices que tantas veces hacen tan grandes diferencias.

En España hay verdaderos defensores de la subvención. Mayormente porque dependen de ella en exclusividad o en buena medida. De muchos nada sería sin la ayuda del Estado y de otros muchos sería mucho menos.

Los casos son conocidos en nuestro país, con el cine como protagonista principal y los más de 300 millones de euros anuales que riegan con abundancia los rodajes sin que importe el rendimiento económico, ampliamente deficitario.

No se tienen en cuenta criterios de rentabilidad, ni siquiera de talento, sino mayormente de ideología para ser merecedor del subsidio que sostiene carreras artísticas: se paga por propaganda.

Esto es lo que sostenía el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, para quien el arte y la literatura dependientes del Estado terminaban convirtiéndose en «apéndices de la burocracia oficial, perdiendo su carácter crítico, subversivo y verdaderamente creador».

Una opinión similar a la del dramaturgo Albert Boadella, quien afirma que «La cultura subvencionada destruye el instinto de supervivencia del artista y lo convierte en un pesebre. El creador que depende de la firma de un político acaba haciendo lo que al político le agrada».

Otro punto de vista (y otra ideología claramente marcada y conocida) es la del escritor Manuel Rivas, quien defiende que financiar el arte es un derecho democrático y no un regalo. El culmen de esta postura la llevó al extremo el director Eduardo Casanova cuando llegó a pedir directamente «dinero público» en las cámaras de TVE.

Pedro Almodóvar, gran subvencionado, por supuesto defiende la financiación: «El dinero de las ayudas no es para que los artistas vivamos del cuento, sino para hacer posibles películas que de otro modo el mercado industrial aplastaría. Sin ese apoyo, el cine de autor desaparecería».

Defensores y receptores de dinero público sin medida para los que el economista John Maynard Keynes hubiera tenido un mensaje a medio camino también de las opiniones de Vargas Llosa o Boadella. Keynes apoyaba las ayudas a la cultura, pero sin ideología: «El dinero público debe ser el escudo que proteja al artista de la miseria, no la correa que guíe su pluma», dijo.

Algo que defiende tambien el escritor español Antonio Muñoz Molina: «El dinero público no debe comprar adhesiones ideológicas»: el principal criterio de concesión de ayudas y de premios culturales en la España de la cultura de Sánchez y Urtasun.

La polarización que llega a todas partes desde un lado donde, por ejemplo, el escritor Juan Manuel de Prada dice que «Lo que llaman 'ayudas a la cultura' es, el 90 % de las veces, la compra de un coro de estómagos agradecidos», mientras en el otro lado la actriz Aitana Sánchez-Gijón compara la necesidad de dichas ayudas a lo suyo, el cine, con las de la agricultura o el sector del automóvil.

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