Montse Perelló, en una imagen reciente
Entrevista a la grafoterapeuta
Montse Perelló: «Hemos dejado de escribir a mano y eso afecta al cerebro, pero estoy segura de que se viene una revolución»
La grafóloga descubre en su libro 'Reescíbete' que mediante la escritura es posible un proceso de sanación personal
Montse Perelló estudió Marketing y Relaciones Públicas, pero una charla sobre grafología le hizo cambiar el rumbo profesional. Hoy, más de dos décadas después, esta grafoterapeuta, fundadora de Signesgrafo, presenta Reescríbete (Luciérnaga), un libro en el que explora la relación entre la escritura y nuestra forma de ser a través de casos reales. Nuestra letra, sostiene, no solo deja entrever fortalezas y cualidades, sino también miedos, inseguridades y aspectos de nosotros mismos que a menudo pasan inadvertidos. La propuesta de Perelló va un paso más allá: tomar conciencia de esos rasgos para trabajar sobre ellos y abrir la puerta al cambio gracias a la grafoterapia. En conversación con El Debate, la autora explica cómo modificar nuestros trazos puede ser una forma de reescribirnos por dentro.
-¿Qué revela la escritura sobre nosotros? ¿Es una herramienta de autoconocimiento?
-La escritura es una expresión de cómo somos y de cómo nos relacionamos con el mundo. Cuando escribimos a mano intervienen aspectos cognitivos, motores y emocionales. La manera en que organizamos el espacio, el tamaño de las letras, la inclinación, la presión o la forma nos ofrecen información que, desde la grafología, interpretamos en conjunto para formular hipótesis sobre la persona. Para mí, lo importante es entender que una letra, por sí sola, no explica a nadie. Hay que observar el conjunto, tener en cuenta el contexto y contrastar lo que vemos con la propia persona. No se trata de etiquetar ni de encasillar, sino de abrir preguntas que nos ayuden a comprendernos mejor. La escritura puede convertirse en una puerta de entrada al autoconocimiento: nos permite observar aspectos de nuestra manera de pensar, sentir y actuar que quizá no habíamos identificado conscientemente. Además, puede ser también una herramienta capaz de transformar la vida de uno mismo a través de la grafoterapia. La grafoterapia sería la herramienta gráfica que tiene la grafología para hacer cambios en la conducta interna a través de los cambios del cuerpo.
-¿Cuáles son los elementos a observar a la hora de analizar una letra?
-Vamos de la macroestructura a la microestructura para llegar a un todo. Tenemos la inclinación de algunas letras, los espacios entre las letras, los márgenes, la firma, la posición en la que esa letra entra en el folio, los márgenes que emplea, esto es, si ocupa todo el espacio del folio o si hay muchos márgenes... Entre letra y letra veremos cómo estoy conmigo mismo y con los demás. Después se va a la micro, que es el tamaño de la letra, para ver si somos expansivos; la inclinación, para saber si somos más o menos sociales, entre otras cosas.
La escritura puede convertirse en una puerta de entrada al autoconocimiento
-De todos estos elementos,¿cuáles son los más destacados?
-Depende de lo que busques. Por ejemplo, en Recursos Humanos cuando emplean esta técnica para seleccionar personal si, por ejemplo, buscan a un periodista, una de las habilidades que quieren que tengas es la escucha. La capacidad de escucha es el espacio que hay entre palabra y palabra. Y en ese espacio entre palabra y palabra tendrían que caber tres aes de las tuyas de forma invisible. Si estas tres aes se mantienen, quiere decir que hay una escucha y un habla equilibrada. La mayoría de los humanos somos impacientes y cada vez me cuesta encontrar más ese espacio entre las letras.
-¿Qué límites tiene la grafoterapia?
-Toda herramienta tiene sus posibilidades y sus límites, y la grafoterapia no es una excepción. Vivimos en un mundo complejo y las personas somos mucho más que aquello que podemos observar o trabajar a través de una técnica. La ciencia también avanza reconociendo sus límites, revisando sus hipótesis y ampliando sus conocimientos y en cualquier proceso terapéutico influyen muchos factores: la historia de cada persona, su momento vital, su disposición al cambio y el acompañamiento que necesita. Para mí, lo importante es saber qué puede aportar cada herramienta, utilizarla con responsabilidad y reconocer cuándo necesitamos complementarla con otros recursos o profesionales. La grafoterapia puede ser una vía para trabajar el autoconocimiento y el cambio.
-¿Qué tipo de problemas no se podrían solucionar con la grafoterapia?
-Cuando es algo muy grave a nivel de salud mental. Yo, como profesional, no tengo la experiencia psicológica para tratar estos casos. En cambio, todos los casos que nos pasan a la mayoría de las personas, como es no tener mucha paz adentro, que por desgracia es lo normal, sí es para lo que sirve la terapia. Con la grafoterapia te obligas a cuidarte. Es una excusa para cuidarte a ti mismo.
-Para los escépticos, ¿existe alguna evidencia científica que respalde la grafología o grafoterapia?
-No hay evidencia científica, pero sí que tiene su propia metodología rigurosa basada en el método científico, pero no es 100 % científica, aunque eso no signifique que sea real.
-En el libro comparte casos concretos de gente que ha acudido a terapia y ha encontrado una solución a sus problemas. ¿Puede hablarnos de alguno en particular?
-En el libro hay 11 casos de personas que a través de la grafoterapia consiguieron superarse. Podría referirme al caso de una persona adicta al alcohol que consiguió sanar con la grafoterapia siendo catador de vinos; también el de una persona con intento de suicidio, que hizo un proceso terapéutico muy bonito para restablecer la vida en él.
Una persona adicta al alcohol consiguió sanar con la grafoterapia siendo catador de vinos
-La letra nos va cambiando conforme vamos creciendo, pero ¿también nos cambia cuando atravesamos una crisis?
-Nuestra letra va cambiando desde la juventud. Pero también deja constancia cuando estamos atravesando una crisis, por ejemplo, de estrés. Sabemos que las crisis nos cambian, y también cambian nuestra letra. A unos les deprimen y a otros los renuevan. Cada uno lo vive a su manera. Pero lo que está dentro saldrá en la letra.
-Vamos a hablar de la firma. ¿Somos la misma persona en público que en privado? ¿Qué importancia tiene la firma frente al resto de la escritura?
-La primera, porque llevamos muchos siglos haciendo este acto. Es como un ritual ancestral. Ya llevamos muchos siglos haciéndolo. Y ahora lo estamos haciendo y sabemos el porqué: para mostrarnos a nivel social. La firma es nuestro yo social, cómo yo me muestro afuera. Hay personas que tienden a ser bastante similares en escritura y firma y otras que cambian mucho. ¿Por qué? Porque a veces la firma se convierte en una cierta máscara o en una marca que queremos proyectar, pero hay una profundidad que está en la letra y será la que nos dirá cómo nos movemos en el día a día. En Recursos Humanos las firmas pueden ser muy ambiciosas. Los candidatos firman en grande, con ambición... No obstante, sería óptimo tener una coherencia entre el texto y la firma. Es decir, si se parece el tamaño, la inclinación... Lo que pasa es que nos han enseñado como a carcelarla, a llenarla de tachones para que no nos la copien... Hay mucha gente que repite estos garabatos justo para eso, para que no les puedan copiar la firma. Entonces, esa incoherencia también tiene como excusa social la protección. Pero la firma tiene una impronta que habla de la relación con el padre y la madre que debemos de trabajar para sentirnos bien con ella.
-Entonces ¿hay que hacerle más caso a la escritura que a la firma?
-No, es un combo de todo para conocer a una persona.
-¿Ha estudiado firmas o cartas de personajes importantes? ¿Alguna curiosidad?
-Sí, sobre todo porque a los alumnos les gusta mucho esta parte. Para mí la firma de Albert Einstein, por ejemplo, me parece de una sencillez absoluta para la época en la que vivió y por la persona que fue que hizo tantas cosas de valor. En muchas letras se nota la ingeniosidad. Se ve cuando alguien es ingenioso y sencillo.
Portada del libro 'Reescríbete'
-En una sociedad en la que estamos cada vez escribiendo menos a mano ¿cómo afecta esto a la grafoterapia y a la grafología?
-El problema real ya no es tanto que afecte a mi trabajo, a la hora de poder interpretar las letras, sino que escribir es un acto neurofisiológico muy complejo. Ayuda mucho a mantener el cerebro activo. Escribir activa la memoria, la atención, toda la parte de la motricidad fina, todo lo que es la planificación, la concentración, que es tan importante y más en los tiempos en los que estamos... Entonces, dejar de escribir afecta al cerebro. Lo preocupante es que dejemos de activar todas estas áreas cerebrales solo porque ya hemos dejado de escribir. Era un acto que nos conformaba de forma más inteligente al humano. Y ahora se está perdiendo, pero estoy casi segura de que se viene una revolución de la escritura, porque nos estamos dando cuenta.
Escribir a mano tiene beneficios relacionados con la memoria, la concentración, la planificación y la regulación emocional
-¿Hemos perdido parte de la capacidad de introspección al dejar de escribir a mano?
-Creo que sí estamos perdiendo una oportunidad cotidiana de conectar con nosotros mismos. Como digo, escribir a mano tiene beneficios relacionados con la memoria, la concentración, la planificación y la regulación emocional, pero también nos ofrece algo más: un espacio para mirarnos por dentro. Yo digo que el folio es un espejo, porque cuando escribimos proyectamos en él parte de nuestro mundo interior. A veces, al poner sobre el papel algo que nos preocupa, descubrimos qué sentimos realmente o entendemos mejor qué nos está pasando. Por ejemplo, no es lo mismo darle vueltas a un problema en la cabeza que sentarte a escribirlo. Cuando lo escribes, puedes verlo desde otra perspectiva y tomar conciencia de cosas que antes no habías identificado. Si cada vez escribimos menos a mano, perdemos una oportunidad de practicar esa conexión con nosotros mismos. Porque la introspección también se entrena: empieza por detenernos, prestar atención y ser conscientes de lo que nos pasa. Y escribir a mano es una forma sencilla de hacerlo.
-¿Cuál el patrón emocional que más se repite en las personas que acuden a la terapia?
-Detrás de muchos patrones emocionales hay creencias muy arraigadas que condicionan nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Una de las que encuentro con frecuencia es creer que necesitamos que algo externo o alguien nos cambie, como si nosotros no tuviéramos capacidad para iniciar esa transformación. Y, sin embargo, muchas veces el primer cambio empieza cuando dejamos de creer que no podemos cambiar. No significa que todo dependa de nuestra voluntad ni que tengamos que hacerlo solos, sino que podemos aprender a participar activamente en nuestro propio proceso de transformación. En Reescríbete hablo precisamente de esto: de cómo, a través de un trabajo consciente y constante con la escritura, podemos empezar a cuestionar patrones y ensayar nuevas maneras de pensar, sentir y actuar. Porque, para cambiar, primero necesitamos creer que el cambio es posible.
-Hay un tópico que todos conocemos, que es la terrible letra de los médicos. ¿Tiene alguna explicación desde la grafología?
-Los médicos suelen ser personas activas e inteligentes que escriben rápido. Pero su mala escritura también denota en ellos una falta de respeto hacia el receptor, que son los farmacéuticos. Como tengo tanta prisa, pues no me fijo en lo que pongo. La velocidad escritural les da inteligencia, pero también una cierta falta de respeto... No obstante, hay algunos que simplemente escriben rápido por falta de tiempo y estrés. Me acuerdo que un empresario se tenía que operar con un cirujano y me dijo que primero quería que revisara su letra. Y al analizarla lo vi con un estrés tan alto que le dije: «Yo nunca me dejaría operar por este hombre con esta letra. Nunca me pondría en sus manos de lo estresado que está. Igual es el cirujano mejor del mundo, pero está estresado. Y el estrés hace muy malas pasadas». El empresario no se operó, no se la jugó.