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Almudena Martínez-Fornés

Almudena Martínez-Fornés durante la entrevistaAlfonso Úcar

Almudena Martínez-Fornés: «En España siempre ha habido un Sánchez y una Begoña Gómez»

La periodista de El Debate y escritora, Almudena Martínez-Fornés, habla de su nueva novela, 'La marquesa cubana'

El siglo XIX en España fue un siglo de profundas transformaciones. España comenzó el siglo siendo un gran imperio global y lo terminó perdiendo sus últimas provincias de ultramar y en medio de una grave crisis existencial.

En ese contexto surgió un personaje único en la sociedad española que desempeñó una labor discreta pero central en el devenir histórico de España: la marquesa de Esquilache, María del Pilar de León, afamada salonnière de Madrid.

Almudena Martínez-Fornés, periodista de El Debate y escritora, recupera su figura en la novela La marquesa cubana (La Esfera de los Libros), de la que habla en esta entrevista.

–¿Qué tiene la biografía de María del Pilar de León que le llamó la atención para dedicarle una novela?

–Cuando estaba investigando para mi anterior novela, Las hijas de Alfonso XII, vi que muchas personas de la época mencionaban a la marquesa de Esquilache. Hablaban de ella como de una persona que había conseguido todo lo que se había propuesto, que quien quisiera conseguir una ayuda en España tenía que recurrir a ella... Vi que se había casado tres veces…, en fin, que había pasado de una situación muy complicada, muy difícil, a convertirse en una persona muy importante.

Suscitó curiosidad en mí y empecé a investigar el personaje. Vi que, efectivamente, había tenido una vida apasionante, una vida muy difícil de tener en ese siglo XIX.

–¿Cómo surgió la idea de esta novela?

–Ahora mismo hay una gran polémica sobre si las mujeres estaban o no suficientemente reconocidas en los siglos anteriores. Hay muchas personas que dicen que estaban ninguneadas… Entonces, encontrarte con una mujer que pasa de no ser nadie a convertirse en todo lo que ella quería ser, en el siglo XIX, luchando y a base de esfuerzo, de voluntad, de trabajo, de perseverancia, pues me parecía que era un ejemplo muy llamativo de que, en realidad, las mujeres no estaban tan ninguneadas como ahora nos están diciendo.

Cubierta de la novela

Cubierta de la novelaLa Esfera de los Libros

Es verdad que en aquella época era difícil prosperar si no eras monja, si no eras una aristócrata o si no eras una intelectual, pero la marquesa de Esquilache no era nada de eso cuando empezó y, sin embargo, acabó consiguiendo todo lo que se había propuesto.

Sobre todo, haciendo una obra benéfica increíble en un momento en el que en España no existía un Ministerio de Asuntos Sociales, no existían las ayudas del Estado. Es más, los políticos de aquella época tampoco tenían conciencia social. Cuando ocurrían desgracias o cuando había que atender a toda esa parte de la población que vivía en la pobreza, que eran muchísimos, cuando se necesitaban fondos, era la Iglesia la que ayudaba, o la beneficencia, la generosidad de algunas personas, pero no existía un organismo que se ocupara de llegar, de atender esa necesidad social. Ese hueco, en cierta forma, lo llena la marquesa de Esquilache en su día.

–María del Pilar de León vivió en uno de los tiempos más convulsos de la historia de España, en un siglo XIX que comenzó con una invasión francesa y terminó con la derrota ante Estados Unidos. En la novela retrata la caída de Isabel II y la proclamación de la Primera República, una época en la que la misma supervivencia de España como nación estuvo en entredicho. ¿Cómo interpreta ese período histórico?

–Yo creo que nunca España ha estado tan al borde de desaparecer, de descomponerse, como en ese momento. Hubo 30 ciudades que se declararon cantones independientes. Todo eso fue así durante bastante tiempo, hasta que llega el general Serrano y, con bastante autoridad, consigue mantener la unidad de España.

Es un momento de la historia apasionante que coincide con un momento muy difícil en la vida de la marquesa de Esquilache. Ella, en ese momento, era Pilar de León, todavía no era marquesa. Ella también está arruinada, se acaba de quedar viuda, su vida iba a ser la de una viuda de un marino que había pasado sin pena ni gloria, con una pensión mínima.

Almudena Martínez-Fornés durante la entrevista

Almudena Martínez-Fornés durante la entrevistaAlfonso Úcar

Pero ella no se conforma y quiere salir adelante. Hay un paralelismo entre lo que pasa en España, que desde luego se mantiene como nación, incluso en ese momento en el que se están produciendo dos guerras en España –la guerra de Cuba y la guerra carlista–, y la lucha de Pilar de León por conseguir salir adelante, no solo económicamente, sino también para ser alguien relevante en el mundo.

–La marquesa de Esquilache fue testigo de los grandes cambios del siglo XIX en el mundo…

–Ella conoce tres mundos en descomposición. Nace en España, pero, de muy pequeña, se va a vivir a Cuba, donde empiezan a haber ya los primeros movimientos independentistas en la isla.

Ella crece en la Cuba española, pero Cuba deja de ser española a lo largo de su vida. Luego vive en Estados Unidos, y también conoce un Estados Unidos en transformación, porque acaba de ser la Guerra de Secesión, se ha abolido la esclavitud y surge el Estados Unidos poderoso que sigue siendo ahora.

Luego pasa a vivir a Constantinopla, donde conoce la corte del sultán. Ella es testigo de un mundo que acaba desapareciendo, que no tiene nada que ver con la Turquía actual. Y en España también conoce unos cambios sociales enormes, y políticos. Conoce la instauración de la Primera República, la salida de Isabel II, y la restauración de la monarquía.

–¿Ve paralelismos entre la España de María del Pilar de León y la España de hoy?

–En cierta forma sí, sí que hay paralelismo, porque tanto entonces como ahora, vemos que hay unos comportamientos que no se ajustan a lo que deberían de ser. Siempre ha habido un Sánchez y siempre ha habido una Begoña Gómez. No es la primera vez que estamos viviendo este tipo de personajes; también en su época los había, y había esposas de presidentes del Gobierno, que entonces se llamaba Consejo de Ministros, que se aprovechaban del cargo de sus maridos para medrar y prosperar.

–Ese período histórico, aunque muchas veces dramático, también fue apasionante para España y para Madrid: efervescencia cultural, una gran actividad social, desarrollo político, apertura internacional… Es el Madrid de los cafés, de los salones, de las tertulias… ¿Admira ese Madrid? ¿Lo echa de menos?

–En algunas cosas sí se echa de menos ese Madrid, pero en otras cosas no. No olvidemos que en aquel momento la mayor parte de la población española vivía en la pobreza, la mayor parte no sabía leer. Solamente una minoría, iba a esos cafés y disfrutaba de esa cultura, porque la mayoría de los españoles, sobre todo las mujeres, eran analfabetas.

La cultura llegaba a muy poca gente, pero sí que había un ambiente cultural. Incluso la marquesa Esquilache abría sus salones a esa vida cultural y por allí pasa todo el mundo que se apreciaba en aquel momento.

Luego, también recurren a ella para pedirle ayuda, porque, aunque es verdad que hay una efervescencia cultural, los personajes, los artistas, los escritores de esa época, tampoco vivían muy bien, estaban muy necesitados de ayuda. Muchas veces se recurre a la marquesa Esquilache para que les eche una mano.

–Hay otro personaje central en la novela, el de Antonia Domínguez y Borrell, duquesa de la Torre. ¿Por qué fue tan importante para la historia de España?

–La duquesa de la Torre fue la esposa del regente, fue la esposa del presidente del Consejo de Ministros y fue la esposa del jefe del Estado. Ella fue primera dama de España. Influía en su marido de una forma que no hemos visto nunca en ningún otro personaje.

Su marido, el general Serrano, era muy valiente en el campo de batalla y tenía mucho mando, pero al lado de su esposa se derretía y hacía todo lo que ella le pedía, y ella utilizaba esa influencia para poner en puestos a personas que por una razón u otra a ella le interesaba que estuvieran allí.

Digamos que mangoneaba al jefe del Estado en función de sus intereses. Él se dejaba y ella iba medrando. Tenía una gran influencia. Todo el mundo sabía que, para llevarte bien con el general Serrano, tenías que llevarte bien con su mujer, con la duquesa de la Torre.

Incluso lo sabía, en un momento muy delicado de la historia, Antonio Cánovas del Castillo. Cuando se restaura la monarquía, con el príncipe Alfonso, que viene del exilio y se convierte en rey, en ese momento a Cánovas del Castillo le daba pánico que el duque de la Torre, un militar autoritario que había sido jefe de Estado anteriormente, se dejara seducir por los militares que le pedían que apoyara, en vez de una monarquía, una dictadura militar.

Para evitar que ese sector estuviera medrando y pusiera en peligro la restauración monárquica, lo que hizo Cánovas del Castillo fue volcarse en atenciones con la duquesa de la Torre, para tenerla muy contenta, que ella se sintiera muy importante, aunque su marido no tuviera ninguna influencia política, y que ella no pinchara a su marido para que diera ese paso en contra de la monarquía de Alfonso XII.

–María del Pilar de León comienza en la novela como viuda al borde de la ruina a la que accede a un matrimonio de compromiso planeado por la duquesa de la Torre. ¿Era María del Pilar una mujer feminista?

–No, en realidad ella se casa tres veces. La primera por amor, la segunda por conveniencia y la tercera por dinero.

No es un mensaje feminista en absoluto, es el mensaje de la situación en la que se encontraban las mujeres en ese momento. Era muy difícil destacar en la sociedad por sí mismas. Por ejemplo, hay un momento dado en el que Pilar de León intenta convertirse en una empresaria de azúcar y no puede porque no consigue que le den créditos, y sin embargo sí que ve que su amiga, la duquesa de la Torre, tiene un gran poder a través de su matrimonio.

Es verdad que hay muchas mujeres que consiguen ocupar papeles destacados gracias a la boda que hacen. Si sus maridos son relevantes e importantes y le dan un papel, ellas tienen un gran poder. En realidad, no es un mensaje feminista, porque muchas veces no se consigue por sus propios méritos, sino que se consigue por la fuerza del marido, del hombre con el que se han casado.

–Esa decisión, como otras que toma, ¿están tomadas por el contexto histórico-político en el que vive? ¿De qué forma influye ese contexto en su destino?

–Totalmente. Todo el mundo es prisionero de la época en la que le toca vivir, y también lo es Pilar de León en todas las decisiones que toma en su vida. Es verdad que ella a lo mejor goza de más autonomía que otras mujeres, porque al final se casa siempre libremente. Ella ha escogido a sus maridos, no ha habido una decisión paternal, como en otras ocasiones, pero es totalmente presa de su tiempo. También es su tiempo el que le da la oportunidad de hacer la gran obra social que ella hace, porque en estos momentos no habría necesidad de crear un personaje como el de ella.

¿Por qué surge ese personaje que tiene que ayudar, encabezar la beneficiencia en España? Porque hay gente que necesita ayuda.

Cada vez que se produce una catástrofe hay que recaudar fondos para ayudar a las viudas, a las víctimas. Cada vez que se producen guerras, la guerra de Cuba o la guerra de Melilla, el Estado español no tenía medios para asistir a los heridos, a los huérfanos, a las viudas. Todo se hace a través de la obra social, la beneficencia de toda la vida, la caridad.

Ella aprovecha ese hueco para convertirse en la referencia de la ayuda. Todo el mundo que necesitaba una ayuda tenía que recurrir a ella, hasta la reina. La reina María Cristina al principio no tenía buena relación con la marquesa Esquilache.

Intentaba evitarla, pero había momentos en los que no le quedaba más remedio que recurrir a la marquesa para lograr el dinero para ayudar, por ejemplo, a los militares que venían heridos de la guerra de África.

–Como influyente salonnière, ¿qué papel desempeñó en la vida política, cultural y social de la España de su época?

–En el salón de la marquesa se encontraban los políticos, el Gobierno, los ministros, la oposición, los periodistas de la época, aristócratas, personas simplemente influyentes, a lo mejor porque eran escritores o porque eran artistas... Todos se encontraban en su salón.

Ahí se pedían favores, se recibía información privilegiada, se tomaban decisiones, se presionaba a los políticos para que hicieran algunas obras, muchas de ellas eran muy beneficiosas. Se cocinaba casi toda la actualidad de la vida española.

Por ahí iba todo el mundo, el general Martínez Campos, iba Sagasta, iba Cánovas, iba todo el mundo que mandaba y que tomaba decisiones. Incluso hay un momento ya, al final de su vida, en el que consigue que también vaya la familia real a sus salones.

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