Interior de una librería en Madrid
¿Están las editoriales recibiendo manuscritos hechos con IA? Editores analizan el problema para El Debate
Responsables de tres editoriales exponen en El Debate cómo lidian con el uso de inteligencia artificial en la elaboración de libros
El mundo editorial se asoma con vértigo a la irrupción de la inteligencia artificial. Lo que en un principio eran noticias puntuales, rumores aislados que generaban incredulidad, se ha convertido en una realidad.
A las estanterías de las librerías están llegando libros elaborados, al menos parcialmente, con inteligencia artificial. Pero es que en plataformas online se están vendiendo libros autoeditados generados en su totalidad con inteligencia artificial.
Aunque todavía es fácil detectar cuándo un libro se redactó con un software y cuando lo elaboró un ser humano de carne y hueso, para muchos lectores, e incluso editores, a veces puede pasar desapercibido.
La sospecha generalizada ha desatado una pequeña psicosis y los programas de detección de textos elaborados con inteligencia artificial se han empezado a generalizar, lo que ha dado lugar a sorpresas.
El caso más mediático, quizás, el del aspirante al prestigioso premio Goncourt, Thelyson Orelien, excluido finalmente tras reconocer que su exitosa novela C’était ça ou morir la redactó con ayuda de inteligencia artificial.
El Debate ha consultado a algunos editores para conocer su experiencia, si les han llegado manuscritos elaborados con inteligencia artificial y cuál es su vaticinio respecto al futuro.
La directora de CEU Ediciones, Ana Rodríguez de Agüero y Delgado, explicó que les ha llegado algún original elaborado con IA, «por desgracia». Aunque matiza que han sido «pocos casos» que se han detectado «fácilmente», señala que, consultados al respecto los autores «nos han confirmado que así era».
«Lo que detectamos, sobre todo, es un cierto despiste por parte de algunas personas que piensan que no hay autoría de la inteligencia artificial, aún cuando se le hayan pedido labores específicamente humanas de redacción, revisión…», explica.
Afirma que «al ver algún caso, mi reacción original ha sido de perplejidad y de rechazo a admitir que algo elaborado por una herramienta de procesamiento de textos, por muy refinada y buena que sea, pueda equipararse a la creación humana y a la potencia humana de pensamiento y de escritura».
«Es un tema que me preocupa muchísimo. Para mí es específicamente humano todo lo que tiene que ver con la escritura. Nos expresamos con la escritura, es una cualidad muy nuestra. Pero claro: ¿dónde ponemos el límite entre lo que escribe un autor y lo que la inteligencia artificial le reescribe, le ayuda a pulir…?», plantea.
Ese límite, recuerda, «no está tan claro el límite para muchas personas. Cuando hablas con un autor y le dices que ese texto ‘no me suena tuyo, no parece escrito por ti’. Te contestan, ‘bueno, le he pedido a la inteligencia artificial que me ordene las ideas, que me mejorase la redacción’».
Y plantea: «Si el humano da unas ideas y la inteligencia artificial las elabora ¿dónde está la autoría? Las ideas originales partieron de un humano, pero todo el trabajo de redacción de esas ideas…».
En ese sentido, recuerda que Gregorio Luri afirmaba que «escribir es una prolongación del pensamiento, una forma de pensar. Cuando escribimos también estamos pensando, o desarrollando el pensamiento. Si yo he tenido un pensamiento original, pero luego le he pedido a una tecnología que redacte mi pensamiento original, ¿quién ha pensado ahí? ¿De quién es el pensamiento?».
Y concluye mostrando su preocupación de cara a la evolución de estas herramientas de inteligencia artificial: «Es delegar algo muy humano en una herramienta. Yo todavía lo puedo distinguir. No sé si llegará un momento en que mejoren tanto las herramientas que sea indistinguible la escritura humana de la escritura elaborada por la inteligencia artificial».
Álex Rosal, director de la Editorial LibrosLibres, cree que el empleo de la inteligencia artificial para elaborar libros es, «desde el punto de vista laboral, un drama».
«Hemos visto cómo la inteligencia artificial prácticamente ha laminado a la mayor parte de los traductores, y está pasando lo mismo con los correctores de estilo. Ahora mismo hay algunas herramientas que te hacen unas correcciones de estilo ortotipográfico prácticamente perfectas. Va a destruir mucho empleo del mundo cultural».
En cuanto al punto de vista de la creación, «es verdad que la inteligencia artificial te ayuda a documentarte, o a buscar otras vías de exploración de algunos temas. Pero la creación, y más si es en ficción, ya trastoca todo. Tampoco hay que olvidar que la inteligencia artificial solo puede crear de lo que ya existe. En el futuro veo que los creadores van a tener que intentar hacer novelas o textos de ficción completamente nuevos a lo que ya existe o ha existido. Esa es la única manera de salirnos de esta dinámica de copiar, o del drama de que las propias máquinas sean las que acaben escribiendo los libros».
«También es verdad», añade, «que cada vez se desarrollan más herramientas que detectan fácilmente si una novela se ha escrito en un buen porcentaje con inteligencia artificial. Todo eso se irá implantando. Las editoriales van a tener que hacer un esfuerzo por adquirir esas nuevas herramientas y detectar todo aquello que sea plagio».
Consultado también sobre este fenómeno, Raúl Alonso, de la editorial Cántico, del grupo Almuzara, señala que ha detectado el uso de inteligencia artificial «sobre todo en premios de ensayo».
«Cuando me ha tocado ser jurado de premios de ensayo, libros de no ficción, hemos notado una enorme presencia de originales escritos con inteligencia artificial. El año pasado solamente sobrevivieron al análisis previo de detección de inteligencia artificial 4 libros de 68 originales que se presentaron. En todos los originales descartados se detectó que de forma total o parcial se había usado la inteligencia artificial».