Cubierta de 'Corazón de sílex'
‘Corazón de sílex’, una historia de violencia
Si se adentran en la tercera entrega de las aventuras de Socorro, descubrirán lo que significa ser una bella durmiente en ciertos círculos. Una novela que ejerce de puente en una trama que va ganando cada vez más consistencia, y en la que la periodista se toma un respiro fuera de la redacción de El Matinal
Me gusta la fonética. Siempre me han llamado la atención palabras como cornucopia, ataraxia o libélula. Por eso me ha extrañado que la tercera entrega de las aventuras de Socorro se llame Corazón de sílex. No es que el título carezca de armonía, es que hay algo en él que me incomoda. Entiendo que por expreso deseo de sus autoras, Emilia Landaluce y Rosa Belmonte.

Espasa (2026). 296 páginas
Corazón de sílex
A Oscar Wilde se le atribuye una frase que me gusta especialmente: «No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo». Pues bien, les adelanto que en este caso las autoras tienen algo que decir y saben cómo contarlo. A medida que avanza la serie, los personajes van ganando profundidad y los que en la primera entrega parecían meras comparsas terminan convirtiéndose en protagonistas de pleno derecho.
En esta ocasión, la trama se desarrolla en Francia, en una casa tan grande que más de uno la confundiría con un château. Socorro, periodista de sucesos relegada a los teletipos y a la web de El Matinal, es enviada al país vecino para cubrir la operación Bolero-Paprika, una redada de 1950 contra militantes comunistas extranjeros, sobre todo españoles, para detenerlos y expulsarlos del país. Pero esa es la excusa de las autoras para llevar a Socorro a Francia, porque lo verdaderamente interesante sucede en una trama paralela que termina por confluir con la de Socorro.
Es curiosa la fijación de estas autoras por los temas controvertidos y morbosos. Aunque, conociendo un poco la personalidad de ambas, tampoco extraña al lector la valentía de las escritoras a la hora de tocar temas muy delicados. Pobre Juanito…
Corazón de sílex habla de muchas cosas, pero sobre todo de lo tremendamente crueles que pueden llegar a ser los poderosos con quienes consideran sus «inferiores». Ese es, para mí, el tema central de estas novelas. Aunque el sistema estamental ya no exista legalmente, los poderosos siguen jugando con ventaja respecto a la mayoría. Es un hecho. Lo vemos tanto en la historia de Socorro como en la trama paralela de Arri Martín, la modelo inteligente y vulnerable que se mueve en un mundo donde abundan los depredadores y los amigos que no lo son tanto.
Escuché en la radio una entrevista que Luis Herrero les hizo a las autoras en la que, al principio, se quejaba de que los hombres salimos mal parados de la novela. No estoy de acuerdo. Algunas mujeres, aunque solo sea por omisión consciente, también son culpables de los delitos que se cometen en la trama. Ya entenderán de qué les hablo. Gracias al catedrático de Criminología Vicente Garrido, y a sus podcast, he aprendido a reconocer algunos rasgos propios de la psicopatía, y mucho me temo que varios habitantes de esa casa los reúnen con creces, sean hombres o mujeres. Uno de esos rasgos es el deseo de controlar a los demás, y aquí lo llevan al límite, convirtiendo sus pulsiones en actos execrables. No es una cuestión de sexo, es una cuestión de poder.
Si hay dos personajes que destacar en esta entrega, son Pila y Pincho Lequerica. Son mis favoritos, junto con el bodeguero andaluz Luis Gordon. En cuanto lean estas novelas sabrán perfectamente quiénes son, porque han tratado mil veces con ellos. No tienen nombre porque tienen muchísimos nombres. Se nota que a las autoras les divierte desarrollarlos y darles protagonismo, sobre todo a las Lequerica. Y lo hacen especialmente bien. En esta novela, además, encontrarán el primer desencuentro serio entre las hermanas, algo que creíamos impensable dada su simbiosis. Pero la vida es muy larga y los secretos muy cortos.
Sí echo en falta algo más de desarrollo de Socorro. Me imagino que volverá a ser el centro de la cuarta novela, pero en esta queda un tanto desenfocada por el protagonismo de los demás personajes. Quizás Landaluce y Belmonte nos estén preparando para lo que viene y hayan decidido dejar descansar un poco a Socorro, que se lo merece.
Como en los libros anteriores, Corazón de sílex está cargado de un entrañable optimismo respecto al periodismo. Las autoras ponen en boca de Socorro, la periodista, y de Pincho, la aspirante frustrada a editora, lo que la profesión debería ser, sabiendo perfectamente en qué se ha convertido. El periodismo de verdad muere lentamente delante de nuestras narices y no somos conscientes de lo que perdemos todos. O sí lo somos y no podemos, o no queremos, hacer nada, que es peor. Afortunadamente, hablamos de ficción, y en esta novela las hermanas Lequerica son muy ricas, amable circunstancia que puede ayudar a poner un poco de orden en una profesión tan denostada como necesaria.
El libro se lee muy bien. Su prosa es auténtica y sin pretensiones. Es de esas novelas que se escriben con ánimo de entretener y que, además, lo consiguen. Se adentra en algunas de las aberraciones que el ser humano es capaz de cometer y deja el camino abierto hacia una cuarta entrega.
Tras su lectura aprenderán cosas que no querrían haber aprendido y tendrán datos que no querrían haber tenido. Pero, eso sí, tendrán cuidado cuando se beban una copa en público con desconocidos. Eso seguro.