El periodismo como pulsión vital y tutela frente a la anomia informativa
El ex director de El Mercurio de Chile, tras recibir el grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Los Andes, abogó por el arraigo de la vocación profesional, la defensa del diario como bien público y la hispanidad como activo de cohesión cultural.
Cristian Zegers
En un acto solemne imbuido de la más noble tradición académica, la Universidad de los Andes confirió el grado de Doctor Honoris Causa a Cristián Zegers Ariztía, abogado, periodista y figura tutelar del periodismo chileno, quien ejerciera la dirección de reconocidas cabeceras en ese país, tales como El Mercurio y La Segunda. El máximo galardón universitario se le otorgó en virtud de una dilatada trayectoria profesional consagrada al servicio público, al escrupuloso respeto de la ética comunicativa y al fortalecimiento de las instituciones republicanas de Chile.
Durante el evento, en el que también se confirió el mismo reconocimiento a los catedráticos españoles, Ignacio Arellano, filólogo de la Universidad de Navarra y al constitucionalista de la Universidad de Santiago de Compostela, Antonio Carlos Pereira- Menaut, el rector José Antonio Guzmán destacó que la vida de Zegers encarna un compromiso inclaudicable con la verdad y la ecuanimidad, erigiéndose como un referente indispensable para las nuevas generaciones de profesionales de la comunicación en un periodo de profunda ebullición tecnológica y social.
Al agradecer el homenaje, el galardonado enfatizó que entendía esta distinción no como un logro de carácter personal, sino como un reconocimiento explícito hacia la labor histórica de la prensa libre y su función social. Evocando las lecciones de su mentor Jaime Eyzaguirre, el homenajeado afirmó que «la tradición no es arqueología, sino transmisión de lo perdurable; no es nostalgia, sino dinamismo y esperanza». Bajo esa mirada, reafirmó que el periodismo no debe concebirse como un ejercicio meramente técnico o mercantil, sino como un valor público de alto ascendiente ético.
El periodismo no debe concebirse como un ejercicio meramente técnico o mercantil, sino como un valor público de alto ascendiente ético
El corazón doctrinario y más emotivo de la alocución de Zegers residió en su profunda caracterización de la vocación informativa. Lejos de reducir el oficio a un catálogo de técnicas procedimentales, a un puesto laboral rutinario o a un vehículo neutro de intermediación, el galardonado confesó que a lo largo de toda su existencia sintió el periodismo como una verdadera pulsión vital: una fuerza íntima, constante e irrenunciable que orienta de forma determinante la conducta y impele a examinar los acontecimientos con desvelo e integridad.
Esta noción de la «pulsión» desborda con creces la simple afición u inclinación profesional. Para Zegers, el periodismo, entendido desde esta perspectiva constituye un motor interno que no conoce de pausas ni de complacencias; representa una necesidad del espíritu por indagar la veracidad de los hechos, desenredar la complejidad de los procesos colectivos y dotar a la sociedad de una interpretación ponderada. Quien experimenta este llamado no considera la profesión como un medio instrumental para obtener figuración o réditos personales, sino como un modo entero de habitar la realidad, condicionado por un rigor analítico inquebrantable y un compromiso ético hacia los lectores.
Asimismo, advirtió que concebir la labor informativa desde esta pulsión interna resulta la salvaguarda más sólida frente a las severas tentaciones que acechan cotidianamente la profesión. En tiempos donde abunda la inmediatez efímera y el sensacionalismo mercantil, la pulsión periodística actúa como un faro ético que resguarda al comunicador frente al cinismo, la apatía o las presiones del poder político y corporativo. Solo cuando se reportea e interpreta bajo el estímulo de esa pulsión vocacional, la prensa logra mantener su independencia de criterio y su lealtad última con el bien común.
El diario como institución
Un eje medular del pensamiento del galardonado consiste en su original visión sobre los periódicos considerados como instituciones. El ex director de El Mercurio siempre ha considerado que la prensa escrita de referencia no puede reducirse a una mera empresa comercial, sino que se alza como una entidad tutelar y valórica fundamental para la salud republicana. Citando la tradición bicentenaria de su antigua casa editorial, Zegers se cuenta entre quienes aseveran que la misión del periódico radica en interpretar las aspiraciones legítimas de la sociedad civil y canalizarlas constructivamente sin imponer dogmas ni sucumbir a modas coyunturales.
Esta labor institucional enfrenta hoy una amenaza inédita derivada de la fuga de financiamiento hacia redes sociales centralizadas y la irrupción de lo que denomina una grave «anomia informativa». Mientras la prensa profesional pierde recursos esenciales para sostener el periodismo de investigación y verificación, los ciudadanos quedan expuestos al sesgo ideológico de algoritmos opacos y al uso distorsionado de la inteligencia artificial. Esta dinámica encierra a amplios sectores poblacionales en cámaras de eco que fragmentan el espacio público «en cien mundos pequeños, distantes de la realidad objetiva».
Para encarar esta fragmentación, propone un frente de acción coordinado: promover la alfabetización digital desde la infancia, respaldar alianzas internacionales de autorregulación y establecer marcos normativos equilibrados frente a las grandes plataformas monopolísticas. Asimismo, hace un llamado explícito a la empresa privada para que administre su avisaje comercial con responsabilidad ética, evitando financiar espacios que menoscaban la convivencia pacífica y el Estado de derecho.
Hispanidad y lengua común
Hacia el cierre de su intervención, Zegers vinculó, desde su experiencia vital y profesional, el ejercicio del periodismo riguroso con la pertenencia a la comunidad hispanohablante. Recordando reflexiones expresadas en su diálogo con nuestro periódico, hace tan solo algunas semanas, sostuvo que el idioma compartido por casi seiscientos millones de personas es el mayor activo de «poder blando» para los pueblos iberoamericanos en el escenario global.
En un mundo crecientemente polarizado, señaló, la preservación de la lengua común constituye el soporte indispensable para el intercambio intelectual, la cohesión comunitaria y el ejercicio del juicio crítico. Es en ese ámbito lingüístico compartido donde el periodismo concebido como pulsión y servicio público alcanza su máxima proyección, resguardando la verdad e iluminando el horizonte democrático del futuro.