Cada vidriera produce en el maestro una gran admiración, por su belleza y por su realización en el siglo XVI en hornos de leña, cuando era mucho más complejo que ahora controlar la temperatura, y con la dificultad de que ni siquiera existía papel de gran tamaño para dibujar los bocetos en tamaño real.
«Cuando perteneces a una ciudad, a una nación, tú tienes que saber qué hay detrás de ti para valorarlo y, sobre todo, para enterarte, para poder disfrutarlo y también para estar orgulloso de tu procedencia. Eso es el patriotismo. Lo demás, lo de la bandera y todo eso es una historia, es un símbolo, es un trapo… esta es la bandera. A los niños hay que enseñarles esto».