Grabado de Goya 'Y son fieras'
Las planchas metálicas con las que Goya realizaba sus grabados vuelven a mostrar su dibujo original
La Academia de Bellas Artes de Madrid ha quitado los recubrimientos que protegían 101 de las piezas por la corrosión que provocaban en placa original, lo que permitirá ver los trazos originales del pintor
Las copias, los grabados, las impresiones, las litografías... tienen algo en común: hubo un original a partir del cual salieron todos los demás. Algo que sucedió también con los grabados de Goya: en un inicio, el artista realizó los dibujos directamente sobre las planchas de cobre.
Ahora, las planchas metálicas que contienen estas imágenes han sido restauradas gracias a un proyecto de la Academia de Bellas Artes, lo que ha permitido que los dibujos originales salgan de nuevo a la luz. Hasta la restauración, las planchas de cobre permanecían recubiertas de acero, níquel y cromo para endurecerlas y prevenir los procesos corrosivos.
El departamento de restauración, con fondos de la Fundación Bancaja, ha comenzado un proceso de desacerado que ya ha restaurado 101 planchas de las 228 con las que cuenta la Academia. «Estamos ante Goya a cobre descubierto y podemos ver su batalla con el material», destacó el director de la Calcografía Nacional, Juan Bordes, en la presentación del proyecto.
Estamos ante Goya a cobre descubierto y podemos ver su batalla con el materialDirector de la Calcografía Nacional
El objetivo de los trabajos, que se iniciaron a principios de año, es detener lesiones que se han observado en los últimos años. Se trata de corrosión provocada por la formación del 'efecto pila' entre el cobre de la matriz y las capas metálicas superpuestas, lo que se produce de forma natural favorecido por la humedad ambiental. Tal y como ha explicado el museo, este efecto es más pronunciado en los acerados y niquelados, mientras que por el momento son más estables los recubrimientos de cromo. El 2 de enero de 2023 se iniciaron los procesos sobre la colección de 80 planchas calcográficas de Los Caprichos.
Previo a las intervenciones, las obras fueron analizadas por Laura Alba, restauradora del Museo Nacional del Prado, mediante un equipo de fluorescencia de RX, con el objetivo de determinar los elementos que componen las capas metálicas de los recubrimientos. El proceso inicial consistió en documentar los depósitos de las superficies mediante microscopio digital, generándose documentación gráfica en la que se observan los depósitos de tintas, barnices y capas de protección y focos de alteración de los metales, tanto de la plancha de cobre como de los diferentes recubrimientos.
Imagen de la exposición de grabados de Goya en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde se observa el proceso de restauración
Antes de iniciarse el proceso y una vez finalizado, las planchas son fotografiadas con un escáner aéreo de alta definición. Según el informe presentado por la restauradora Silvia Viana, el tratamiento de cada plancha tiene una duración diferente, pues depende del espesor de los recubrimientos y el desgaste de los mismos, ya que no son lineales, pues se observan densidades diferentes en la misma plancha.
Las matrices «originales» de Goya
En el conjunto de matrices de la colección conservada por la Calcografía, que reconstruye la historia del grabado español, destacan las 228 planchas grabadas por Francisco de Goya, que se han incorporado a la institución en diferentes etapas. Las primeras fueron compradas directamente a Goya en la última década del siglo XVIII, y son las trece láminas de las Pinturas de Velázquez, junto con las matrices del Agarrotado y San Francisco de Paula. Años más tarde, en 1803, ingresaron por Real Orden, los ochenta cobres de la serie los Caprichos, cedidos por Goya al Monarca a cambio de una pensión a favor de su hijo.
Goya dibujó por lo menos 23 obras de Velázquez. Las copió para convertirlas en grabados y darlas a conocer
Las siguientes series llegaron a la Calcografía bastantes años después, ya que no fue hasta 1862 cuando la Academia adquirió las ochenta láminas de los Desastres de la guerra –cuatro de ellas grabadas al dorso de dos paisajes– y dieciocho de los Disparates, que habían quedado en la Quinta del Sordo a la salida de Goya hacia Francia.
La serie de los Desastres se completó con la donación de Paul Lefort a la Academia, en 1870, de las láminas 81 y 82 de esta serie. Más tardía fue la incorporación a los fondos de la Calcografía de las treinta y tres láminas de la Tauromaquia, siete de ellas grabadas también en anverso y reverso. Los cobres fueron adquiridos en 1920 por el Círculo de Bellas Artes, quien los depositó en la Calcografía Nacional en 1936, y que fueron comprados definitivamente por la Academia en 1979.