24 de septiembre de 2022

Detalle de portada. «Entre los bastidores de las aventuras de Tintín» de Benoît Peeters

Detalle de portada. «Entre los bastidores de las aventuras de Tintín» de Benoît Peeters

Ensayo / Literatura

Tintín no es para tontos

El escritor Benoît Peeters presenta algunas claves para acercarse a la obra del genial Hergé

Detalle de portada. «Entre los bastidores de las aventuras de Tintín» de Benoît Peeters

LARRAD EDICIONES / 89 PÁGS.

Entre los bastidores de las aventuras de Tintín

Benoît Peeters

En las primeras páginas de este libro, los editores nos cuentan que el texto forma parte de un ciclo de conferencias infantiles organizadas por Gilbert Tsaï e inspiradas en un ciclo radiofónico de los años 30 que concibió Walter Benjamin. Tenían como objetivo «alumbrar y despertar». Y claro, uno se echa a temblar porque desgraciadamente suele ocurrir que lo que se organiza para «un público infantil» acaba en una demostración de diminutivos, edulcoraciones, y falsedades, que toman por tontos a ese mismo público, que precisamente de eso no tienen nada.
Aún más precauciones le asaltan a uno si encima el tema a tratar es Tintín, la obra de Hergé, cuya nota más característica (y ahí está el éxito que tiene generación tras generación) está en que es entretenido, no en ser adecuado o no para el público infantil. De hecho, la revista Tintín indicaba en su portada que se dirigía a lectores de 7 a 77 años, en una genial forma de eludir esa práctica de clasificar libros según grupos de edad y que, como diría C. S. Lewis, es un método que sólo «permite ordenar de algún modo el material para uso de maestros y bibliotecarios y para la publicidad de las editoriales. Y ni siquiera para eso es apropiado».
Pues bien, les debo confesar que Peeters, novelista francés con bastante obra teórica sobre Hergé, sale airoso, con alguna pega, y presenta así un buen pórtico de entrada para neófitos de la tintinofilia. Perfectamente se puede poner en el anaquel junto a los imprescindibles Conversaciones con Hergé de Numa Sadoul, Abecedario de Tintín: anatomía de un personaje universal de Joan Manuel Soldevilla, y Tintín-Hergé de Fernando Castillo.
Entre esas pegas, además de una concesión aislada al mal llamado lenguaje inclusivo con un «aquellos y aquellas que lo hayan leído» que no viene a cuento, se encuentra como siempre la teoría de que el primer álbum de Tintín (En el país de los soviets), tenga este tema y sea prácticamente propaganda, porque según el autor Le Petit Vingtième, revista dónde aparece por primera vez Tintín, era «un periódico muy católico y muy de derechas».
Esta brocha gorda de Peeters, por suerte, no la vemos en todo el libro. Incluso apenas dos párrafos después cuenta que el álbum en cuestión «contiene aspectos políticos, algunos de los cuales aún siguen siendo de actualidad, por desgracia».
Al contrario, a partir de aquí el libro tiene algunos destellos. Sobre todo, la delicadeza con la que cuenta tres aspectos de la vida personal de Hergé: su emocionante amistad con Tchang Tchong-jen (que inspiró a Chang en El loto azul y Tintín en el Tíbet), la acusación de colaboracionista, su separación de Germaine, y la depresión que sufrió.

Peeters sale airoso, con alguna pega, y presenta así un buen pórtico de entrada para neófitos de la tintinofilia.

Es especialmente brillante (y no, no trata de tontos a ese público infantil al que va dirigido) al analizar algunos de los álbumes cuando se detiene en algunas claves como el humor, el uso inteligente de las elipsis, y esa jugada tan genial de tomar a Tintín como un personaje real (acudieron cientos de niños a la estación Gare du Nord en Bruselas a recibirle en una ocasión) o hacer lo contrario con Hergé (apareció en la portada de una de las revistas Tintín: «Amigos míos: hemos encontrado a Hergé; por fin podremos saber qué pasará en Tintín en el país del oro negro»).
Por último, incluye un extenso coloquio en formato pregunta y respuesta que completa muy bien el libro, y que termina con una buena pregunta: «¿por qué Tintín se llama Tintín?» A la que, por cierto, no da una respuesta clara (a Hergé se le ocurrió en cinco minutos), pero que da pie a una de las descripciones más felices que hace Peeters sobre Tintín: «es alguien que tendría toda la libertad y toda la poesía de un niño combinadas con todas las competencias de un adulto».
Estamos, entonces, ante un digno pórtico de entrada para uno de los cómics más importantes del siglo XX (mal que les pese a los vigilantes de lo políticamente correcto).
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