Cubierta de 'Muerte en Cornualles'
‘Muerte en Cornualles’: Best seller de espionaje y arte para espíritus refinados
Daniel Silva demuestra cómo originalidad, personajes cautivadores, trama bordada y ventas corren juntas a lo grande
Muchos consideran el best seller como lectura de evasión para lectores poco exigentes. No saben lo que se pierden ante escritores como el norteamericano Daniel Silva, maestro por sus novelas de espionaje, suspense e intriga internacional.

Traducción de Victoria Horrillo Ledesma. HarperCollins (2025). 400 Páginas
Muerte en Cornualles
Con Muerte en Cornualles la editorial HarperCollins presenta un nuevo caso de Gabriel Allon, restaurador especializado en maestros antiguos, quien navega entre el arte más refinado y los servicios secretos. Dos mundos unidos por el poder político, el crimen y las élites financieras.
Comenzar a leer esta novela es trasladarse a un pueblecito costero en Cornualles, un condado del extremo sudoeste de Inglaterra, donde descubrirá a un asesino en serie que mata con un hacha, vamos: un ratero con olor a Puerto Hurraco.
Usted se deja llevar por la narración trepidante y descubre que la última víctima es una profesora de arte de Oxford, experta mundial en Picasso. Algo no cuadra al investigador local y aquí entra en acción Gabriel Allon, quien nos llevará a la búsqueda de un cuadro de Picasso desaparecido en la Segunda Guerra Mundial. El asesinato ya está conectado con el arte expoliado por los nazis. Gabriel Allon nos traslada a Venecia, a Londres y a París más sofisticados. La investigación avanza y, de repente, choca contra el Puerto Franco de Ginebra.
Cualquier amante del arte hace aquí una parada forzosa, ya que el puerto franco de Ginebra esconde la mayor colección de arte de todo el planeta. Se calcula que almacena más de un millón y medio de obras, muchas de ellas obras maestras que han estado ocultas a la mirada del público desde hace mucho tiempo.
Gabriel Allon nos desvela cómo funciona el gran mercado internacional del arte, para continuar la investigación a través de Córcega y Montecarlo; pero usted me va a permitir que no desvele ninguna otra información, porque Gabriel Allon nos sumerge en una conspiración política y financiera internacional, que se desenlaza a las puertas de Downing Street.
A cambio de mi silencio sobre el final, permítame contarle algo más sobre el protagonista. Gabriel Allon es un Cary Grant contemporáneo en la caracterización y, en su personalidad, un hombre de honor y lealtad, sensibilidad y acción; un guerrero poeta contemporáneo que, en cualquier situación, mantiene la elegancia de las formas. Lo que en el mundo del Derecho se denomina la elegantia iuris.
Y algo que sorprende por lo atípico y novedoso: no es un investigador solitario y cínico con problemas de alcoholismo, adicciones o perversiones ocultas, ni divorcios trágicos; todo lo contrario, Gabriel Allon está felizmente casado, adora a su esposa y a sus dos hijos, y disfruta de la buena mesa con moderación estoica.
Gabriel Allon no tiene monólogos internos que narren remordimientos ni justifiquen comportamientos deleznables por haber sufrido una infancia terrible o carencias afectivas. Nada de eso. Él es un héroe actual y moderno. Una referencia de comportamiento.
El personaje funciona tan bien que es imposible no preguntarse dónde está escrito que un protagonista tenga obligatoriamente un lado oscuro. Los amantes del noir escandinavo argumentarán que no es un personaje multidimensional y resulta plano.
Cautivadores, a su vez, resultan los personajes que acompañan en su investigación a Gabriel Allon: su esposa Chiara, Ingrid, la hacker con problemas serios de cleptomanía, Christopher, el exmilitar británico del Special Air Service, Sarah Bancroft, la galerista… Todos ellos, piezas fundamentales para descubrir una intrincada red de corrupción, con enemigos tan inteligentes como poderosos.
Y esto es lo que termina de cautivar en Gabriel Allon: ninguno de sus enemigos justifica el Mal. Para nueva decepción de los amantes del noir escandinavo, aquí no hay entre los malvados alguno que sea un peligro público a la manera de un Ernesto de Hannover, quemando la noche como si no hubiera un tomorrow.
Lo que sí hay son malvados fríos y discretos, donde las reglas de la etiqueta se convierten en máscaras que impiden ver su deseo de poder y una codicia insaciable.
Muerte en Cornualles es la antítesis del noir escandinavo; es la cartografía de un mundo tan oculto como real, como es el del poder, las finanzas y las altas esferas sociales. Y lo mejor de todo: nos presenta dilemas morales profundos para extraer de ellos lecciones sobre la naturaleza humana.
No recuerdo haber interrumpido tantas veces la lectura para documentarme sobre el universo de sensibilidad y sofisticación alrededor de Gabriel Allon: varias recetas de cocina, un álbum de clásicos por Keith Jarrett, el jazz escandinavo de Tord Gustavsen, Marcin Wasilewski o el catálogo de ECM Records.
Disfrute de la lectura, mientras yo, por imitación a Gabriel Allon, me preparo un martini Belvedere tan seco como el Sahara y con tres aceitunas.