Atentado de la mafia que acabó con la vida del juez Falcone
'Quien tiene miedo muere a diario': la década peligrosa del juez Falcone
Gatopardo edita las memorias del fiscal Giuseppe Ayala, colaborador y amigo de Falcone en la lucha antimafia
En noviembre del año pasado, Anagrama publicó en España la excelente novela documental Los valientes están solos, la reconstrucción de Roberto Saviano de los años del pool antimafia liderado por el juez Falcone y la muerte de este inolvidable personaje en el espectacular atentado de Capaci de 1992.
El título de aquel libro remitía a unas palabras premonitorias del general Alberto Della Chiesa –asesinado en 1982–, adaptadas luego por Falcone en Cosas de la Cosa Nostra. Dijo Della Chiesa: «La mafia mata cuando se produce una especie de combinación fatal: te has vuelto peligroso pero estás aislado». El general, prefecto de Palermo y encargado de pacificar las guerras mafiosas, estaba solo en 1982, como diez años después lo estarían Falcone y su colaborador Paolo Borsellino. Giuseppe Ayala, amigo íntimo y también miembro de aquel equipo de la Magistratura que puso en un brete a la mafia, se salvó, confiesa, porque entendieron que ya no era peligroso. Quedo vivo para contarlo, como Ismael.

Gatopardo. 267 páginas
Quien tiene miedo muere a diario
Las memorias del juez Ayala (Quien tiene miedo muere a diario) cubren prácticamente esa década prodigiosa en la que el Estado, en la figura de un puñado de servidores públicos, plantó cara a los malos para luego dejarlo correr y colocar al pie de los caballos a Falcone. El título parte de unas declaraciones de Paolo Borsellino antes de su muerte, que recuerdan al Julio César de Shakespeare: «Es bonito morir por aquello en lo que crees. Quien tiene miedo muere a diario, quien no tiene miedo solo muere una vez».
Conviene decir que este libro, rescatado por Gatopardo Ediciones, se publicó originalmente en 2008. De hecho, quien haya leído la reciente obra de Saviano encontrará cierto paralelismo y el innegable apoyo documental del napolitano en estas memorias del magistrado siciliano. Son dos libros que se complementan perfectamente, ambos irrenunciables para quienes, como yo, sienten una predilección por esta materia.
El volumen arranca, con instinto periodístico, con las muertes concatenadas –mayo y julio de 1992– de Falcone y Borsellino, para pasar inmediatamente al inicio de los año 80. Ayala, joven prometedor de un antiguo linaje siciliano, se incorpora a la Fiscalía de Palermo: «Tenía veintiocho años y muchas ganas de tomar partido. Me parecía que el bando correcto era el de la Sicilia que luchaba contra la mafia, y no el de esa otra que la toleraba». En Palermo despuntaba ya Falcone, un instructor insobornable.
Las de Ayala, trufadas de buen humor pese a estar salpicada de masacres, son las memorias del pool antimafia, el equipo de jueces conformado por Rocco Chinicci –también asesinado– y Antonio Caponnetto que puso contra las cuerdas a Cosa Nostra. Y no solo eso, sino que por primera vez accedió a su mecanismo y sus códigos. Antes de Falcone, ni siquiera se sabía que los mafiosos se hacían llamar Cosa Nostra.
A Ayala le tocó en suerte un papel protagonista en el maxiproceso contra más de 300 mafiosos que se hizo posible después de que el pentito Tomasso Buscetta cantara de lo lindo. Tras un juicio mastodóntico, como no se ha visto igual, Ayala, representante de la Fiscalía, se `anotó' 19 cadenas perpetuas y miles de años de cárcel para cientos de mafiosos. Aquello resonó en todo el mundo. Pero duró poco. La sagacidad de Cosa Nostra y sus tentáculos en el seno del Estado hicieron que en los siguientes años se desmontara el pool antimafia y Falcone y Borsellino quedaran, como Della Chiesa, aislados. Ambos sabían lo que les esperaba.
Más allá de la reconstrucción de aquellos años por parte de un testigo y actor privilegiado, Ayala reflexiona en estas memorias sobre el ser siciliano, en línea con un Lampedusa o un Sciascia y ofrece un impagable retrato de la Justicia y los mecanismos del poder que valen para todo tiempo y lugar. Pero por encima de todo, Quien tiene miedo muere a diario es la crónica de una amistad a tumba abierta, «una gran amistad nacida por azar y vivida entre dramas y sucesos», rodeados de escoltas y desaparecidos del mundo mientras bregaban contra la mafia. La amistad, claro está de Falcone con Ayala, y de ambos con Borsellino.
La viuda de Borsellino reflejó en una entrevista hasta qué punto la asociación de estos hombres iba más allá del plano profesional: «Paolo empezó a morir cuando murió Giovanni (Falcone), como dos canarios que difícilmente sobreviven mucho tiempo a la muerte de otro». Los unía, como a los postulantes de la mafia, lazos de sangre.